PROVINCIA | Domingo, 30 de Julio de 1989 | EL DIA
FERIA INTERNACIONAL DEL AJO
A mi amigo ajero de Las Pedroñeras
Querido amigo:
Ocho años, camino de nueve hace que nos conocemos y en este tiempo he podido comprobar vuestra gran dedicación y espíritu de sacrificio para llevar a cabo una labor callada y continua de la que muy poco se sabe.
Muchos hemos leído sobre el ajo de Las Pedroñeras y no podía ser menos al tratarse de un producto de calidad difícilmente superable. Muchas plumas anteriores han glosado sus virtudes y poco puedo yo aportar a tan magníficas explicaciones.
Sin embargo, poco se ha dicho de vosotros los ajeros, personas anónimas que dedican vuestra vida, de una forma modesta, a tan importante trabajo. Verdad es que en esta época de modernos medios mecánicos y grandes ocupaciones empresariales y comerciales, vuestra tarea queda algo diluida. Pero ¿Qué se conseguiría con ello?
Por eso, con mi mayor respeto para todas las empresas y personas que colaboran en esta actividad quiero dedicaros, especialmente a vosotros este pequeño artículo.
Digo al principio "nuestra fiesta anual del ajo", porque yo me siento pedroñero como vosotros, sin que esta integración me haga olvidar mi pueblo natal, también manchego.
Cuando empecé a conoceros, a principios de esta década, me costó comprender como veníais a verme, vosotros y vuestros compañeros, a horas intempestivas buscando remedio a los problemas de salud, muchas veces después de varios días de fiebre o sufrimiento. Me costó comprender también que consideráis tan importante el trabajo que realizáis que os hacía olvidar todo al menos, relegar las cosas, incluso semas tan importantes como la salud, esperando mejores ocasiones, lo que por desgracia trajo complicaciones algunas vez.
Capiatí del ajo
No quisiera pasar por alto una anécdota que me ha ocurrido en varias ocasiones al hablar con diferentes personas y mencionarles que estaba en Las Pedroñeras, "capital del ajo". Su pregunta ha sido siempre parecida: ¿habrá pocos enfermos porque el ajo es bueno para la salud?
Mi respuesta fue siempre la misma: No es igual la persona que come el ajo que la que lo siembra en diciembre-enero, lo escarda en marzo, lo "espalota" en junio y lo cosecha en julio.
Mis inquietudes profesionales me llevaron también a recoger en un pequeño libro muchas de esas observaciones, pensando que podían ser de utilidad el día en que dispusiéramos de un centro de salud, lo que por suerte ha llegado ya, después de muchos avatares y aplazamientos.
¿Cómo son los habitantes de Las Pedroñeras? En su mayoría trabajadores agrícolas, casi todos dedicados por completo al ajo. No me siento el más indicado para describiros, pues posiblemente no sería objetivo.
No obstante no puedo silenciar que estáis dando un gran ejemplo con vuestro incesante trabajo, resaltando sobre todo ese quehacer callado de las mujeres pedroñeras con el que habéis logrado tantas cosas.
En primer lugar un gran pueblo donde se respira valentía, que ha de tenerse para año tras año y sin miedo a los kilómetros y la inseguridad del mercado os embarcáis en la empresa de continuar cultivando el ajo morado. Por doquier se encuentra uno con una gran chiquillería, signo inequívoco de que es un pueblo joven y con futuro.
Por otro lado un gran municipio, con sus tres grupos escolares modernos, que, bien es cierto, echa de menos un instituto para que nuestros jóvenes estudiantes no se vean obligados a desplazarse diariamente; con un centro cultural en marcha y con edificaciones modernas que a pesar de los malos últimos años, son fieles testigos de prosperidad.
Un gran pueblo que proporciona trabajo a todos sus vecinos, tanto jóvenes como mayores, así como a las gentes de otras localidades colindantes en pos de mejorar progresivamente las condiciones de vida.
Pero cuidado, que todos estos logros no nos impidan ver el futuro. Ya pasó el tiempo en el que el buen paño se vendía en arca. Hoy es necesario luchar y diversificar mercados, y de poco servirán vuestros grandes esfuerzos productores si no se consigue luchar con la competencia internacional.
Paseando un día por el gran mercado de Rungis, próximo a París, me llevé una gran alegría a ver vuestros ajos en su clásico embalaje, etiquetado y lugar de procedencia. Me dio la sensación de estar en Las Pedroñeras. Pero mi alegría se turbó un poco al ver que este producto de nuestra tierra estaba casi oculto entre grandes masas de ajos procedentes de otros países como Italia, Grecia, Argentina, Marruecos, México y demás que no recuerdo.
Comprendí entonces lo difícil que debe ser introducirse en otras naciones y que esto debe ser una labor lenta y costosa.
Pero que esto no nos frene, sino al contrario, que sirva de estímulo para proseguir el camino ya iniciado.
Y si en algo pudiera serlos útil mi ayuda, sabed que siempre estaré con vosotros.
Recibid un fuerte abrazo.
Miguel Ángel Díaz



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