Por Vicente Sotos Parra
No es por nada, pero a cualquiera que se le preguntara en el lugar por el hermano Juanantes, apuesto que todo el mundo lo conocía a este sabio. Muchos lo recuerdan con aplomo, calmoso, que siempre ayudó a todo el mundo, dando consejos constituyendo el modelo de varón manchego cumpliendo su palabra, ajeno a influencias perturbadoras. No me negaréis que en los tiempos que corren no es para recurrir a sus enseñanzas con aquellos cuentos que contaba el fresco.
Porque no perdonaban al hermano Juanantes cuando antaño contó lo que le pasó aquel día que de un puñetazo mató un toro de casi quinientos kilos.
Cuando se encontraba en su viña de “El recreo”, noche tras noche, estos ojos míos los contemplaron a estos sabios en aquellas viejas sillas contando a la luz de las estrellas sus vivencias reales, o inventadas.
El hermano Modesto llegó a todo lo que sus torpes piernas le daban para andar diciendo:
--¡Llego tarde! ¡Llego tarde! ¿Ya ha pasado el coche de línea para ir a Cuenca?
Frasquito:-- Modesto, que sale a las seis de la mañana.
Modesto:-- Yo voy a ver a mi sobrino, que se casa.
Juanantes;-- Modesto, tu sobrino se casó hace veinte años. Ya tiene hijos que son más altos que tú.
Modesto_-- ¡Copón! Ya me acuerdo. Es que no me he tomado la pastilla de la memoria.
Frasquito:--¡Aique! Yo para la memoria tomo pasas. Lo que pasa es que se me olvida tomarme las pasas.
Aquella noche también estaban el hermano Frasquito, el hermano Castaño, el hermano Cucharón y el hermano Modesto, entre otros, casi todos de la misma quinta. Por eso de haber nacido en el mismo año y crecido juntos, se conocían como si fuesen de la familia.
Empezó hablando el hermano Frasquito.
--Ya no os acordáis de mi borrica torda que tenía ella sola más fuerza que una yunta de mulas. Se la compré a un muletero en la posada del hermano “Garrotero”; ya no tuve en mi vida otra como aquella. Lo que menos le gustaba era arar y tirar del carro. ¡Pero hermosa... era muy hermosa! Con aquel lustre que tenía. Por eso le puse de nombre “Chula”.
A lo que el hermano Modesto sin dejarle caer al suelo, añadió:
--Hermosa, síii, y muy perra también; cuando la uncía con la mía que era la mitad de lustrosa que la tuya arrastraba al carro y a la “Chula” de tu borrica.
Andaban por esos derroteros cuando el hermano Juanantes tomó la palabra.
--Eso son ñoñeces; para valiente la que tuve yo. Estando en la viñeja de “El recreo” que linda con la vereda, cuando pasaban los animales haciendo la trashumancia, resultó que se quedó rezagado un toro de casi quinientos kilos, y no se le ocurrió al animal más que acercarse a la borrica que estaba pasturando. Ella que vido al toro levantó las orejas y cuando lo tuvo a tino le dio entre los cuernos una coz dejándolo atontaoo allí mismo. Mientras que estiraba el rabo yo lo arrematé con un puñetazo, dándole con el puño en el mismo sitio que le dio la coz. Luego lo cargué en el carro y lo traje al lugar. Nemesio lo repartió para todo aquel que quiso. Esta hazaña de mi borrica se extendió por todos los lugares y llegó a mientes del dueño de la vacá. Cuando ya pasaron unos días, me vino a buscar para que yo le pagase lo que valía su toro. A lo que yo le dije: "Búsquelo usted, que en cada casa hay un trozo de su toro". Tuvo que intervenir la Guadua Civil para decir que si no tenía pruebas no podían hacer nada, pues la responsabilidad es de los dueños el llevar el ganado custodiado. Al remate el lugar comió toro gracias a mi borrica. Mucha gente que estaba estrapellá, ese día comió toro, que mi borrica y yo matamos.
Giró la cabeza y vio cómo le cogía la cajetilla de tabaco el hermano Frasquito.
—Naa que, por no interrumpirte, no te he pedío permiso; pero es que no tengo tabaco, y, como tú ties aquí una cajetilla sin empezar, te iba a tomar un cigarro. ¿No te paice que tu borrica andaba jodía de la vista y creyó que eras tú?
Juanantes --¡Amos. copón bendito! ¿Pero estáis oyendo a este boceras que además es un gorrón? Ties una cabeza, amigo Frasquito, que la incluyes en un puesto de melones y no desmerece.
Frasquito—Pues estás errao, Juanantes.
Juanantes--¡Arreaa... ¿Yo errao, Frasquito!
Frasquito -- Con hache y sin ella... ¡Que no se te olvide!
Juanantes –¡Aique! Si es que ya me estás llenado la canasta, hombre. Vaya, ¿quies que te diga yo de una vez quién mató al toro.? ¡Lo maté yo de un puñetazo!
Frasquito--¿Quién?... ¡Ande vas!... ¡Hala, qué trola!
Juanantes--Yo, sí. Porque vayamos a cuentas, y no es que te vaya a hablar de las veinte pesetas que me debes.
Frasquito--Porque vamos a argumentar buenamente, que no hace falta ponerse por las nubes pa las cosas... Chist..., aquí todo se prueba, como en las sastrerías, hermoso.
Juanantes – En este mundo no hay nada más que este mundo, donde está todo, lo bueno lo malo y lo entreverao. Y yo voy a rematar: las cosas fueron como las conté y no cambio naaa, para arrematar ¡He dicho!
La discusión fue viva, agria, enconada, como corresponde a esas noches de calor fuerte de verano y a una digestión pesada, ácida.
Se levantó de la silleja y dirigiéndose a Felipón le dijo:
-- Hermosón, a estos les falta un verano y un hervor. ¡Toma nota!
“Ten la boca cerrada y, cuando la abras, que te importen un comino las consecuencias”.
(CHASCARRILLO)
Del toro que mató
ya nadie se acuerda.
Los que comieron están
ya todos bajo la tierra.
(RUSTICIDADAES MANCHEGAS)
De nuestro paisano Julián Escudero Picazo
Por no ver a ciertas gentes
me fi a la viña temprano,
y allí, com´en el lugar,
vide muchisimo sapo.



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