Anécdotas de Tomás Sotos Molina "Santano" (1): Cardos, macho, desafío y vendimia | Las Pedroñeras

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viernes, 5 de abril de 2019

Anécdotas de Tomás Sotos Molina "Santano" (1): Cardos, macho, desafío y vendimia

Tomás Sotos Molina "Santano"
(foto de posguerra).


Tomás Sotos Molina fue mi bisabuelo, padre de mi abuelo Julio Sotos Haro. Estuvo casado con Lucía Haro Mercadillo y fue hijo de Santano Sotos y Mª Cirila Molina. Son muchas las anécdotas que entorno a él se han contado en mi familia y mi tío Pedro se ha ocupado de recopilarlas a petición mía y escribir las palabras que por aquí abajo os dejo. De momento, van cuatro de estas anécdotas y en publicaciones posteriores iremos poniendo algunas más. Quizá la familia de los Santanos pedroñeros pueda aportarnos algunos datos más (por cierto, si no tenéis la foto, ya podéis descargarla; un buen recuerdo). Desde luego fue todo un personaje en su época que destacó sobre todo por su poderosa fuerza. Ya os digo que su bisnieto no se parece en nada a él.

por Pedro Sotos Gabaldón


ANÉCDOTAS DE TOMÁS SOTOS "SANTANO"
(PARTE PRIMERA)

LOS CARDOS

Tomás "Santano" en una ocasión, mandó a su hijo Julio Sotos a labrar en el paraje de Navaltocón, en donde habían comprado un terreno.

Cuando llegó su hijo Julio se encontró que el terreno estaba lleno de cardos, cardos de todas las especies, con una altura que sobrepasaba las rodillas, pero... las rodillas de las mulas. 

Esperó a que llegase su padre, pues le había dicho:
     
 -Vete delante, que ya voy yo.

Cuando su padre llegó y vio que lo estaba esperando, le echó una bronca de mil demonios. Julio se defendió diciéndole que las mulas no podían pasar con tanto cardo. Ante la contestación de su hijo, Tomás  "Santano" refunfuñando le dijo:
     
 -Echa detrás de mí. 

Se arremangó y empezó a coger cardos (hay que recordar que antes los guantes no se utilizaban), que, sin sentir dolor, se los iba metiendo debajo del sobaco. Y su hijo Julio, con las mulas, empezó a labrar detrás de él.

Y así fue cómo limpió toda la tierra. 


LABRAR CON EL MACHO 

Tomás Sotos "Santano" y su hermano José (no tuvo más el matrimonio de Santano y Cirila) tenían una parcela en la vega del Navazo (en El Taray), la cual labraban unciéndose uno de ellos con un macho al lado bajo el yugo, mientras el otro, tomaba la esteva; así, se relevaban constantemente.

La gente que por allí había los miraban con asombro y decían:

-¡Que bárbaros!

[Antonio de la Orden Sotos, uno de sus bisnietos, me asegura que en su casa siempre se contó de manera distinta: Quienes estaban arando eran su padre (Santano) y él. Una mula enfermó y la solución fue ponerse Tomás en el puesto de la mula al mismo tiempo que su padre guiaba el arado llevando la esteva].


DESAFIADO

Estando de boda y aprovechando la ocasión, uno de los allí presentes empezó a desafiar a Tomás Sotos "Santano", pero él rehusaba reñir con él. Sin embargo, tanto porfió que al final accedió con el fin, de que le dejase tranquilo.

Le decía:
             -Mira que te puedo hacer daaaaaño... piénsatelo. 

El otro, mientras se reía le contestaba: 

              -Tú lo que eres es un fanfarrón.
              -¡Bueno! Pues... tú lo has querido. 

Se cogieron para luchar (como si fueran unos luchadores de sumo) y Tomás lo agarró por la entrepierna con una mano y con la otra le cogió el cuello, levantándolo por encima de la cabeza diciéndole: 

- ¿Pa dónde quieres que te tire, p'alante o p'atrás?

Mientras, el otro parecía un pajarito revoloteando, moviendo las piernas y los brazos.

Todos lo que lo presenciaron se partieron de risa. Al rato lo bajó posándolo suavemente en el suelo.

Y así quedó la pelea o desafío. 


 LA VENDIMIA 

Estaban vendimiando en El Pozarrón los vendimiadores. Acabaron de vendimiar una viña y Tomás Sotos "Santano", los mandó a la pozata del Tío Jaro.

Cuando llegó Julio, su hijo (que venía de descargar en el pueblo), vio que los vendimiadores ya se habían ido y le preguntó a su padre:

-Y ahora, ¿cómo cargamos los dos solos los capachos?

A lo que Tomás respondió con tranquilidad:

-Pero ¿qué me estás contando? ¡Anda, súbete al carro!

Tomás empezó a coger los capachos que pesaban unos cien kilos, y los echaba de un abrazo al carro, como si de plumas estuvieran llenos.

(Continuará)

Y no te olvides de este
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