por Luis "Chicharra"
Todo el mundo ha oído hablar de la Movida, un fenómeno cultural que atravesó la península ibérica en los años ochenta como una explosión de libertad y creatividad tras el fin de la dictadura y los convulsos años de la llamada “transición política” a la “democracia”. Se recuerdan sobre todo, a menudo con nostalgia, sus expresiones en el ámbito de la música comercial. Porque en el fondo la movida no era otra cosa que la importación lúdica y desinhibida de la cultura “pop” dominante en los países del mundo “desarrollado”, de hegemonía anglosajona, en un intento de equipararnos al “mundo libre”. Pero alrededor de la música, la movida era también arte, diseño, moda, comunicación, conflicto social, liberación sexual, experimentación con sustancias y, en general, un cambio generacional de mentalidad en todos los ámbitos.
