Mi artículo de San Isidro del pasado 2025 publicado en el libro de la cofradía: "El romance de san Isidro en Las Pedroñeras" | Las Pedroñeras

Etiquetas

Adivinanzas (1) Ajos (71) Álbumes y cromos (13) Anécdotas (6) Antropología médica (2) Arqueología (7) Artículos en otros medios (8) Artículos en Pedroñeras 30 Días (71) Aviador Laureado Félix Martínez (7) Basura Espacial (9) Belmonte - por Miguel Ángel Vellisco (120) Bodegas antiguas (1) Calendarios (1) CALLEJERO (17) Cancionero (58) Carlos Martínez Rubio (1) Carnaval (1) carteles (1) Censo - Población (22) Chozos (4) Cine (2) Cortometrajes (1) Creencias pedroñeras (3) Cuentos y chascarrillos (4) Curiosidades (68) Documentos de Ignacio de la Rosa (9) El rincón de Teresa (20) Entrevistas (14) Fiestas (42) Folclore (3) Folclore infantil (31) Fósiles en Pedroñeras (2) Foto semanal (11) Fotografías y postales (57) Fotos del Lugar (18) fútbol (1) Grupos de música (1) Guerra Civil (10) Habla pedroñera (89) Historia pedroñera (237) Historias de Vicente Sotos (2) Huertas pedroñeras (6) I.E.S. Fray Luis de León (11) Iglesias y ermitas de nuestro pueblo (10) Instituto (6) Inundaciones en Las Pedroñeras (7) Julián Escudero Picazo. (11) La sección de Enrique Guijarro (3) La sección de Fabián (245) La sección de Vicente Sotos (88) Libros (5) Libros de las fiestas (9) Libros sobre Pedroñeras (99) Literatura sobre Pedroñeras (37) Lugares emblemáticos (3) Luis Chicharra (1) Mapas (4) Mata Hermosa (4) Medicina popular (1) Memorias (44) Microrrelatos (9) Miscelánea (16) Mojones (3) Molinos (1) Motes de Pedroñeras (10) Museo del labrador (11) Naturaleza de nuestra Mancha (24) Naturaleza en Pedroñeras (14) Neruda (1) Noticias Pedroñeras (29) Origen del nombre de Pedroñeras (3) Paisajes pedroñeros (2) Palabra de Saturio (6) Patrimonio pedroñero (24) Pedroñeras fuera del pueblo (1) Personajes famosos (39) Platos típicos (2) Pluviometría de Pedroñeras (146) Poesía (1) por Pedro Sotos (3) Pregón de las fiestas (4) Pregones (1) Prensa histórica-Noticias históricas (59) Prensa y revistas (4) Promoción (1) Quinta 69 (2) Quintas (3) Recetas pedroñeras (16) Refranes con ajo (1) Relaciones de Felipe II (1575) (8) Relatos (4) Reportajes fotográficos (18) Riada del 2009 (1) Rutas pedroñeras (2) Santiaguillo (5) sellos (16) Tesis Mª Pilar Martín Alonso (11) Toponimia (90) Usos y costumbres pedroñeras (18) Varios (24) Viajecetes (14) Vídeos (69) Virgen de la Cuesta (6)

lunes, 6 de abril de 2026

Mi artículo de San Isidro del pasado 2025 publicado en el libro de la cofradía: "El romance de san Isidro en Las Pedroñeras"

 

EL ROMANCE DE SAN ISIDRO DIVULGADO EN LAS PEDROÑERAS

  

 

 © Ángel Carrasco Sotos


Con una motivación especial, tomamos de nuevo la pluma (o el teclado, por mejor decir) para escribir otro artículo sobre san Isidro y su fiesta, a petición de Cristina Pacheco, con la que contraje el pasado año un compromiso que no he olvidado. Esta vez, os hablaré sobre el romance dedicado a san Isidro que se divulgó por estas tierras hasta bien entrado el siglo XX y que uno recogió por escrito y publicó para evitar su olvido. Os pongo en antecedentes.


A raíz de la canonización, en el año 1622 (como comentamos el pasado año en un primer artículo que podéis leer aquí), la figura de san Isidro se hizo aún más popular, y favorecieron esto mismo, por añadidura, los numerosos pliegos de cordel y hojas volanderas en donde, desde el mismo siglo XVII, figuraban relatos sobre la vida y milagros del santo, es decir, una especie de síntesis hagiográficas dirigidas al público en general, entre el que abundaba un analfabetismo manifiesto, más allá de las cuatro reglas y la lectura torpe, silabeada y guiada con el dedo. Las imprentas sacaron beneficio con estas hojas, pero también aquellos vendedores ambulantes que se encargaban de divulgarlas por los pueblos y ciudades de nuestra Piel de Toro, casi siempre ciegos o gente impedida que se ganaba el pan de esta manera (ese era el beneficio, y que no faltase: pan, digo). En Pedroñeras, aparecían de cuando en cuando, parando en lugares pasajeros, y en torno a ellos se arremolinaba la chiquillería y las mujeres mayormente, que eran quienes más apego tenían a estas historias que el ciego, manco, cojo… se encargaba primero de recitar o cantar con la mejor gracia que el cielo o su naturaleza le asistían para embelesar a la audiencia. Mi abuela Victoriana era una gran compradora de estas hojas volantes, y he de decir que no tardaba mucho en memorizar los romances que venían impresos en estas hojitas de papel de poca calidad (algunos de los que se sabía de memoria superaban los 500 versos, que se dice pronto). A veces, el hombre que las recitaba (siempre, en todo caso, con cierta melodía o entonación enfática, y alzando la voz hasta el límite que su garganta le permitía) se servía de un pliego de aleluyas con viñetas que representaban momentos o escenas de lo que se iba contando en el relato. También existió este tipo de pliegos en el caso de nuestro santo. Con una vara o la misma garrota que le servía para apoyarse al andar, iba señalando la escena al tiempo que sus palabras se referían a ella. Si habéis visto la película sobre el crimen de Cuenca, de Pilar Miró, sabréis a lo que me refiero.


Aleluyas sobre la vida y milagros de san Isidro.


Fue en los años 90 del pasado siglo cuando empleé una buena parte de mi tiempo libre en recopilar nuestro cancionero popular, ese que solo podía consultarse no en libros, sino acudiendo a la memoria de nuestros mayores una vez que decayó la moda o, mejor, la tradición de cantar coplillas y otras canciones más extensas. Me impuse que toda esa literatura que se había difundido y cantado de manera oral no podía perderse para siempre, de modo que acometí tan rara empresa haciendo entrevistas a familiares y ancianos del lugar, y sirviéndome también de agradecidos trabajos de mis alumnos (algunos todavía los recuerdan pues dejaron huella en su memoria, no solo por el trabajo resultante en sí, sino por la experiencia de conocer de sus abuelos de manera directa estos cantarcillos y romances). El trabajo final se publicó a través de la Diputación de Cuenca unos diez años después (en 2009) de haber acordado con el servicio de publicaciones que el libro merecía la pena que pasase a la estampa. Pero esto es una historia muy larga que merecerá ser contada en su momento.

 

 

Yendo a lo que nos interesa, la versión del romance recogida por mí (en distintas versiones de variantes mínimas en Las Pedroñeras), respondía a una de las más divulgadas en nuestra región, recopilada también por el estudioso Francisco Mendoza Díaz-Maroto en su interesantísimo estudio sobre el romancero albaceteño. Mi informante directo fue mi madre, Lucía Sotos Gabaldón (quien lo recordaba de memoria perfectamente), pero también me llegaron otras versiones de Ramona Salcedo, María Gómez Pacheco y Mª Luisa Martínez, que apenas diferían de la conocida por la Lucía “la Santana”, mi progenitora.

 

 

Este romance fue muy divulgado por la España meridional y narra el conocido episodio (o milagro) acaecido en las tierras de Iván de Vargas, en Madrid (aunque no se mencione el lugar ni el nombre de su amo en tal romance) en las que san Isidro labraba por haber sido contratado para ello. Otros labradores que allí servían, viendo que el santo aparecía en el trabajo pasado el mediodía (se ausentaba por irle a rezar devotamente a la Virgen, acto que tampoco se menciona en el romance) acuden, envidiosos, con el chisme al tal Vargas (un caso de absentismo laboral, diríamos hoy en día), caballero y dueño de la finca. Las quejas provocan que el propio Vargas acuda a espiar a Isidro para comprobar los hechos sobre el terreno. Se acerca a él, pues verifica que está arando con unos bueyes (también otros que “lucían de blanco” (los ángeles), lo saluda, le pide explicaciones y le responde Isidro que a él solo le ayuda el Señor. Emprende entonces la arada y, atónito, Vargas comprueba que, pese a haber solo un arado, aparecen sobre la tierra tres surcos. Entiende entonces que Isidro es santo y que lo que allí está aconteciendo es un milagro y que esto ha de darse a conocer.

Sin más, os paso a copiar el romance en su versión pedroñera para que disfrutéis con él, lo memoricéis y así ayudéis a perpetuar este popular poema y la memoria de san Isidro Labrador. Vamos con él.

[Como podéis comprobar, los versos son octosílabos, se agrupan mayormente en coplas, y se dan en él distintas asonancias en í-a, y á-o, siendo esta última la que más abunda].

 

    

Imagen de san Isidro Labrador que se venera en Las Pedroñeras

(postal de los años 70).


 

Romance pedroñero de san Isidro

 

San Isidro Labrador

labraba en su quintería

y, cuando salía a labrar,

era más de mediodía.

 

Los de aquellos alredores

todos le tenían envidia

en ver que sus gananciales

iban a más cada día. (o “sin comparación crecían”)

 

Fueron a casa del amo

y lo fueron a imponer:

-Mire usted, que su criado

no cumple con su deber.

 

-Si mi criado no labra

ni cumple con su deber,

a usted no le pido nada

para pagarle al criado,

así que él está conforme,

yo servido y él pagado.

 

Su amo, que no era tonto,

se quiso enterar del caso.

A otro día, por la mañana,

ha cogido su caballo.

Desde la orilla del pueblo,

vigilaba desde largo,

y vio que en su tierra había

tres pares de bueyes blancos,

y los que iban detrás, (o “y los que llevaba Isidro”)

también lucían de blanco. [los ángeles que le ayudaban]

 

Al pasar por un arroyo,

que todos acostumbramos,

tendió la vista hacia el suelo,

donde pisa su caballo.

 

Y, cuando la levantó,

no había más que Isidro arando.

Ya llega donde está Isidro

y, después de saludarlo:

 

-Dime tú, Isidro, quién son

los que te están ayudando.

-A mí no me ayuda nadie

para hacer yo mi trabajo;

tan solo el Rey de los Cielos,

que me da salud y amparo.

 

Estando en estas palabras,

salió san Isidro arando,

y vio que salían tres surcos

sin haber más que un arado.

Se vino el amo a su casa

con alegría llorando

en ver que en su finca había

un labrador que era santo.

 

A otro día por la mañana

las campanas repicaron,

que iban a alzar a Isidro

por mandato de su amo.

 

Hasta el año que viene. ¡Feliz día de San Isidro, paisanos!

 

Finales de los 70. Carroza de boda. En la foto: Vicente Solana padre, con gorra; Florencio Cano e Isabel Crespo (padrinos); Isidoro Araque y Pili (novios); Juan Antonio “Morceguil” (invitado); Jose y José Luis (monagos); Eugenia Higueras (angelito); Vicente Solana hijo y Antonio Gallardo (curas). Aparece también la madre de Isidoro. Cedida por Antonio Gallardo Izquierdo “Pililla”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario