Corría, o volaba, el año 1989, era verano, yo había terminado mi segundo curso de carrera y llevaba un año justo con mi novia. En fin, datos que a vosotros supongo que ni fu ni fa. Se me ocurrió entonces (no recuerdo exactamente las circunstancias) presentarme al concurso periodístico que desde hacía años se celebraba en nuestra localidad con motivo de la celebración de nuestras fiestas locales, unida, entonces, a la del ajo. No recuerdo las bases, pero, evidentemente, el tema central debía girar en torno al ajo pedroñero y, más allá de la calidad del escrito, también primaba la promoción. El caso es que escribí el artículo, se lo llevé a Antonio Hergueta, que era el reportero pedroñero por aquel entonces en El día de Cuenca, y se publicó. Antonio, que había recibido otros, y me veía ganador del concurso, me dijo un día (según recuerdo), imagino que por decir algo, que ya podía ir pensando en invitarlo. Dado el optimismo de Antonio, yo ya me veía laureado por el premio. En fin, el fallo del jurado (no me preguntéis por quiénes estaba formado) otorgó el deseado galardón al escritor Carlos Murciano, con más renombre que el resto de los que nos presentamos (más aún los del Lugar) y, además, lo había publicado en tres medios distintos, aparte de que las tablas de Murciano escribiendo superaba a las de los autores locales. Cada uno juzgará el mérito de cada artículo de los que iré dando cuenta en este blog.
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