A los pies de Pedroñeras
por Fabián Castillo Molina
Aquel día de junio de 2015 había amanecido en Las Pedroñeras tan agobiantemente caluroso como los anteriores y siguientes. Por ser festivo se levantaron un poco más tarde la mayoría de los más de catorce mil pies, que todos los días se ponían en marcha temprano sin que nadie les dijera una palabra, ni les diera una orden. Nacían todos los pies hermanos gemelos, pero nunca trillizos ni cuatrillizos y si alguna vez ocurrió en la historia fue silenciado o en su caso considerado una anomalía monstruosa. Por lo general no tenían nombre propio los pies, todos se llamaban igual: pie derecho y pie izquierdo, añadiendo también para identificarlos el nombre de la persona a la que prestaban sus servicios y así se entendían.






