or Vicente Sotos Parra
Bueno, tenéis aquí otra historieta, esta vez de la TRIÁNGULO, aunque un poco más granaos todos, pero en el fondo éramos los mismos. ¿Oooo cuasi?
¡Recordáis cuando nos preguntaban!... ¿Tú, hermosón/a de quién eres? Yo soy hijo /a de tal..., te contestaban... ¡Ya lo sabía yo por la pinta!
A ver si sois capaces de ponerles el nombre a cada uno/a de estos piratas por la pinta.
La descripción de cada uno está en la historieta de tiempos de BOYMA.
Felipón / Bartolo / Luis / Antonio / Las chicas / María / Carmen / Dorotea / Luisa /
Son tiempos de los setenta en los que ya dejamos de ser chiquetes. Ya no podías hacer las mismas cosas de los años del BOYMA. Subiendo un poco la categoría de la discoteca, pero como la música era lo de menos pues teníamos el concepto de Discoteca diversión y marcha, sin tener en cuenta el tipo de música. Esta es la verdad, cuando acudías a la discoteca era básicamente para divertirte y coger un carro de calabazas y, de arrimarte con quien pudieses y se dejase. Siempre te lo impedía aquellos brazos de puntiagudos codos que parecían que fueran de hierro sobre el pecho que parecían dos puñales imposible de doblegar. Desde luego no se te ocurría tener un diálogo de política, o de si tenías los ajos por sembrar, o por arrancar, no, no, no. Son tiempos de apertura política, pero no para hablar de esto.
Mi generación no fue de la más culta en seguir la música y sus tendencias. Yo siempre fui de los que entendía que entre semana trabajar, y el domingo a disfrutar.
Nos tomábamos los cubatas hasta que el cuerpo nos lo permitía y, dependiendo de cómo andaras de cuartos. Aquí ya nos empezamos a disolver la cuadrilla entre los que ya se iban quedando en plan fijo. Siempre con la misma persona camino del altar más pronto que tarde. Otros nos fuimos a la mili que por entonces era obligatoria.
De vez en cuando coincidíamos un fin de semana la tropa, aquello era de toma pan y moja. Eran tiempos en los que algunos de nosotros ya empezamos a tener coche. Antonio se compró el Simca 1000 que llevaba el motor atrás al igual que el Goldini que le llamábamos el coche de las suegras. Cuatro puertas por lo que estaban un paso por encima del ochocientos cincuenta de Seat tampoco necesitabas mucho, los viajes eran a los pueblos de alrededor y poco más. Visitábamos Las Mesas, El Provencio, El Pedernoso. Los que tenían ese año gente de estos pueblos empleada en los ajos descubrimos que era un filón de oro. Uno se encargaba de contactar con las chiquetas en el lugar de origen, si eran más de cuatro de un lugar se complicaba la cosa pues nada más podíamos ir a recogerlas uno de nosotros, y luego a llevarlas a lugar de origen. Mucha gente se lo pasó de fábula.
El Triángulo fue punto de reunión de gente un poco más granada, pero igual de buena. Lo que sí pasó fue que bajó la competencia ya que cada domingo dos o tres de nosotros tenía compañía. Entre los que estaban en la mili y los que teníamos ocupados con la chiquetas forasteras, el campo andaba más despejado.
Recuerdo que Antonio recogía esa tarde a tres chiquetas del Pedernoso, pero ese día cargó el barco y no podía con su alma. Decidimos que fuese Luis a recogerlas por ser el más zalamero. A la hora y lugar allí estaban. Después de la sesión había que llevarlas. Por aquel entonces Luis y la Pochola andaban ya un poco en serio. No se le ocurrió otra cosa a la Pochola que subirse en el coche los cinco, después de dejar a las pernoseñas de vuelta al lugar, a la altura de donde antes estaba la cuesta Grande, el coche se les paró, el testigo de la gasolina en rojo, agotado el líquido elemento del Simca 1000. Pero el testigo de la gasolina ya llevaba encendido algunos días. Pensó Luis: bueno, si se me ha encendido aquí esto tira para ir y volver, si…si…sí. Son las doce de la noche, el coche sin gasolina y la Pochola de copiloto diciendo.
--¡Mis padres me matan hermoso… mis padres me matan!
-- Bueno ya se lo explicaremos, hermosa, pero el destino ha querido que estemos ¡jodidos y solos! aprovechemos la noche que mañana si tu padres no te matan a ti. ¡Los míos seguro que cuatro hostias las tengo aseguradas!
Luis y la Pochola llegaron más tarde de lo normal a sus casas. Así que acudimos en su ayuda al ver que no llegaban. -¿Los muy piratas no debieron pasarlo mal?
Fruto del mal rato fue que nos encontramos a Luis con los botones de la bragueta desabrochaos y soplando como un toro acabado del salir del cajón.
¡Lo que debieron sufrir las criaturas! Años más tarde salió la canción aquella que decía lo de “qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000”. ¿Seguro que Luis se lo contó?
No le hacía gracia, pero si lo querías ver enfurruñado se lo recordabas... y te mandaba donde Cristo perdió el gorro.
(CHASCARRILLO)
Estando en la Triángulo
Luis acompañó a unas chiquetas.
Y cuando al pueblo volvió
tenía la bragueta abierta.
De nuestro paisano Julián Escudero Picazo en su obra Rusticidaes manchegas:
Si me dejas que te mire
toa la vida car´a cara,
en el mundo n´hay moqueros
p´arrecogeme la baba.
Aunque sepa poco e letra,
sé arar y portame bien.
Lo que me falta de listo
quio tenelo d´honradez.
(CONTINUARÁ)


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