por Vicente Sotos
II PARTE DE DON AJETE MORADO
Corrían los años cincuenta y en el lugar, de Párroco ejercía don Modesto. Era un hombre de una gran humanidad y corpulencia, de anchas espaldas y andar lento y pausado hablar. Dedicándose de entero a sus feligreses de buena fe. Mientras, en Roma estaba el Papa era Pío XII, también hombre de gran humanidad y de presencia corpulenta. Siempre uno y otro al parecer bien alimentados por esos devotos y seguidores fieles.

