por Luis "Chicharra"
Todo el mundo ha oído hablar de la Movida, un fenómeno cultural que atravesó la península ibérica en los años ochenta como una explosión de libertad y creatividad tras el fin de la dictadura y los convulsos años de la llamada “transición política” a la “democracia”. Se recuerdan sobre todo, a menudo con nostalgia, sus expresiones en el ámbito de la música comercial. Porque en el fondo la movida no era otra cosa que la importación lúdica y desinhibida de la cultura “pop” dominante en los países del mundo “desarrollado”, de hegemonía anglosajona, en un intento de equipararnos al “mundo libre”. Pero alrededor de la música, la movida era también arte, diseño, moda, comunicación, conflicto social, liberación sexual, experimentación con sustancias y, en general, un cambio generacional de mentalidad en todos los ámbitos.
Se trataba de un movimiento fundamentalmente urbano cuyo epicentro se estableció en Madrid, pero que tuvo réplicas por todo el estado. Hubo focos en Vigo, Valencia o Málaga que alcanzaron una proyección notable. En Euskadi, debido al contexto político y social, adoptó una actitud confrontativa escorada hacia el punk. En Barcelona llevaban ya una década experimentando con fórmulas distintas a la música folclórica y melódica que se emitía en las radios mesetarias. En cada comunidad, en cada comarca, en cada pueblo se generó una “escena alternativa” con caracteres propios, que fraguaba en locales de encuentro, canales de comunicación independientes y hábitos excéntricos. Incluso en La Mancha, Extremadura o la Castilla fría, donde “todo era campo”, surgían colectivos marginales animados por la misma rebeldía y el mismo deseo de trascender nuestras raíces que al cabo del tiempo lamentaríamos haber perdido.
En Las Pedroñeras tuvimos locales como El Pájaro Loco, que luego se bifurcaría en los pubs Periko y León, entre otros bares musicales como el Portazgo que, aunque se ambientaban con yacht y rock clásico, acogían esta sensibilidad y se convirtieron en puntos referenciales para toda la comarca.
Había una pequeña radio libre llamada Eco 4, promovida en su propio domicilio por Fernando Esteban, donde tuve mi propio espacio dedicado a rock en español llamado El Corral. Allí programaba música independiente grabada en cintas de casete de Radio 3. Esta radio popularizó en el lugar a grupos como Ilegales o Polanski y el Ardor, y puede considerarse caldo de cultivo de lo que luego sería Radio Cámara, y posteriormente las dos emisoras actualmente operativas.
Teníamos también nuestra banda local, Los Gruños, que pese a anclarse en el rock progresivo incorporaban el espíritu irreverente del punk creando su propia marca, el “pistorock manchego”. Recuerdo una anécdota jocosa cuando fuimos entrevistados en La Voz de la Mancha de Socuéllamos, emisora católica y ultraconservadora, a la que acudí en calidad de letrista de algunos de sus temas. Interrogados por el significado de la palabra “gruños”, Jesús Molineta contestó rizándose el bigote: “cojones como puños”, lo que provocó un seísmo en las ondas y la indignación de la locutora, que cortó la entrevista jurando que no volveríamos por allí.
Más tarde Jesús hizo evolucionar su música hacia fórmulas más acordes con el devenir de los tiempos, con grupos como Molineta, Pasta Lila, Ninguno de Vosotros o su actual banda Kalifornia. Hay que destacar, sin embargo, la existencia previa de una banda de rock and roll llamada Los Tiburones, que tuvo cierta influencia en el ámbito comarcal y particularmente en Los Gruños.
Incluso tuvimos nuestro propio festival de rock llamado Rocksurrección, organizado mediante donaciones particulares por una efímera plataforma denominada Santa Cofradía de la Losa de Enjabonar, en homenaje a esta herramienta tradicional que se usó también para crear bases en los orígenes del blues. La plataforma soportó presiones y denuncias de los sectores conservadores de la región, que consideraban blasfemos tanto su nombre como el hecho de llevar a cabo el festival el domingo de Resurrección. Por lo demás, el evento fue un desastre a nivel económico y ninguno de los colaboradores en la organización pudo recuperar las 5000 pesetas que había invertido cada uno.
Junto a la música, uno de los canales fundamentales a través de los cuales se difundió la “movida” en el estado español, y antes de ella muchos otros movimientos underground y contraculturales en todo el mundo, fueron los fanzines. Los fanzines eran publicaciones de escasa tirada y bajo presupuesto, generalmente autoproducidos por aficionados a un tema concreto (cómic, música, cine, poesía, etc.) y dirigidos a un público afín que no encontraba respuesta a sus inquietudes en las revistas convencionales. Solían realizarse de forma artesanal, utilizando herramientas de diseño rudimentarias como el collage manual, la máquina de escribir tradicional y la fotocopia como medio de reproducción. Su distribución era igualmente precaria, al margen de los circuitos de la prensa, en bares, conciertos, centros sociales, por correo postal o a través de “distris” alternativas que funcionaban con el mismo espíritu DIY (acrónimo de la consigna “Do It Yourself”, que se traduce como “hazlo tú mismo”). Los fanzines fueron un factor fundamental de democratización de la cultura. Cualquiera podía publicar su mensaje sin pasar por filtros editoriales, sirviendo de canal de comunicación para estéticas y preocupaciones generacionales y de aglutinador de movimientos como el punk.
Como no podía ser menos, también el pueblo tuvo su propio fanzine, aventura en la que me involucré como promotor y coordinador, aunque para esta iniciativa me serví de las instituciones (Ayuntamiento y Centro Cultural Miguel de Cervantes). No fuimos los únicos que actuamos de esta forma equívoca. A rebufo de la moda y del cambio político, diversos ayuntamientos patrocinaban sus propios fanzines, concursos y festivales de rock, ofrecían locales de ensayo e infraestructura para canalizar las inquietudes de los jóvenes, haciendo de paso proselitismo de su propio partido y proyectando la imagen del municipio sobre la modernidad. Así que durante algunos meses, con la aprobación de la Junta y del entonces alcalde socialista Teodosio Pérez, pude contar con un frío despacho y una máquina de escribir vieja en los antiguos locales del convento para llevar a cabo mi primer proyecto de “fanedición”.
La revista se llamaba “Abro mi Bellota”, evocando un juego tradicional infantil en el que para hablar tenías que pronunciar primero dicha frase para que no te “emborricasen”. En mi planteamiento, se sustentaba en dos pilares: dar voz a creadores locales (músicos, ilustradores, poetas, fotógrafos, etc.) e incorporar voces de fuera con cierto lustre que conectasen con la línea progresista que quería imprimir a la publicación. El peso de las ilustraciones, tanto de portada como interiores, recayó sobre todo en el pintor local Miguel Sotos, gran amigo mío. En realidad todos los colaboradores formaban parte de mi círculo de una forma u otra, así que las mentes malévolas pueden considerar que estaba “enchufando” a la peña, y la revista no sería más que una compleja instalación eléctrica, incluyendo a Jose Luis Fernández Abel, personaje bastante conocido por entonces en la escena madrileña, quien me juró que si cometía algún error de edición “vendría a estrangularme con sus propias manos”.
José Luis Fernández Abel en Alphaville
Pero ninguno recibió remuneración alguna por su colaboración, con lo que los gastos de producción fueron mínimos. Pero para no extenderme en mi relación con cada uno de ellos y en las correspondientes anécdotas, y para no dejar ninguno en el “tintero”, incluyo aquí un índice donde podéis reconocerlos o puedan reconocerse. Si acaso haría mención de los que ya han desaparecido, como Ángel “el Grillo”, mi profesor de autoescuela, con quien libré muchas otras batallas; o Pepito “Molineta”, cuya ajetreada existencia influyó siempre en mi comprensión del mundo y en las fatales elecciones que han jalonado mi vida.
Hoy siento cierto pudor al desnudar estos materiales, tan impregnados de ingenuidad adolescente como adolecidos por la confusión social de aquellos tiempos, así el hecho de llevar a cabo un proyecto tan osado al abrigo de las subvenciones y de las servidumbres que ello conlleva. Para mí supuso un ejercicio de aprendizaje que más tarde pude aplicar en mi búsqueda por otro derroteros. Espero que los juzguéis con ánimo indulgente, como testimonios de un tiempo pasado que a todos nos concierne, y que perdonéis las omisiones o inexactitudes que pueda haber cometido. El texto está abierto a todo tipo de corrección o añadido. Y agradezco a Ángel Carrasco la oportunidad de rescatar estas experiencias.




Que bien leer cosas que gente del pueblo intentaba hacer, cosas arriesgadas, inexploradas, querer descubrir, animar el cotarro para esos tiempos. Ahora lo tenemos todo somos aburridos, sosos sin ganas sociabilizar y criticones. Vivan esos tiempos y las historias que publicas.
ResponderEliminarMuy buenos recuerdos para la generación de los 60, no éramos conscientes de los buenos tiempos qué estábamos viviendo.
ResponderEliminarBuen artículo "Luis Chicharra"
Según los dichos populares de Castilla-La Mancha y el saber tradicional, se cree que el viento solano tiene la capacidad de "volver loca a la gente".
ResponderEliminarSolía escuchar a los mayores decir "a ese le ha dao el solano" cuando se refería a alguno de esos jóvenes que se mencionan en el artículo o las otras nuevas pandillas que vinieron después con inquietudes lejanas al trabajo del campo, los ajos y vid.
Enhorabuena por recuperar esos momentos.
Se hecha en falta hacer alguna entrevista por ejemplo a ciertas personas del lugar como León y Perico dos ejes de cultura musical y de vida que a muchos de nosotros nos inculcaron la argamasa por descubrir nuevas tendencias musicales pues el Pub Pájaro loco era una mina de sapiencia y novedades.
Igualmente Chechu y su Il Monigote, Bonillo, el antiguo Barco y su atrezo vanguardista para la época....
Cecilio Iniesta y su propuesta musical en su rincón siempre fuera de los estereotipos convencionales...
Molineta y su "radio encubierta"...
Y me dejó un montón de personajes con mucho que aportar a este blog
Ánimo a Ángel a ello.
Un saludo a copa alzada 🍻
L. J