LAS PEDROÑERAS Y SUS AJOS, artículo de Luis Pacheco Iniesta | Las Pedroñeras

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jueves, 30 de julio de 2026

LAS PEDROÑERAS Y SUS AJOS, artículo de Luis Pacheco Iniesta

 


El otro día falleció Luis Pacheco Iniesta. En 1989 ambos participamos en el concurso periodístico que por aquel entonces se hacía para promover el ajo y Las Pedroñeras en los medios de comunicación. El fallo fue contrario a nuestros intereses personales (se presentaron otros pedroñeros y hubo otros participantes foráneos). Como homenaje, quisiera compartir con vosotros el artículo que el bueno de Luis presentó a El Día de Cuenca sobre Pedroñeras y sus ajos. D. E. P.


EL DIA / PROVINCIA / Miércoles, 19 de Julio de 1989
Las Pedroñeras, sus gentes, sus ajos
Luis Pacheco Iniesta
Las Pedroñeras, otro lugar de La Mancha, situado al sur de la provincia de Cuenca y a caballo de la llanura y donde ya quiere dejar de ser llanura. Su iglesia ya está enclavada donde no es llanura, desde donde se ofrece a nuestros ojos la visión panorámica de la inmensidad de los campos y las villas de La Mancha.
Es un lugar de paso entre la España del centro y noroeste en ruta hacia el sureste; es decir, en la carretera N-301, a ciento cincuenta y nueve kilómetros de la capital de España. Es curioso, con esto de los nuevos trazados de las carreteras, resulta que nos han separado de la capital dos kilómetros. Pero eso sí, a cambio nos hemos librado del peligro que nos suponían los camiones de Aranjuez en nuestro viaje a Madrid. Y además, parecía que nos imponían a los de Las Pedroñeras, la visita obligada y la admiración de las bellezas del pueblo, como si sólo fuera bonito lo suyo. Nosotros, ya hace más de treinta años que desviamos la carretera de su paso por el centro del pueblo; en aquella época, ya éramos demócratas y no nos gustaba obligar a nadie. A Las Pedroñeras, no se viene de paso, se viene porque vale la pena venir.
Mi querido amigo, si aún tienes dudas de la situación geográfica de Las Pedroñeras y no tienes un mapa de carreteras a mano, ¡pregúntale a cualquier camionero! No hay ni uno solo que se precie de serlo y no haya parado a comer en "El Bomba". Porque las chuletas de cordero del "Bomba" son únicas. Dice Valentín (el padre), que son de cosecha propia. Como ya se ha enterado de la situación geográfica de este pueblo, habrá observado que está lejos de casi todo el mundo, de todas las capitales. Esto ya es más grave (no se asuste, amigo lector), lo grave, va por lo que viene a continuación.
Aquí, y por el hecho de ser un pueblo de algo menos de siete mil habitantes no tenemos Instituto de Enseñanza Media, aunque el alcalde, Julián Bonillo, que es un hombre muy "pulido", ha prometido que lo vamos a tener muy pronto. Pero mientras tanto, entre promesas y más promesas, las familias se ven obligadas a desprenderse de sus "retoños", cuando estos deciden estudiar BUP o F.P., claro, que así no vale, por lo que estas familias de aquí dejan atrás de ser una familia en comparación con las de la capital y además comparativamente gastan más dinero porque desde muy temprano han de pagar pensiones e internados si es que pueden realizar tales pagos.
Claro que se nos arreglan los problemas cuando hablamos de la Sanidad. Aquí el porcentaje de partos en ruta, puede que sea de los más elevados del país y no es porque las mujeres sean menos espabiladas, es porque tienen que ir a parir a Cuenca, unos ciento quince kilómetros de carretera regular pero con más de doscientas curvas y además en invierno hay capas de hielo y niebla, lo que hace que el trayecto se convierta en un verdadero suplicio para la parturienta. Claro que no todo es negativo, a cambio de dicho problema, nos encontramos con unos chicos de la Cruz Roja que terminan la mili con una experiencia en partos de campaña que ya la quisieran para sí algunos ginecólogos y comadronas.
Pero amigo lector, esto no es lo peor. Suponiendo que algún habitante de este pueblo contrajera alguna enfermedad y el doctor "Tistín" con sus medios y conocimientos y contando en el amplio y variado surtido de mejunjes de la botica de don Leonardo (que siempre está al día y tiene de todo, o si no lo tiene, siempre habrá algo parecido). Este nos mandaría a Cuenca "al especialista" de la Seguridad Social. Y ya una vez en la Seguridad Social, después de haber salido de Las Pedroñeras a las seis de la mañana con el "Tejero", que es un conductor que sabe mucho, el especialista nos dice que tenemos que volver mañana porque tienen que hacernos un análisis de sangre y de orina (y para esto último nos dan un frasquito muy bien empapelado). ¡Ah, y que no desayunemos hasta que nos hayan sacado la sangre!. Pues nosotros todo obedientes, volvemos al día siguiente con el "Tejero". Nos sacan la sangre y le damos a la enfermera el frasquito de la orina pero ya sin empapelar y esta chica, que es muy simpática porque además desciende de Las Pedroñeras, quien nos dice que volvamos mañana. Seguimos siendo obedientes y volvemos mañana, pero esta vez con el hijo del "Tejero" que está siguiendo el oficio de su padre. Pero sorpresa, la enfermera nos cuenta que algo ha salido mal pues no cuadra que el "hermano Pedro" esté de cinco meses. Nos dan otro frasquito y que volvamos mañana y también sin desayunar. Total que después de varios viajes por fin nos dan el resultado del análisis y se lo entregan "al especialista", el cual nos diagnostica que sólo tenemos algo de "lumbago" por lo de trabajar siempre agachados en los ajos. Nos receta unas pastillas y algunos pinchazos, pero eso sí, que no se nos olvide repetir los análisis dentro de un mes para observar la evolución de nuestra enfermedad... y de nuestra paciencia.
Claro que los habitantes de Las Pedroñeras, por eso del agravio compensatorio, se verán favorecidos con la reducción en sus impuestos y en las cotizaciones a la Seguridad Social... en cuanto que manden los romanos. Así es mi pueblo.

Sus gentes
Esto ya es otro cantar, "aquí hay madera". Posiblemente habrá gentes en otras latitudes del planeta que trabajen mucho, probablemente porque les paguen mucho o porque les dé la gana, que todo es válido. Pero la gente de Las Pedroñeras, trabaja mucho porque ya nace así, porque es cuestión de raza. Una raza de hombres y mujeres, siempre dispuestos a luchar por aquello en lo que confían sin que nadie les diga, cómo y cuándo han de hacer las cosas. Porque la gente de Las Pedroñeras sabe que Dios no se queda con el trabajo de nadie. Aunque no opinan así de otros organismos, entidades y un sinfín de "vampiros", que pretenden chupar la sangre que nos dejó el especialista de la Seguridad Social.
Aquí desde pequeños, y sin excepción alguna, se aprende el arte de trabajar mucho y duro. Claro que algún "progre" desconocido de la idiosincrasia de este pueblo puede pensar que lo que aquí hay es una escuela de antigüedad ancestral donde se enseña a los niños a ser hombres de verdad y donde se les inculca el concepto de honradez, mediante el libro del trabajo duro.
A los padres y madres de este pueblo le sobran agallas para defender sus haciendas y sus vidas sin explotar a sus hijos ni a los hijos de nadie, ya que la inmensa mayoría de los casos, los ingresos obtenidos por los hijos menores suelen quedárselos ellos para sus propios gastos de guerra, no así los hijos adultos que aportan su esfuerzo al sustento de la economía familiar, como debe ser.
En cambio sí podríamos decir que mucha gente de Las Pedroñeras se siente, y es explotada por los vampiros ajenos al sentir de este pueblo, como por ejemplo los propietarios de las tierras al arrendarlas a los infortunados que no las poseen exigiendo precios cada vez más insoportables, las entidades financieras con sus intereses, muy interesados, en sacar la mejor tajada y con el menor riesgo y la Administración con su retahíla incontable de impuestos y exigencias; y para remate los precios de sus ajos se los imponen los compradores y especuladores.
Aquí amigo lector, siguiendo la consigna del Gobierno de que hay que superarse por eso de que ya somos europeos, puedo afirmar que en el concepto de la calidad y la cantidad en el trabajo, nosotros ya éramos europeos cuando Napoleón era corneta. Eso sí, no somos buenos comerciantes. No sabemos defender muy bien en media hora de un trato, lo que hemos tardado un año en producir. Pero aprenderemos, porque para eso aquí tenemos madera. Así es mi gente.

Sus ajos
No pensaría usted, mi querido lector, que íbamos a hablar de Las Pedroñeras sin acordarnos de sus ajos, eso sería un pecado imperdonable, porque las tres cosas forman un solo concepto: Las Pedroñeras-sus gentes-sus ajos.
El que el ajo morado de Las Pedroñeras, tenga reconocida fama mundial, no ha sido por la publicidad, no por la promoción artificial, ni tampoco por la casualidad. Ha sido gracias a una calidad continuada, año tras año superada, mediante el esfuerzo y el quehacer constante de sus gentes, la selección de las mejores tierras de cultivo, por las aguas que las riegan, por la climatología de la zona y por otras muchas razones que en su conjunto sólo se dan en Las Pedroñeras.
Aunque haya en el mundo otras zonas productoras de ajos, nunca darán la calidad y mucho menos la continuidad de producción de Las Pedroñeras. Por su larga capacidad de autoconservación, por su sabor, por sus propiedades curativas y por un sinfín de ventajas, el ajo morado de Las Pedroñeras, siempre será, el que da sabor al mundo.
El ajo, como todos sabemos, está expuesto a una serie de avatares y circunstancias políticas y comerciales que hacen del cultivo de este producto un auténtico juego de la ruleta en su planteamiento como negocio. Este motivo, precisamente, es el que hace que este cultivo en estas zonas sea algo tímido y por supuesto muy sensible a los fracasos económicos. Y esto amigo lector es precisamente en Las Pedroñeras, donde se convierte en ventaja.
Para ser productor de ajos, hay que ser de Las Pedroñeras, donde, desde pequeños las gentes de aquí aprenden a considerar al ajo como si se tratara de un hijo. O algo más, como decía  el difunto Ramón "El Moro": "al ajo hay que serle fiel, como a la esposa; no porque algún día uno se enfade, por eso se va a divorciar". Sabias palabras las de nuestro amigo. Estas razones y otras más nos demuestran que el ajo morado forma parte de la vida cotidiana y del ser del pueblo de Las Pedroñeras y por supuesto de su futuro. Un futuro, nada fácil, pero que las gentes de este pueblo sabrán afrontar con el coraje que les caracteriza y naturalmente empleando las armas comerciales precisas para mantener y aumentar los mercados del mejor ajo del mundo, que es rojo por dentro porque se nutre de la sangre de los hombres y las mujeres que los crían... como a los hijos.
Como ve, amigo lector, esto del ajo en Las Pedroñeras ya no es sólo cuestión económica, es que forma parte inseparable de nuestra vida y aquí, cuando el ajo tose, todos estamos resfriados. Y esto lo saben muy bien todos los comerciantes del ajo, tanto nacionales como extranjeros que tienen la suerte y la oportunidad de comercializar este producto.
Saben que venden lo mejor, y saben que no tendrán problemas de continuidad con el ajo morado de Las Pedroñeras mientras exista la continuidad de la raza de los hombres y mujeres que los producen, y eso amigo mío va para largo.
Si usted, amigo lector, es consumidor del ajo morado de Las Pedroñeras, no olvide nunca cuando acertadamente condimente sus guisos y ensaladas con este producto que está condimentando con el ajo de un pueblo de La Mancha que durante generaciones ha proyectado a sus ajos como el resultado de hacer las cosas bien. Así y mucho más es el auténtico ajo morado de Las Pedroñeras. Disfrútelo.



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