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En los años setenta también se puso en funcionamiento esta otra discoteca, que esto era lo más de lo más para todos, espaciosa y con tus amplios asientos y en donde podías intimar de otra forma, sin que nadie a tu alrededor, de no estar pegado a ti, te llegara a conocer. Las luces eran tenues y la música, la verdad, que a mí me daba un poco igual. A mí me cogió cerca de los treinta, por lo que la cabeza andaba pensando en otras cosas que no eran de BOYMA ni del TRIÁNGULO; en definitiva, un poco carroza ya Felipón para hacer lo que hacía anteriormente.
Ya la pandilla de mendigas y mangantes de entonces se fue deshaciendo poco a poco, como no podía ser de otra forma. La mayoría había pasado por la vicaría, con hijos algunos y los otros en ese camino que la edad requería, y no podías salir del redil en los tiempos que corrían.
A pesar de todo, lo bueno que tenía la discoteca (el aparcamiento, los sillones, sobre la música para los gustos colores...), uno no acudía para escuchar música, sino para encontrar un lugar donde tener una determinada intimidad de pareja de novios que desean… eso.
Un domingo por la tarde estrenaba su coche Felipón, más contento que unas castañetas y pensó: "yo no me voy por el camino, no sea cosa que se me ensucie el Ford Orión". Ni corto ni perezoso, como dije, tenía cosas buenas, pero para la entrada desde la carretera saliendo del pueblo hacia la discoteca tenía la línea continua, y esto la Benemérita lo sabía bien.
La primera en la frente. La multa, treinta duros. Por listo, y este guardia civil lo conocía él, se llamaba Apolonio… majo… majo el picoleto, pero ya sabéis el refrán: el que tiene un amigo Guardia Civil es como el que un tío en Alcalá, que ni tiene tío ni tiene naaa.
También se le quedó en la memoria otro día. Todos sabemos que cuando se sube por la carretera a mano izquierda queda el campo de fútbol y a la derecha el silo. Allí decidieron pasar la tarde y no entrar en la discoteca. Pasando tres horas de bla… bla… bla… ya cansados de tanto bla…bla… bla… decidieron tomar el aire. Jaime y Lola se quedaron en el coche mientras que Felipón y Carmen decidieron pegar una vueltecilla por el alrededor. Distraídos y no poniendo atención a lo que pasaba, en un abrir y cerrar de ojos tenían a un alienígena cerca del coche. ¡La leche que se quedaron sin saber qué decir ni qué músculo mover, por si el bicho los descubría y les pegaba un tiro! ¡Era lo mínimo que les podía pasar!
Inmóviles como estatuas, con la respiración entrecortada, les subía y bajaba un cosquilleo en todo el cuerpo al mismo tiempo que les costaba respirar, cada vez más despacio y entrecortada la respiración. Así, pasmaos, pasaron quince minutos haciendo asomadillas, hasta que en una de ellas descubrió el coche de la Guardia Civil. Esto, en principio, los tranquilizó. Se fueron acercando poco a poco, lentamente. Cuando estaban a tres metros del coche seguían sin ver a nadie dentro pues los cristales estaban totalmente empañados de vaho. El guardia civil, al verlos, los saludó correctamente y fue correspondido de la misma forma. Cuando ya se reconocieron mutuamente, Apolonio se dirigió a Felipón diciéndole: "el coche es tuyo ¿no? Pues te tengo que denunciar". A lo que Felipón preguntó por los motivos de la denuncia. "Por pelar la pava en la vía pública!" Entonces él, alegó que no estaban dentro del coche. Y le contestó el guardia: "¿de quién es el coche?" "Pero si desde fuera no se podía ver lo que se estaba haciendo", dijo Felipón. "Sí, pero lo puedo imaginar, que tonto no soy… Felipón pensó: "tonto, lo que se dice tonto no eres…, pero puede que te falte un verano, picoleto".
El parón digestivo fue extenso y largo, tanto para Jaime y para Lola, que sufrieron el parón de lo que se supone que hacían dentro del Orión. nunca lo olvidarían el resto de su vidas. El que un guarda civil te corte en ese momento poniéndote la linterna en la cara debe de ser inolvidable para que no se repita el resto de los días.
Cuando después de tanto tiempo lo recordamos con risas y cachondeo, nos acordamos de ti, Apolonio, y te deseamos que estés vivo y no muerto. Verte de nuevo sería agradable, ver que has encontrado el verano que te faltaba.
¡PUES NOSOTROS ENCONTRAMOS EL NUESTRO!
(CHASCARRILLO)
¿Queréis un consejo
gratis?
Lo doy y no lo vendo.
El que quiera pelar la pava
del silo se vaya lejos.
No creo en los extraterrestres
ni en lo ricos, ni en el dinero.
Hay un Apolonio que te vigila
y te deja con hambre de… eso.
Si no quieres que te pase
lo que les pasó a estos,
vete a la vereda,
vete fuera del pueblo.


Esto va dedicado a los dueños de la discoteca JULFA... La persona qué montó el sonido y las luces fue un señor qué aún en vida se llama José Luis Garcia Fernández... Os acordáis de el? Encima de la disco estaba el restaurante y salon de bodas no? Bueno yo soy su hijo Jose Maria y estuve como aprendiz montando la discoteca. Saludos a tod@s.
ResponderEliminarJULFA ,NO FUE LA PRIMERA DISCOTECA EN ESE ESPACIO.
ResponderEliminarPROMERO FUE TEDRIAN.