A LA VIRGEN DE MI PUEBLO, por Ana Mª Fernández Pérez (Vidas Manchegas, 1911) | Las Pedroñeras

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martes, 22 de septiembre de 2026

A LA VIRGEN DE MI PUEBLO, por Ana Mª Fernández Pérez (Vidas Manchegas, 1911)


Esta que veis en la imagen es la Virgen de la Asunción (Nuestra Señora de la Asunción), imagen principal (central) del retablo de la iglesia de Las Pedroñeras. Quizá no todos sepan que esta Virgen es la advocación de nuestro sagrado templo (iglesia de la Nuestra Señora de la Asunción). Desconozco desde qué época o año es así. En la Edad Media, la iglesia estuvo consagrada a Santa María. Y quizás tampoco todos sepan que el día 15 de agosto se celebra el día de la Asunción de la Virgen (asunción de "asumir", esto es, su ascenso a los cielos tras su muerte; no confundir con la Ascensión de Jesucristo, ¡ojo!). La imagen, según me reveló esa persona maravillosa y encantadora llamada Juan Ortega Iniesta "el Aceitero" (para más señas), la donó su familia tras la Guerra Civil, en 1940, por una promesa que hicieron supeditada al regreso con vida de su abuelo durante la guerra (las pasó canutas, pero esto es otra historia).


Es el caso que el 15 de agosto, a la Virgen que se saca en procesión es a la Reina de los Ángeles, patrona también de nuestro pueblo (recordad), junto a los santos patronos. Y es que el 15 de agosto de 1973 el obispo de Cuenca, entonces, monseñor Guerra Campos, ofició la coronación de esta Virgen, que quedó fijada como patrona desde entonces. 

El artículo que os dejo por aquí abajo se publicó 1911 y en él la culta señorita Ana Mª Fernández Pérez (hermana de don Leonardo, el farmacéutico, y asidua en las tertulias que se celebraban en la rebotica) dejó plasmado en agosto de ese año su devoción por Nuestra Señora de la Asunción a la que llama "Patrona" de Pedroñeras. Así sería. Por qué cambió este patronazgo es algo que uno no conoce, pero que le gustaría saber; saber las causas concretas.

Os dejo con el artículo, muy sentido y muy bien escrito aunque no siguiera estudios reglados. Se publicó en el número 192 de la revista Vida Manchega, revista regional ilustrada publicada en Ciudad Real el día 19 de octubre de 1911, al hilo de la adquisición en este año de la imagen de la Virgen de la Asunción.


A LA VIRGEN DE MI PUEBLO


ANA-MARÍA FERNÁNDEZ PÉREZ.

Pedroñeras, agosto 1911. 


Jamás, durante el pequeño transcurso de mi vida, tuve tan grande satisfacción como la experimentada el día 15 del pasado mes de Agosto, al ver cómo la católica Iglesia y pueblo de Pedroñeras celebra solemnemente la bendición y fiesta de su excelsa Patrona, Nuestra Señora de la Asunción.

Nunca, como en el presente momento, pude evocar la musa del inolvidable poeta [Ramón de Campoamor], recordando la bella estrofa de su inimitable Carta «¡Quién supiera escribir!» Quién supiera imprimir con letras de oro la inspiración que ansiosa anhelo para ensalzar como merecen, los divinos destellos que por doquier irradia la Pura Imagen, la blanca Perla de la Asunción de María.

Mi tosco decir y mi torpe pensar se anonadan ante tan peregrina magnitud. Pero mi hondo sentir me alienta para acercarme a los pies de la que toda es Dulzura y Esperanza nuestra.

Virgen hermosa de la Asunción de María: Virgen entre las Vírgenes, cándida azucena a cuyo aroma se disipan todos los males de la tierra; bálsamo que cura todas las heridas y calma todos los dolores del corazón.

Virgen purísima en tu Concepción Inmaculada, la más hermosa flor de la Judea. Santa criatura que Dios regaló a este mundo para asombro de los siglos, para gozo de los ángeles y consuelo de los hombres.

Virgen y santa criatura, cuya vida fue luz para la humanidad y cuya muerte fue promesa de venturas celestiales.

A ti, Asunción bendita, canta mi pobre voz en este memorable día, para celebrar, con mis paisanos, tu entrada triunfal en el pueblo que te tiene por Patrona.

Y, al recorrer tu veneranda Imagen las principales calles de la población, toda ella se viste con sus mejores galas, toda ella se alboroza y regocija con demostraciones de su grande júbilo, siempre pobre y sencillo, como pobre y sencillo es el hogar donde has de morar desde este día, para representar y bendecir las oraciones de tus fieles hijos. Pobre y sencillo es todo el homenaje que te tributamos, como pobres y sencillos son los moradores de este apartado lugar donde siempre se ha venerado tu santo nombre bajo la misteriosa advocación de tu Asunción a los cielos, sin que hasta el presente feliz momento tuviésemos el inmenso consuelo de dirigir nuestros ojos a una Imagen tuya cuando la plegaria movía nuestros corazones, cuando la pena ahogaba nuestros pechos o cuando la alegría inundaba nuestras almas.

De hoy en adelante, y debido a la tierna munificencia de un celoso Sacerdote [quizás, Felipe Muños, que figura en documentos como "cura ecónomo" de 1909 a 1911], ya tenemos una bellísima imagen de tu Asunción benditísima, ya podemos postrarnos ante Ti, contemplándote en el elocuente retrato de tu Santísimo cuerpo, que se eleva hacia el Eterno, llevando sobre las ebúrneas palmas de tus manos las plegarias de los hijos de Pedroñeras [esa nueva imagen desaparecía -suponemos- en la Guerra Civil].

Ahora, al penetrar en el Santo templo y al elevar nuestra vista, veremos, llenos de alegría, en su Trono de gloria a nuestra Virgen, bella como la luna y brillante como el sol, pudiendo exclamar con el corazón enternecido: ¿Quién es Esta hermosa, como la aurora resplandeciente de claridad? Y entonces Tú, Madre querida, responderás con la dulce sonrisa de tus labios: soy Aquella que tiene sus plantas en el jardín de sus hijos y su corona en el cielo: soy Aquella que fecunda las flores de la tierra y hace brotar el fruto de las virtudes: soy Aquella a la que tanto habéis acudido en vuestros llantos: Aquella que tantas lágrimas os ha enjugado: Aquella que os salvó de tantas miserias y penalidades: Aquella que vela por vosotros: Aquella que bendice vuestros campos y vuestros hogares: Aquella que tanto os ama. Soy la Reina de los Ángeles, soy la Madre del Amor Hermoso, soy la consoladora de los hombres.

Soy la que os libra de todos los males y os colma de todos los bienes.

Soy la salvaguardia de los hijos de Pedroñeras, de esos hijos predilectos del Altísimo, que siempre me honraron en mi Asunción bienaventurada.

Y esa celestial armonía que sale de los dulcísimos labios de Nuestra Madre, doblará nuestras rodillas y humillará nuestras frentes, haciéndonos caer desfallecidos de inefable gozo y de intenso amor ante ternura tan dulce; y, juntando en noble y apretado lazo los sentimientos de nuestros corazones, elevaremos una férvida plegaria para pedirle que descienda hasta nosotros un destello de su luz esplendorosa que nos alumbre en las tinieblas de la duda: que nos muestre la senda de la fe para saber pedir, para saber amar y bendecir a La que es nuestro faro en el camino de la vida; para saber amar a La que elevó su triunfo sobre todas las concupiscencias: a La que fue Inmaculada desde su Concepción hasta su Asunción benditísima, a La que fue más fuerte que la muerte elevando sobre ella su cuerpo y su alma celestial.

Hoy, que la Virgen nos visita en su imagen adorable, parece sentirse la augusta y magestuosa [sic: majestuosa] voz de Dios, más dulce y más suave que el gemido del céfiro en las tibias mañanas que humedece y acaricia las flores, más armoniosa que el concierto sublime de la Naturaleza toda.

Hoy parece que el sonido de las campanas es más vibrante, más alegre, más consolador: parece que sus ecos se confunden con los bulliciosos clamores del entusiasmo pueblerino, y en cromática confusión se armonizan con las notas de la música que abrillanta y populariza más el entusiasmo general.

Es que es el día de María: es el día felicísimo de la Asunción hermosa cuya grata visión disfrutan a placer los hijos de Pedroñeras. El día en que se bendice la nueva Imagen de su Patrona; es que es el instante sublime de penetrar con Ella en la Iglesia, donde, al tomar posesión de su Santa morada, se posesiona de todos los corazones que la adornan en este pueblo.

Por eso suenan fuertemente las campanas. Por eso se abren de par en par las puertas del Sagrado Templo: por eso se enternecen nuestros corazones. Por eso el pueblo entero de Pedroñeras se une a sus directores espirituales en dulces expansiones del alma imaginándose ver a su Santísima Madre elevarse en los aires y penetrar en la Gloria, sintiendo como un remedo de la alegría que experimentarán los Apóstoles Discípulos del Señor, en el momento supremo de la Asunción de María a los Cielos.

Por eso todo es fiesta y bullicioso clamor. Por eso suenan fuertemente las campanas. Por eso se llenan los aires de armoniosos ecos musicales, por eso brincan de placer los corazones.

Digna es la Imagen de María de la fiesta que en su honor celebra el pueblo de Pedroñeras.

Las casas y balcones rebosan de personas ávidas de ver pasar la imagen. Las vistosas colgaduras que los adornaban, asemejan algunos los colores nacionales con que se rinde honor a la que es reina de la nación española, no faltando en ellas los Escudos Reales.

Inmensa muchedumbre acompaña a la Imagen, presidida por las autoridades eclesiásticas y civiles, todos unidos en un solo sentimiento, el amor a la Asunción de María.

La bendición de la sagrada Imagen, la procesión y posesión del Templo por la Virgen, actos que son muy conmovedores e imborrables para este culto pueblo.

Todas las miradas se dirigen a la que es nueva Arca de la Alianza y Vaso de verdadero maná.

¡Ella es la salvaguardia de las santas creencias de los hijos de Pedroñeras.

Acudamos a Ella, de hoy en adelante todos los días, a toda hora, en todo momento de nuestra tribulación o de nuestro gozo. Y, al conmemorar la adquisición de su santa imagen como suceso tan singular y consolador, dediquemos un recuerdo a nuestros paisanos ausentes que no han gozado de este favor tan grato, pero que seguramente unirán al nuestro su entusiasmo.

Y ya que la Santísima Virgen lleva en sus manos nuestras plegarias, pidámosle también que al favorecernos en vida, nos auxilie doblemente en muerte, conduciéndonos á la morada de los bienaventurados.

Los humildes hijos de este pueblo se acogen a Tu santa protección, Virgen María. Y yo, como la más insignificante de los que te invocan, me postro á tus benditos pies implorando Tu bendición para el pueblo que te tiene por patrona, para tu silencioso rincón de Pedroñeras.

[Mantenemos todas las mayúsculas de texto. Actualizamos, en cambio, la acentuación de los monosílabos á, é, ófué o tí. Lo incluido entre corchetes son aclaraciones mías, así como son del que esto escribe los subrayados y palabras en negrita].






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