por Pedro Sotos Gabaldón
Este barrio estaba vigilado por la casa del Palomar, que hacía de guarda y custodia de los juegos que allí se realizaban; por consiguiente, por ese motivo y razón, le llamaban "el barrio del Palomar." En los años cuarenta y cincuenta, el vecindario se reunían en este rincón, que era muy soleado y al mismo tiempo abrigado del cierzo. Era muy renombrado y popular ya que estaba muy iluminado. Los domingos y días de fiesta eran de guardar, ya que el sábado nos comunicaba el pregonero, por medio de un bando del Señor Alcalde, que quedaba prohibido salir a trabajar al campo bajo multa para aquel que no lo respetara. Junto con los temporales de lluvias, la gente no podía salir al campo a realizar sus trabajos y aprovechaban para reunirse, no solo los del vecindario, sino también de otros barrios, como eran: el del Santo Sepulcro, el barrio del Aragón o el de la Plaza. Esta barriada tenía mucha vida y animación de tanta gente que se reunía en ella ya que por ser un sitio muy radiante y poderse "coger el solsticio" al mismo tiempo, aprovechaban al estar al abrigo del céfiro, haciendo de mentidero de la villa.




















