
El nombre es onomatopéyico, por tanto pretende representar su canto –“chorlíiiii”-, tan característico de los atardeceres manchegos, sobre todo durante el celo, a finales de marzo y abril. Se decía antaño que dicho canto -para algunos melancólico- anunciaba vientos fuertes. El chorlito es conocido en otras comarcas castellanas como “alfanhuí” –también onomatopéyico-, especialmente en La Alcarria, dando nombre a una famosa novela de Rafael Sánchez Ferlosio: el niño Alfanhuí tiene los ojos amarillos como los alcaravanes; su maestro lo bautizó con ese nombre, que es como se llaman los alcaravanes unos a otros.
Destacan sus largas patas amarillas y sus grandes ojos, también amarillos, como la base del pico, que solo tiene negra la punta. Rodean el ojo un anillo pardo oscuro y otro blanco. En general, el plumaje es de fondo blanquecino, sobre todo en vientre y parte inferior de las alas, con un rayado pardo discontinuo en pecho y dorso, muy apto para el camuflaje entre los terrones de los barbechos, rochas, llecos y tomillares. Las puntas de las alas son negras, así como el borde posterior, presentando algunas manchas nevadas y dos rayas oblicuas blancas en el arranque del ala, que es pardo como el dorso.
Se alimenta, sobre todo, de insectos, pero también de lombrices, caracoles, incluso algunas lagartijas. Es, por tanto, un gran aliado del agricultor, pues limpia olivares y barbechos de larvas, orugas y escarabajos. Los regadíos, las concentraciones parcelarias y las reforestaciones, a menudo destruyen su hábitat (páramos, eriales, tomillares y barbechos). Los pesticidas le afectan gravemente al dejarlo sin comida.
Para anidar, hace un restregón en el suelo, normalmente en zonas pedregosas o de gravas, donde se camuflan muy bien los huevos. A menudo nidifica en los surcos de las viñas, entre cepa y cepa, lo cual puede suponerle problemas para sacar la nidada adelante, sobre todo cuando las viñas son aradas (binadas) bien entrada la primavera. Esta costumbre de anidar en lugares transitados, accesibles a depredadores, asegurada solo por el camuflaje de los huevos, es el origen de la expresión “cabeza de chorlito”, con la que se denomina a la persona despistada o poco cuidadosa.
Son aves crepusculares, más nocturnas que diurnas –de ahí que tengan los ojos tan grandes-. Los pollos son nidífugos y pronto corren en busca de insectos (hormigas, escarabajos, etc.); sacados los pollos adelante, vuelven a mostrarse solitarios, si bien en invierno forman bandos y hacen migraciones cortas a zonas de La Mancha más bajas, menos ventosas y frías: desaparece de Montalbo, Villar de Cañas o Tresjuncos, incrementando sus poblaciones en Las Pedroñeras, Santa María de los Llanos y Socuéllamos.




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