Una mujer de su tiempo
por Enrique Guijarro
Cuando reparé en aquella fotografía, ajada por el paso del tiempo, nunca pude imaginar la cantidad de recuerdos, vivencias e incluso sensaciones físicas que me iba a producir. Una mirada de mujer inundaba todo el espacio. Hermosa. Unos ojos grandes y luminosos anunciaban una inteligencia poco común, esclarecida y limpia. El óvalo de la cara, solo interrumpido por un mínimo sombrero que se compró para amadrinar una boda por poderes, denotaba serenidad, en un marco de formas que evocaban una belleza renacentista. Pero, toda esa serenidad escondía, era evidente, un sobresalto nunca confesado.


