Andrés García Revenga y el arte del esparto (Las Pedroñeras): Reportaje fotográfico | Las Pedroñeras

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miércoles, 29 de mayo de 2019

Andrés García Revenga y el arte del esparto (Las Pedroñeras): Reportaje fotográfico

Andrés en su museo.

por Ángel Carrasco Sotos

Acuerdo estos días con Pilar una entrevista con su padre, una entrevista que ya se hacía esperar, de modo que deseoso acudo a su casa, donde ya me están esperando en la puerta. Entro y compruebo que la estancia que hace las veces de portal es un auténtico museo del esparto. De esta memorable guisa se recibe a la gente. Es aquí donde Andrés García Revenga, que así se llama el artista, tiene ordenada y expuesta parte de su producción, una auténtica bendición para los ojos.


Pilar, orgullosa, nos muestra un cesta estupendamente labrada por su padre.


Pero lo primero es lo primero y, antes de hablar de ello, prefiero hacerle una reposada entrevista para conocer más en profundidad a Andrés, indagar en su vida, en su trabajo, ahora que ya tiene 86 años, que, si uno lo ve (lo ve moverse, hablar, recordar), reconoce, asombrado, que para él no han sido casi nada. Y es que Andrés está como un roble, atesora una memoria prodigiosa y desborda en amabilidad pedroñera. Y eso es lo que más estimo en él, que nos haya acogido en su casa "como a uno más de la familia". Realmente, no había yo hablado nunca con Andrés, pero, desde el primer momento, en su actitud distingue uno a un amigo. Y es ya en el inicial tanteo cuando uno percibe que la conversación va a ser entretenida y enriquecedora.


Andrés en un momento durante la entrevista.


Nos comienza contando Andrés sus primeras vivencias como pastorcillo, que es donde ha querido indagar uno (aunque como descubro que Andrés es una fuente inagotable de información no descarto que nos veamos de nuevo; esto lo va pensando uno para sí mismo).

Nació Andrés en 1933 y me recuerda cómo teniendo él 5 o 6 años estaba su padre (también Andrés García Revenga) de pastor en la llamada casa los Frailes, "cuando todavía el capital era de don Paco", me dice. Era el mayoral por entonces Julián "el padre del Maleno", el de la pescadería, y estaban allí en la casa cuatro o cinco pastores. Fue la época en que don Paco Molina partió, justo después de la Guerra Civil. Entonces, después de partir, había un pastor de La Alberca ("creo que se llamaba Francisco") en los Porches de las Vaquerizas ("Vacarizas" dice Andrés, pues era su nombre habitual) que trasladaron a la casa los Frailes y allí mandaron entonces a su padre para ocupar su lugar. Vivieron, entonces, en la casilla de los Porches, una vivienda muy pequeña, aunque, durante un tiempo estuvieron haciendo un poco de obra y se trasladaron al Peralejo, que también pertenecía a don Paco, donde vivieron con la familia de Escalera. Al terminar dicha obra, se establecieron en los mencionados Porches y allí estuvieron unos años.


Antonia, la mujer de Andrés, murió hace unos años y la tiene enmarcada en un primososo marco elaborado por él mismo. Siempre la lleva en el corazón.


Me recuerda cómo, estando en la casa los Frailes, llevaban a las ovejas a beber agua al río, de cómo la Hontanilla (esa fuente hoy labrada) no dejaba de manar agua hacia un "prao". "Desde la Hontanilla hasta la carretera todo eso era vega en donde pastaba el ganao". Lo recuerda bien, porque con 12 o 14 años volvió a estar él de pastor, aún un rochanejo, de nuevo en la casa los Frailes.

Nos habla del pozo que existía en esta casa y nos refiere algunas anécdotas que allí le acontecieron. [También sale a colación cuando Andrés iba a cantar flamenco a los atorgos, a cambio de una invitación. Al parecer, no se le daba mal del todo y era muy solicitado. Incluso llegó a cantar en el teatro (el que fue cine Rex)]. Hablamos, además, de cuando estuvo de pastor en Caudete (Albacete), ya casado. En fin, asuntos varios por donde la conversación va pasando, tocando un tema y otro; recuerdos y más recuerdos que se acumulan en la memoria de Andrés: del pozo del Peralejo (el agua casi llegaba hasta el borde), del de la casa don Benito, del que se sacaba agua con zaque y él se buscaba sus triquiñuelas para poder subirla hasta arriba; del pozo de la casa los Frailes, junto a un huerto enorme, a la caída de la casa "detrasico de la paré" (un lugar por cierto, este, donde tuvieron bueyes). Una vez un toro le dio un topazo a otro -me cuenta como viviéndolo en ese momento- y cayó al barranco de los conejos. Son recuerdos, pinceladas de su vida que han dejado su marca indeleble en la memoria.


Este estupendo reloj artesano es de este mismo año. La labor del esparto es entretenida, gustosa y, al final, da frutos tan sabrosos como este.


Y nos centramos de inmediato en el esparto. Me interesa el proceso desde el inicio. Nos aclara Andrés que el mejor momento para cogerlo es a partir del 15 o 20 de agosto; desde estos días hasta los Santos. Es cuando esta en sazón, ideal para manipularlo. Es cuando el esparto está cerrado, en condiciones, y tiene la fuerza ideal. Lo coge como siempre se ha hecho, con un palote, liando el esparto en él y estirando, hasta formar una maña o manojete "bueno" de esparto. "Yo me lo traía en un saco, en el portaequipajes de mi Rieju", nos dice. Con diez o doce mañas ya tenía bastante. La moto, en la que siempre se le recuerda, ahora descansa en su taller, pero, como nos dice: "esta moto la lavas un poco y das una patá y arranca". No le falta el humor a Andrés, que prodiga de continuo.


En primer plano, su moto. Al fondo, algunas de las muchas herramientas que utiliza Andrés para su labor artesana.


Una vez en casa, el esparto se limpia, se va expurgando, revisándolo uno a uno y seleccionando tan solo el idóneo y retirando lo viejo, lo malo, de modo que "al final se queda en la mitá". Una vez escogido el ideal, se seca en el patio. Lo apoya en la pared y en una semana más o menos se seca. Tras ello se mete en agua la cantidad que se vaya a trabajar, y allí está el esparto una noche en remojo, pero nos asegura que si está un día y medio mejor. Se reblandece (pues, si no, salta) y ya se puede manipular al hacerse flexible y maleable.

En ocasiones se cocía el esparto. Consistía esto en meterlo en una balsa o en el río, y allí estaba durante 21 días (a esto le llaman cocerse), "aunque si está algún día más no pasa na". Se sacaba, se secaba de nuevo y con una maza se le daba poniéndolo sobre una piedra lisa o un rodillo. El esparto machacado se usaba para cosas finas, pues se quedaba más suave. Se hacían colleras con esparto machacao, capachas, forros de bombonas, etc. Andrés no lo utiliza habitualmente; prefiere el crudo, aunque a veces recurre a él para hacer las cosas que precisan de mayor suavidad, como las asas de las cestillas.


Por aquí una lámpara hecha de esparto. Y al fondo, Mª Teresa, una de las hijas de Andrés, vestida de reina de las fiestas, pues lo fue en 1979.


Nuestro amigo, desde que estaba de pastorcillo, se interesó por el esparto, y ya empezó de jovenzuelo a practicar con la pleita fina. Aurelio, el mayoral, recuerda que era el que se ocupaba de hacer las pleitas para el queso. No había, de todas formas, según nos dice, mucho tiempo entonces para estas labores del esparto pues el tiempo de trabajo ocupaba prácticamente todo el día.


De este molino me enamoré yo en cuanto lo vi.


La conversación deriva en cómo trabaja con el esparto una vez terminado el proceso de selección y secado, contándome los detalles de la operación en el forrado de bombonas, en la factura de posetes y, en fin, de todo aquello a lo que dedica su arte torero Andrés. El arte no solo es manipular el esparto, sino tener imaginación para llevar a cabo el diseño original de lo que sale de sus manos. Andrés tiene en su exposición molinos (de los que me quedo prendado), botijos de adorno, cestas, merenderas, escobas, baleos, posetes, botelleros, relojes, marcos para fotografías, bolsos la mar de chulos, hasta carros de la compra que sus hijas pasean por el mercado con orgullo manifiesto. Tiene expuesto un castillo de esparto, dos pequeñas plazas de toros, lámparas y todo lo que su cerebro inquieto maquina y sus manos fabrican sin tregua y con inusitada habilidad. Inspiración, arte, genio y pericia. La técnica y la destreza han de ir de la mano de la inspiración y la maestría. 


Estos dos preciosos lagartos son como las mascotas del museo. Uno es macho y otro es hembra, nos dice Andrés.


Diestramente, Andrés aún sigue haciendo lo que mejor se le da, que es el trabajo del esparto, del que es un experto. Ya van quedando pocos en el Lugar que continúen ejerciendo esta forma popular de artesanía, pero él, mientras las manos le respondan (y el entendimiento le asista) seguirá manipulando artísticamente el esparto. A ello le animamos, deseándole lo mejor, y envidiando también para nosotros esa salud de hierro que parece conservar intacta Andrés.

Antes de abandonar su museo, que nos muestra y explica con el detalle que merece, nos enseña también su taller, todas las herramientas (muchísimas) de que se sirve para el adorno de sus productos. Conocemos también a su perra, la inquieta Luna. Y al final, nos honra con el regalo de un par de obsequios que prometemos guardar con orgullo y exponer en casa con el respeto y veneración que merece. 

Larga vida, Andrés, y enhorabuena por tu dedicación, impagable. 


Más herramientas del taller de Andrés.


Animo a la gente a acercarse a ver este museo del esparto que nuestro anfitrión posee en su casa. La mejor entrevista es la que uno mismo le pueda hacer, allí, al pie del cañón. Andrés sabrá explicaros con las mejores palabras a todo lo que vuestra inquietud reclame.


EL MUSEO AL DETALLE 
(reportaje fotográfico)





Plazas de toros y castillo.


Botijos de adorno.


Bolsos.


Trofeos.


Barcos.


Recipientes.


Posetes pequeños para adorno.


Cesta.


Cestas.


Pozos.

Marco.


Caballo con aguarones.


Cestilla.

Pequeñas escobas.


Vasos para lápices.





Marco y pequeños bolsos de adorno.


Escobas y garrafillas.


Familia de lagartos.

Pozo.


Pilón o bebedero para los animales.

Pececillos dorados.

Posete.




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