La palabra "ALBAÑIL" en el habla de Las Pedroñeras | Las Pedroñeras

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viernes, 12 de junio de 2026

La palabra "ALBAÑIL" en el habla de Las Pedroñeras

 


ÁCS


La foto, cedida por Isabel Jiménez Redondo, muestra una obra en la antigua posada llamada del "Garrotero", llamada así por el apodo su dueño en su última época, Félix Redondo. Y la pongo porque aparecen albañiles de la cuadrilla de Deogracias (junto a Manolo "el Retratista" y otros miembros de su familia). Nuestra intención es, no obstante, dar cuenta de determinadas expresiones dialectales pedroñeras (al menos; habría que investigar por la comarca) que se utilizan o han utilizado en el pueblo con la palabra albañil u otras relacionadas con la albañilería. No nos referiremos al vocabulario dialectal empleado aquí sobre este trabajo, vocablos que recogimos en su día en el libro (agotado) El habla de Las Pedroñeras. Sirva el artículo, también, para homenajear a las distintas cuadrillas de albañiles que han puesto su imprescindible buen hacer al servicio de nuestro pueblo desde su existencia.

*La foto de arriba está extraída de mi libro Guía secreta de Las Pedroñeras (tomo 1, 2018).


LA PALABRA ALBAÑIL EN EL HABLA PEDROÑERA


Decíamos arbañil

Lo primero que hay que indicar sobre esta palabra es que no existía. Me explico: Lo común no era decir albañil, sino arbañil, con erre. La palabra albañil procede de albaní, y esta, a la vez, del árabe al-bannā’ ‘el albañil’). Es el caso que también existe la voz antigua en nuestro idioma de albañir, y es posible que de aquí provenga, por metátesis de los sonidos [r] y [l], la manera de pronunciarse en Pedroñeras, aunque no es descartable que esa ele mudase en erre por confusión fónica habitual pues ambos sonidos son líquidos, como es sabido, y su uso se extendiese. La antigua palabra albañir ya se registra en Nebrija y en otros lexicógrafos de nuestros Siglos de Oro como del Rosal o Covarrubias, en cuyo Tesoro de la lengua consta la palabra como lema.

ALBAÑIR. Oficial que haze obra de yessería, con tabiques y atajos, a diferencia del cantero, que este gasta piedra y cal, el albañir yesso y ladrillo o yessones y adobes. Dize Urrea ser nombre arábigo, corrompido del bunyani, el bennay, del verbo benge, que vale edificar; y según esto su origen es hebrea, del verbo (...) bana, aedificare, y de allí banir y albañir; si no es que se dixo assí porque blanquea con el yesso.


Hoy en día, el vocablo arbañil puede considerarse un vulgarismo, o un vulgarismo dialectal, que, en todo caso, está registrado en nuestra zona por Calero López de Ayala en el habla de la Mancha conquense, pero también por Cócera en el pueblo de Cardenete (Cuenca) o Tirado en Pedro Muñoz (Ciudad Real). Más allá del ámbito comarcal, la palabra arbañil está recogida por Andolz en el habla aragonesa y por Mott en Gistaín (Huesca), por lo que cabe inferir que, quizá, viniese de Aragón hasta instalarse y triunfar en nuestra localidad (hablamos de épocas medievales o adyacentes). En fin, son datos tomados, como el resto, del libro El habla de Las Pedroñeras (agotado). Si se repara en el habla de los mayores, algunos aún mantienen este vulgarismo dialectal que, en cualquier caso, pronto pasará a mejor vida. D. E. P.


Expresiones, dichos, cuentos

Como veremos en otra entrada que dedicaremos a los albañiles en nuestro cancionero popular pedroñero, ya veréis que, en líneas generales, se les ha tratado bastante mal, despectivamente, siendo en ocasiones que se repiten motivo de mofa, inmerecidamente, claro, pero los dicterios tópicos actúan y se perpetúan de esta manera (cobra mala fama y échate a morir, dicen). Al mal albañil, por cierto, en nuestro pueblo, se le ha llamado con frecuencia estrozaguiesos o estrozabarros. No sé si uno de estos no sería el tío Gorullo, al que se le achacan algunas anécdotas. Os cuento:

Existe una expresión pedroñera que se refiere a la medida del tío Gorullo. Este Gorullo ha de importarnos poco quién fuera pues no se trata aquí de mentar particularmente a nadie ni, por descontado, hablar mal de un paisano. Pero la expresión quedó lexicalizada en nuestro pueblo para referirnos a algo que se hace de una manera poco precisa. Y es que de este albañil se contaba que tomaba las medidas con las manos y se desplazaba con ellas abiertas para aplicar esta medida a lo que fuese: "Quiero que me des un trozo de cuerda así de largo" o "Un tanto así le tenéis que dar a la paré de anchura". En fin, que esa medida no era del todo exacta pues, en el viaje, las manos podían moverse a un lado u otro aunque solo fuese por centímetros. Se cuenta también de él (aunque parezca exagerado y seguro que falso o inexacto) que, en cierta ocasión, hizo una gorrinera, dentro de la cual se quedó encerrado porque se le olvidó hacer la puerta. La anécdota, se ha contado como chascarrillo, sea o no cierta, en nuestro pueblo.

También han tenido fama (o mala fama) de cobrar en exceso. De ahí que se haya dicho que quien hace obra o está loco o el dinero le sobra. Más aún, al que habla solo se le pregunta si es que tiene albañiles, pues es habitual que quien habla solo en voz alta esté preocupado por algo, de modo que tiende a exteriorizar sus pensamientos hablando para nadie (una especie de locura transitoria). Como se entiende que los albañiles cobran mucho por su trabajo y te dejan mermada la hacienda, ¿qué mejor causa para hablar solo al haber sido informado de lo que tienes que pagarles?

Loco debía de estar también uno si hacía obra por tiempo de Navidad, con el invierno encima. Se decía: Quien obra en Navidá o es mucho el dinero o la nesecidá. Y es que en esta época las jornadas son más cortas y, en consecuencia, el productividad es menor, mientras que el jornal lo cobran igualmente sin bajar un rial. También estaba claro que con el frío (cuando uno no puede hacer ni el güevecete) los albañiles rendían menos, como cosa natural.

Y pese a esto, pocos querían ser albañiles por el duro trabajo que conllevaba. Si hasta se decía en el pueblo: la maldición del gitano: peón de albañil te veas, que daba cuenta de lo trabajoso de este oficio.

Pero nada, si se repetía una cuestión desfavorable o enojosa, se utilizaba la expresión estar otra vez de albañiles, por ese mismo motivo de que suponen un gran desembolso de dinero para quien los contrata. Que no me extrañaría que algún albañil alguna vez replicase "pos métete a albañil" como cuando nos dicen a los maestros que vivimos muy bien. ¡Ay, qué pocos hijos de maestros terminan siendo maestros! (aunque alguno cae en la tentación, también os lo digo).

Asimismo, se empleaba otra que poco tiene que ver con lo anterior, pues hacía referencia a los trabajos u oficios ideales: albañil por abajo y pocero por arriba.

Fama tenían también los albañiles de ingerir mucha agua (sería por lo de trabajar al sol y sudar en demasía). A alguien que bebe agua en tal cantidad hasta el punto de llamar la atención se le espeta: Paece que has comío albañiles.


Y hasta ahí puedo leer, como decía Mayra Gómez Kemp en el añorado programa Un, dos tres... responda otra vez. Si alguien piensa que nos hemos dejado expresiones de nuestro Lugar en las que se utilice la palabra albañil (o arbañil, perdón), puede dejarnos un comentario. Yo por mi parte prometo dejaros otros productos albañileriles procedentes de nuestro cancionero popular y nuestro folclore infantil pedroñeros.

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