Por Vicente Sotos Parra
Bueno, esta historieta va de eso de la edad en la que consideramos llamar a hijos, nietos, chiquetees. Cada cual tiene una vara de medir y, por supuesto todas las formas son buenas.
Ángel Carrasco Sotos
Por Vicente Sotos Parra
Bueno, esta historieta va de eso de la edad en la que consideramos llamar a hijos, nietos, chiquetees. Cada cual tiene una vara de medir y, por supuesto todas las formas son buenas.
Hijo y nieto de veterinario, Bautista Pozo Fernández, más conocido como "Tistín" (de Bautistín) ejerció su profesión como médico en la misma casa que lo habían hecho sus antepasados, en la calle que antes fue Portilla y, posteriormente, Virginia González. Su casa, que es la que veis en la imagen, hacía esquina con la calle Rafael Pozo, nombre de su padre y abuelo (calle antes denominada Pradillo). Comenzó en el pueblo en los años 60 hasta su jubilación. Se le recuerda siempre con un puro en la boca.
El otro día falleció Luis Pacheco Iniesta. En 1989 ambos participamos en el concurso periodístico que por aquel entonces se hacía para promover el ajo y Las Pedroñeras en los medios de comunicación. El fallo fue contrario a nuestros intereses personales (se presentaron otros pedroñeros y hubo otros participantes foráneos). Como homenaje, quisiera compartir con vosotros el artículo que el bueno de Luis presentó a El Día de Cuenca sobre Pedroñeras y sus ajos. D. E. P.
Ya os prometimos que Augusto Mesas García nos dejaría unas cuantas anécdotas pedroñeras que habrían de figurar en ese libro no escrito que, a la fuerza, habría que titular Anecdotario pedroñero. Otras llegarán, para unirse a la pareja que ya tenemos publicada con esta misma. Versa la presente sobre la figura de la hermana Caridad Parra y, en concreto, se centra nuestro carismático informante en el enfrentamiento que esta conocida pedroñera tuvo con un guardiacivil que dejó huella en el pueblo, el Andaluz, de infelice memoria. Quizá haya alguna información matizable, pero importa la anécdota y esa chispa con la que es contada por Augusto. Sin querer adelantar nada más, allá va para vuestro disfrute.
[La imagen que encabeza el artículo es de la calle Montoya. En la casa con la fachada porticada en piedra que veis a la derecha estuvo el cuartel de la Guardia Civil de aquellos años de posguerra].
El 26 de noviembre de 1997, aparecía publicado este artículo mío en La Gaceta Rural (Año LIII - nº 2687, página 18, sección Informaciones: Tradiciones y Leyendas del Campo Español), por mediación y gentileza de nuestra paisana periodista Pilar Galindo. Su título -ya veis- "El ajo en el refranero". No era sino una reescritura de otro con título similar que publiqué en la Revista del soldado, en la Base Aérea de Getafe, unos años antes en mi época de mili (a mi compañero del Lugar, también soldado, Azaña, recuerdo que le hizo especial ilusión ver que publicaba algo de Las Pedroñeras en esa revistilla castrense). En fin, como conoceréis, en ese libro que dediqué al ajo pedroñero, que todo lugarero ha de tener en casa (y, si no, ya tardáis en adquirirlo), amplié sobremanera esta cuestión, donde localicé y comenté más de 250 refranes y frases hechas sobre el ajo esparcidos por la historia de nuestra literatura y paremiología.

En el vídeo de la publicación anterior, os dejábamos las tomas de unos zorzales recién nacidos. Un vídeo -todo hay que decirlo- muy bien montado por Fabián Castillo Molina (siempre en la brecha), al que debemos estas imágenes. Los polluelos han seguido creciendo y aquí ya tienen tres días. La madre vuelve a traerles el alimento que necesitan introduciéndolo ella misma en las bocas abiertas de sus cuatro hijitos que, de momento, no conocen otro modo de vida que el de sestear y deglutir los alimentos. Dormir y comer, sin que en ningún momento piensen en dejar el hogar dulce hogar de su calentito y mullido nido, donde están tan a gustito. Del padre nada sabemos. Os dejamos el entrañable vídeo y unas imágenes que hemos recortado del mismo. Disfrutadlos.
Por Vicente Sotos Parra
No es por nada, pero a cualquiera que se le preguntara en el lugar por el hermano Juanantes, apuesto que todo el mundo lo conocía a este sabio. Muchos lo recuerdan con aplomo, calmoso, que siempre ayudó a todo el mundo, dando consejos constituyendo el modelo de varón manchego cumpliendo su palabra, ajeno a influencias perturbadoras. No me negaréis que en los tiempos que corren no es para recurrir a sus enseñanzas con aquellos cuentos que contaba el fresco.
Hemos hablado por este blog de los vértices geodésicos pedroñeras del depósito del agua (aquí), del chozo Pájara (aquí), del situado en Virgencico (aquí) y del más al sur en lo alto del cerro Sancho (aquí). Cerramos hoy la lista con este situado en el cerro La Mira llamado por el IGN "Corrales Valeros", nombre que uno no sabe de dónde procede pues no se conocen corrales algunos de la familia de los Valeros en este paraje. También nos tenemos que olvidar del camino que, según el IGN, hay que tomar para llegar ahí. Existen dos maneras de llegar desde nuestro pueblo. La primera es coger el camino (carreterín) de Belmonte y desviarnos de él por un camino que sale a la derecha pasadas las Canteras, a la altura de la choza de los Vitorios. Si seguimos por ese carril hallaremos el vértice a mano izquierda junto al camino. La otra posibilidad es tomar el carril de los Olivares, pero, puesto que se corta al llegar a la autopista, casi que mejor la primera opción.
Vistos los vértices de nuestro depósito del agua (aquí), del cerro Perdigón (aquí) y del Virgencico (aquí), os traigo otro de los que uno puede visitar (y digo visitas, no destrozar, que está penado por ley) en nuestro término municipal de Las Pedroñeras, nuestro Lugar. Para acceder a él solamente hay que tomar el camino de la Hoya Arenosa, que sale desde la cuesta los Palos, el camino paralelo a la carretera general yendo para El Provencio (como enfrente de la antigua discoteca de Julfa). No hay que dejarlo bajo ningún concepto, pues van a salir de él otros caminos que pueden confundirnos. Otra manera sería coger la carretera general, desviarnos desde ella por la vereda (hacia la derecha) y tomar el segundo camino que nos sale a la izquierda (el primero lleva a La Margarita), que no es otro que el menciona da de la Hoya Arenosa. El vértice lo divisaréis a la derecha de tal camino, antes de llegar al monte Jareño o La Camarilla. Otra opción es desviarnos de la carretera a la altura del carril de los Aceiteros, a la derecha, que nos lleva también a la zona en donde está situado. Al gusto.
ÁCS
Si uno coge el camino del Castillo y se desvía de él en el lugar preciso para tomar la senda las Vacas, comprobará que el camino se hace muy cuesta arriba: significa que el viajero está subiendo el cerro Perdigón. Una vez uno está en lo alto, verá, a la izquierda de esta senda, los restos del llamado chozo Pájara. En las inmediaciones de este chozo, derrotado y abandonado, se encuentra este otro vértice geodésico de nuestro término (por aquí el anterior del depósito del agua), que uno puede visitar, al mismo tiempo que recibe en el rostro un poco del airecillo que por allí corre y, a la par, conoce mejor nuestro término municipal y disfruta de sus impares y variopintos paisajes.