HISTORIA DE MOZOS Y MOZAS 3: En la discoteca Boyma con Felipón (cap. 86) | Las Pedroñeras

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martes, 24 de febrero de 2026

HISTORIA DE MOZOS Y MOZAS 3: En la discoteca Boyma con Felipón (cap. 86)

 

por Vicente Sotos Parra



Era una noche de esas del mes de enero fría de narices  por allí por el año 1968. La discoteca Boyma, la joya del pueblo, brillaba con sus luces de colores y sus letras de neón  que parpagueaban de vez en cuando, como si  estuviesen cansadas de tanto iluminar noches de fiesta. Felipón y sus amigos se reunían en la puerta, esperando darlo todo en la pista de baile.

Enrique, con chaqueta y peinado perfecto quiso dar la nota mirándose en el espejo del tractor del hermano Pelegrin que lo tenía cerca de la puerta de la discoteca. Lauren, distraído como siempre, estaba  escribiendo una poesía mental sobre las luces y las estrellas.

Antonio soltaba un suspiro como si tuviese que enfrentarse a una conferencia de economía, y Bartolo, bueno…Bartolo no podía  dejar de hablar de su burro Pelón, ese fiel amigo que llevaba años ayudándole en las labores del campo.

--Mira, Felipón  --dijo Bartolo mientras se apretaba el cinturón de sus pantalones que se le bajaban  cada vez que intentaba dar dos pasos--, de esta noche no pasa, ¡el jodío Pelón!  no paró de rebuznar,  y tengo  la cabeza que me va a reventar. Me da la impresión que le da envidia que me lo pase bien sin él.

--Anda, Bartolo, que dejes en paz al pobre Pelón. ¡No querrás meter a tu burro en la pista de baile?

--Hombre, no te creas, que Pelón tiene más ritmo que alguno de por aquí –y le lanzó una mirada burlona a Antonio, que se hacía el remolón.

Justo en ese momento, llegaron las chicas: María, Carmen, Dorotea y Luisa; todas luciendo sus mejores vestidos. Carmen, la más atrevida, les saludó con una sonrisa juguetona.

--¿Y qué tal, chicos? ¿Estáis listos para darlo toda esta noche, o solo venís a mirar como siempre, y a no despegaros de la barra?

--¡Esta noche venimos con todo! –dijo Bartolo dando un paso al frente. Y si hace falta, meto a Pelón en la pista pa enseñaros cómo se baila un buen pasodoble.

Dorotea se cruzó de brazos de forma divertida. –Bartolo, si tu burro baila mejor que tú, deberías replantearte las cosas -dijo.

Todos soltaron una carcajada, pero Felipón decidió que era hora de entrar. Sonaba la música de los Brincos con su canción "Lola", por lo tanto era tiempo de bailar agarrado. Y los pies de Felipón ya comenzaban a moverse de manera nerviosa, como si no supiera qué hacer cuando llegara el momento de sacar a bailar a las mozas.  

Dentro de la discoteca, el ambiente era inmejorable. Las luces giraban, la pista vibraba y el sonido del twist lo llenaba todo. Enrique, siempre galante, se acercó rápidamente a María, con su típica sonrisa de “aquí no se me escapa nadie”:

--María, ¿me concedes este baile? –dijo Enrique, y antes de que ella pudiera contestar, ya estaba girando por la pista como si fueran los protagonistas de una película de James Dean.

Felipón, por su parte, miraba con algo de nerviosismo. Su vista se cruzó con la de Carmen, quien, como siempre, parecía estar disfrutando de lo lindo del espectáculo que él ofrecía sin quererlo.

--A ver, Felipón –le dijo Carmen alzando una ceja--, ¿quieres invitarme a bailar o prefieres seguir como un pasmarote pensando en los ajos de Bartolo?

--¡Ay, Carmen! –Respondió Felipón--.Te aviso de que mis pies son más torpes que el burro Pelón de Bartolo subiendo una cuesta tirando del carro lleno de ajos. Pero si te atreves, vamos a por ello.

Y ahí estaban Felipón y Carmen en el centro de la pista, mientras Bartolo, siempre protagonista, se acercaba a la cabina del DJ Toni.

--Oye, ponme un pasodoble, que quiero demostrar algo –dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Y, sorprendentemente, lo logró. La música cambió y un pasodoble sonó  por los altavoces. Bartolo, con su gesto grandilocuente sacó un pañuelo del bolsillo y comenzó a moverse por la pista como si fuera un torero.

Pero cuando intentó hacer un giro espectacular… ¡Zas! Se tropezó con sus propios pies y cayó justo sobre Antonio, que acababa de animarse a invitar a Luisa a bailar.

--¡Ay, ¡Bartolo! –Exclamó Antonio mientras intentaba levantarlo del suelo-- ¡Si no puedes contigo mismo, no arrastres a los demás!

Las risas se oyeron por toda la discoteca, pero Bartolo, fiel a su estilo, se levantó con una reverencia exagerada.

--Si supierais lo difícil que es bailar después de haber estado todo el día tirando del carro con Pelón de compañero… Mis pies los tengo jodíos

--Claro, Bartolo —dijo Dorotea, todavía riendo---. La culpa es de Pelón… ¿verdad?

Felipón y Carmen, mientras tanto, habían encontrado su propio ritmo. Felipón, sorprendentemente, no lo hacía tan mal. Carmen sonreía y le habló al oído.

--Mira que tenías fama de tener dos pies izquierdos, pero lo haces bastante bien.

La noche continúo con más  risas y algún que otro empujón. Al final, cuando las luces comenzaban a apagarse, el grupo salió a la fresca brisa manchega. Bartolo, como siempre, estaba preocupada por su burro Pelón,

--La última vez que lo dejé solo, se saltó la tapia del corral y acabó en la puerta del Boni para que lo invitara a una limonada.

--¡Seguro que te baila un pasodoble mejor que tú, Bartolo! –gritó Antonio, y todos volvieron a reír,

Y así, entre bromas, historias de Bartolo y de su burro Pelón, y los pasos torpes de Felipón y sus amigos, caminaron juntos bajo el cielo estrellado de Las Ledroñeras, recordando una noche más de diversión en la discoteca Boyma, donde hasta los burros eran protagonistas —al menos en la historias de Bartolo-.

                                               (Continuará)


                    (CHASCARRILLO)                    

Por aquella época de poca

luz y muchas sombras.

En donde bailar agarrado media hora

fue escape de aquellos mozos y mozas.

………………………………………………………………………………………………

Los deseos de nuestra vida forman una cadena,

cuyos eslabones son las esperanzas.

SENECA

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