
Medialeche y nosotras dos
Verano de mis 14 años. Volvíamos Manuela y yo de segar, andando. Medialeche nos seguía y se ponía más serio cuanto nosotras más nos reíamos. Nos subimos un rato a su lomo a ver si se sentía importante y cambiaba el gesto. Era un burro ya muy viejo. Al rato resbaló en un charco de la reciente tormenta que nos cortó ese día la labor. Nos caímos las dos al suelo pero nos levantamos como un rayo. Cuando el tío Topete que nos seguía a media distancia nos alcanzó con su burra Castaña, nos espetó:


















