Yo hacía la mili en la Base Aérea de Getafe y corría el año 1993. En el 94 me darían la blanca y un diploma que tengo por ahí, y salí de allí escopetado a presentarme a las oposiciones, que era para lo que había estudiado: para emplearme en ese trabajo en el que había "gastado" cinco años de mi vida y el dinero de mis padres. Me valió un primer puesto de trabajo con vacante completa para el curso 1994-1995 en el instituto de Tarancón que entonces se llamaba Riánsares. Repetiría al curso siguiente (disfruté como un enano, ya os lo digo, no fue ningún sacrificio). En fin, que hoy, revisando papeles viejos, me encuentro esta revistilla castrense que llevaba por título Revista del Soldado. El número es de noviembre de 1993. La revista recogía contenidos muy diversos y yo figuro en los créditos como soldado pues formaba parte del equipo que realizábamos su confección y montaje (la publicábamos cada mes los que estábamos destinados a la Oficina de Información al Soldado, la Ofis). En su interior (el de la revista, no de la Ofis, en la que solo estábamos una pequeña recua vagueando libremente pues el sargento Fernández nunca aparecía aunque había que decirle al capitán Feito que "había estado por allí"), compruebo que hay varias publicaciones mías: un artículo sobre el ajo en el refranero (siempre divulgando el conocimiento de nuestra patria chica), dos poemas (de ese libro inédito que tengo por ahí en algún sitio) y un cuento. Este es el que os pondré por aquí abajo. Perdonadme mi redacción juvenil, que recién salido estaba yo de las aulas universitarias; pero, aun así, ¡la veo tan con la frescura de quien escribe sin prejuicios...! Tenía solo 24 añitos. ¡Quién los pillara ahora! Al grano. El cuento (que me lío).