Tercera entrega de las anécdotas de Tomás Sotos Molina: A pata, boleo, barra y toro de la vereda | Las Pedroñeras

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domingo, 14 de abril de 2019

Tercera entrega de las anécdotas de Tomás Sotos Molina: A pata, boleo, barra y toro de la vereda


Y con esta última tanda de anécdotas (cuatro "hazañas" más os ponemos por aquí abajo, gracias a mi tío Pedro Sotos) terminamos este artículo sobre mi bisabuelo Tomás Sotos Molina, Santano, que nació allá por el año 1860 y murió algunos años después de la Guerra Civil, en los años 40. Aún recuerdan algunos cuando huía de sus perseguidores por los tejados en esta guerra incruenta llevando en la mano las tripas debido a unas hernias que tenía. Fue corredor, un vividor que supo hacer con estos negocios de mediador cierto capitalejo. También trabajó como guarda en las tierras de don Paco Molina, de quien al parecer era familia. Y fue -por recordar un momento histórico para nuestro pueblo- quien trajo a nuestro Lugar, en su carro (o galera), el arco de la ermita del Sepulcro desde la antigua iglesia de la Magdalena, ya en decadencia y decrépita, del antiguo pueblo de Robredillo de Záncara. Disfrutad con estas nuevas anécdotas (quizá alguna más pueda añadirse: insto a la familia a que no se calle ninguna, que a tiempo estamos). Sirvan como homenaje póstumo y sentido a Tomás Santano.


Por cierto, si te has perdido las publicaciones anteriores sobre él, solo tienes que pinchar en las palabra en azul:

Primera publicación

Segunda publicación


por Pedro Sotos Gabaldón


CARRETERA Y MANTA

Tomás Sotos "Santano" tenía que arreglar unos asuntos en Cuenca y, puesto que iba a todas partes andando, pues tampoco iba a cambiar de hábitos porque tuviese que ir a Cuenca. Preparó lo que necesitaba la noche anterior para salir temprano al día siguiente. Salió por el camino de La Veguilla para coger la carretera de la Alberca a la altura de la cueva de la Arena. Llegó a Cuenca y pudo solucionar sus asuntos en el mismo día (ya que, en aquellos tiempos, por las tardes las administraciones permanecían abiertas). Hizo noche y, acto seguido, decidió volver al pueblo llegando a media tarde. Fue toda una proeza, puesto que la distancia entre el pueblo y Cuenca es de algo más de 100 kilómetros, o sea, que anduvo alrededor de doscientos kilómetros. Ahí queda eso: tomen nota los andarines.

[También cuentan que en una ocasión fue también andando a Madrid solo por ver un mitin de José María Gil-Robles, que era un político al que admiraba].





EL BOLEO 

Los hermanos "Santanos", Andrés, Manuel y Julio fueron grandes boleadores. Un día se pusieron a discutir en casa sobre el boleo. Que si yo te gano a ti; que si tú no me ganas a mí... Total, que Tomás Sotos " Santano" (el padre) los contemplaba estupefacto y claro... estalló. Y les dijo: 

-¡Me parece que sois unos fanfarrones! El domingo os voy a probar a los tres, a ver lo que dais de sí.

Llegó el domingo, cogieron las bolas y se fueron al camino de Belmonte. 

-Primero tú -le dijo a Manuel-. 

Manuel lanza la bola y le sale un buen tiro. Entonces cogió Tomás "Santano" y lanzó su bola sobrepasándole varios metros. A la vuelta del recorrido le había cobrado tiro y medio (hay que recordar que una vuelta al recorrido era tres o cuatro tiradas de bola de ida y las mismas de vuelta hasta el punto de partida). 

-Julio, ahora te toca a ti. 

Ídem de lo mismo. 

-Ahora tú flamenco, que tan farruco te crees que eres (le dijo a Andrés). 

Y del mismo modo que a los otros dos, les avergonzó diciéndoles: 

-¿No os da vergüenza que os gane vuestro padre con cincuenta y tantos años? ¡Fanfarrones, que sois unos fanfarrones! 


TIRO A LA BARRA 

Del tiro a la barra no te quiero ni contar. No había en toda la comarca quien le tosiera. Se extendían los rumores de que en Pedroñeras había un tirador a la barra al que nadie había podido ganar. Los domingos, ante estos rumores, llegaban a Las Pedroñeras gente de otros pueblos: de Socuéllamos, de Villarrobledo, de Tomelloso... Por citar algunos, pero cierto es que venían de muchos lugares de la comarca. Se presentaban en el lugar de reunión y retaban a los tiradores del pueblo. Los del pueblo si no podían con ellos iban a buscar a Tomás Sotos "Santano". 

Cuando llegaba Tomás, este se situaba en la zona de tiro y lanzaba la reja o el barrón (según con lo que estuvieran lanzando) y les sacaba tres o cuatro rejas o barrones y se marchaba. Y así, los forasteros se quedaban asombrados comprobando que aquellos rumores eran ciertos. 


EL TORO DE LA VEREDA 

Hay que recordar que todos los años pasaba la trashumancia por la Vereda y en esta ocasión, en la encrucijada del camino de San Clemente con la Vereda, un toro se paró en un trigal. Los pastores no volvieron a por él (acto típico por entonces). Los pedroñeros que tenían que pasar por allí no se atrevían a hacerlo y se quejaron al Ayuntamiento. Se reunieron los guardas forestales para tomar una determinación al problema que tenían los vecinos de las tierras colindantes. 

Acordaron llevar un carro de lanzas, empujado por ellos mismos y al siguiente día cogieron las carabinas. Tomás Sotos "Santano" dijo: 

-Yo me llevo el hacha. 

Llegaron al trigal donde estaba el toro y para poder acercarse al toro Tomás Sotos "Santano" habló de nuevo: 

-Yo empujo el carro y vosotros os ponéis detrás de mí. Cuando estemos cerca, le disparáis.

Se aproximaron y empezaron a disparar, pero tan grande era el miedo que tenían que no eran capaces de darle al toro. (Amos queeee...) 

 Entonces, Tomás "Santano", harto, les dijo: 

-¡Dejad de disparar! 

Cogió el hacha y se dirigió al toro mientras los demás se quedaron tras el carro mirando. Cuando estaba cerca del toro, el toro se le cuadró y, al bajar la cabeza para embestir, sin pensárselo dos veces, se lanzó y le pegó un hachazo entre los cuernos. El toro se quedó clavado, tambaleándose, y  entonces aprovechó para cogerlo por los cuernos y tirarlo al suelo. 

Los guardas, que estaban parapetados tras el carro, asustados, fueron llamados por Tomás Sotos "Santano", se acercaron con cautela porque no estaban muy convencidos y, cuando llegaron, empezaron a dispararle al toro que yacía en el suelo. Y así terminó la caza del toro.

(Fin del artículo)


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(617 567 183 - acasotos@gmail.com - Messenger).
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