La bomba que explotó en Pedroñeras en 1954 y mató a dos niños: conversación con Basilio de la Cueva (uno de los afectados) | Las Pedroñeras

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domingo, 27 de enero de 2019

La bomba que explotó en Pedroñeras en 1954 y mató a dos niños: conversación con Basilio de la Cueva (uno de los afectados)

Basilio de la Cueva Castellanos en su etapa escolar cedida por su dueño.


Me lo cuenta una de las personas involucradas en aquel infausto acontecimiento que se convirtió en noticia a nivel comarcal y acaparó parte de las conversaciones de los pedroñeros durante mucho tiempo. Aún se recuerda, de hecho. Su nombre es Basilio de la Cueva Castellanos y la información me llega a través de su nieto Diego de la Cueva Fernández, que ha hecho las veces de entrevistador ocasional. Un hecho del calado y la importancia que tuvo en su momento no podíamos dejarlo sin comentar en este blog pedroñero que tanto ha hecho por la recuperación de nuestra historia local. Pero vayamos a los hechos.

Francisco de la Cueva Castellanos (c. 1948).

Todo aconteció el 27 de marzo de 1954. La Guerra Civil había terminado en 1939 y Basilio contaba entonces con 11 años de edad. Él no la había vivido, pero algo sucedió en su vida que lo dejó marcado para siempre, algo que, de alguna manera, enlazaba con esa fatídica guerra entre paisanos.

Él, su hermano y dos amigos se encontraban jugando en la zona del Coso, en Pedroñeras, y dieron con un objeto extraño, de metal. Como niños que eran, comenzaron a pegarle patadas e intentaron abrirlo forzándolo. No podían saber de ningún modo que aquel artefacto con el que jugaban sin concederle la menor importancia (una especie de extraño bote para ellos) no era, en realidad, sino una bomba, una granada de mano posiblemente.

Es el caso que esa bomba maldita se activó y explotó dando un fuerte estallido. Esto ocasionó la muerte de dos de los niños: uno era el hermano de Basilio, Francisco; el otro, un tal Nicasio Mesas Hortelano "Casquilla", al que la bomba le estalló entre las piernas. A Basilio la metralla le segó medio muslo y al otro amigo que sobrevivió al estallido, Rafael Solana Parra "Magua" (aún vive), la explosión le afectó la cara. Ambos fueron trasladados de inmediato al hospital de Cuenca, donde permanecieron varios meses recuperándose. Debido a esto, ni él ni Rafael pudieron asistir a los entierros de los fallecidos.


Al fondo de este callejón que sale de la calle Jábega, explotó la bomba.


En realidad, había dos bombas, la que explotó y otra, la cual fue recogida por las autoridades que la hicieron estallar en las afueras del pueblo. Posteriormente, hubo una investigación para ver si las bombas habían pertenecido a los padres de alguno de los chicos (concretamente a los de mi entrevistado, por ideas políticas). También inspeccionaron la zona por si hubiese más bombas. Nada se averiguó sobre la procedencia de estas, que posiblemente eran un residuo de la Guerra Civil y algún desaprensivo las dejó escondidas sin prever, queremos pensar, lo que, de hecho, sucedió.

Fueron días en los que el pueblo se puso de luto, consternado por tan graves sucesos que, como decimos, llenaron las conversaciones de nuestros paisanos durante mucho tiempo. Aún permanece en el recuerdo de muchos y a Basilio le quedó, además, un cicatriz considerable en el muslo.

Queremos desde aquí darle las gracias por esta información que, reiteramos, forma parte de la historia social de nuestro pueblo de Las Pedroñeras.

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NOTA: Contrariamente a lo que uno esperaba, ni la prensa nacional ni la provincial se hicieron eco de esta noticia pedroñera. Nada encontraréis en el periódico ABC de estos días posteriores al 27 de marzo de 1953 [Basilio en principio creía recordar que había sido en 1953]. Pero tampoco, curiosamente, en el periódico conquense Ofensiva, que sí recoge otros acontecimientos de menor calado. Y uno llega a pensar que argumentos de peso impedirían que esta noticia se filtrara o llegara a la prensa oficial del momento, que quizá no estaba interesada en que estas cosas (ciertos hechos perturbadores) llegasen a conocimiento del público en general. Sus razones tendrían.


Apuntes posteriores:

Otro informante, vecino del Coso, me apunta unos datos que intentaremos confirmar. Según él, la bomba -según se comentó- la encontraron en una pequeña cueva con dos aberturas de poca profundidad donde los niños jugaban a perseguirse, entrando por una abertura y saliendo por la otra. Estaba en una casa que solamente conservaba algo de la fachada, junto a la fragua de Porfirio. Desde esa cueva, se la llevaron al callejón que sale de la calle Jábega. Los niños se pusieron a manipularla junto a la casa de los Higuerillas, sobre unos postes de teléfonos de madera, dándole con un martillo, lo que causó la explosión.


Datos de Isabel Mesas Hortelano:

Isabel Mesas Hortelano es la hermana de ese niño llamado Nicasio que murió con la explosión de esta bomba maldita. En una comunicación telefónica (ella vive en Valencia), ha querido corregir algunos errores que existían en el artículo inicial. Ella tenía 10 años y su hermano 13; vivían en la calle Jábega, 38. En primer lugar, me dice que, si bien el día del suceso fue el 27 de marzo, el año, en cambio, fue el de 1954, es decir, un año después a como lo recuerda Basilio. Las bombas, según ella, los chicos las encontraron en la pared de una casa medio hundida que había junto a la fragua de los Porfirios, en la calle Jábega. Era por la tarde (un sábado, según compruebo en el calendario). Tenían forma de bote y los niños las cogieron pensando que podían ser unas huchas. Las llevaron al corral de los Higuerillas, al final del callejón, y allí golpearon una de ellas con una piedra. Esto la hizo estallar. Su madre y ella, que se encontraban cerca de allí (concretamente en el patio de la Ramona, la abuela de Basilio, paredaña a esa casa hundida), fueron las primeras que llegaron al lugar. Se toparon con una escena desoladora, dantesca: dos niños yacían muertos en el suelo y otros dos malheridos ("Basilio salió andando, pero negro del todo por la explosión"). El hermano de Isabel, en concreto, estaba destrozado por la bomba y su madre lo reconoció por las zapatillas. La guardia civil hizo explotar la otra bomba, disparándole allí mismo delante de todos los asistentes y sin haber retirado los cuerpos. Su padre -me dice- criticó mucho que esto se llevase a cabo de este modo, pues la otra bomba hubiese podido valer de prueba para comprobar su procedencia. A los niños que no murieron los llevaron al hospital de Cuenca y a los fallecidos, al depósito de cadáveres, donde les efectuaron la autopsia. Al día siguiente se celebrarían un entierro conjunto en la iglesia, por la tarde (los cadáveres no los devolvieron a los familiares hasta la mañana de ese día). No hubo ninguna investigación posterior sobre el asunto, según Isabel. No conservan ninguna foto de su hermano, que ni había ido a la escuela.

Nosotros agradecemos su declaración, una declaración de primera mano. Todavía permanece en el recuerdo, de manera imborrable, esa imagen de la tragedia.

Yo vuelvo a consultar la prensa de la época (la nacional y la provincial) y vuelvo a salir desolado al no encontrar ni una sola mención sobre el asunto. Todos callan. Una noticia de este calado mereció sin duda que llegase a los medios, que se difundiera, pero nada encuentro en la prensa.


Documento sobre la exhumación de Nicasio Mesas Hortelano (con la fecha de su defunción)

Nos pasa Pedro Mesas Ruiz (sobrino de Isabel Mesas Hortelano y de Nicasio, uno de los niños fallecidos por causa de la bomba), un documento sobre la exhumación de sus tíos del cementerio Viejo (oficialmente, de Santa Catalina) al cementerio Nuevo (oficialmente, de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles). En él se explicita claramente que el año de la inhumación de Nicasio fue 1954. Todo sea por aclarar la fecha precisa del acontecimiento: 27 de marzo de 1954. Agradecemos a Pedro su significativa aportación. No se hace por quedar por encima de nadie. Solamente es por aclarar lo datos objetivos de lo que ocurrió. Y, por supuesto, el ir sumando recuerdos para reconstruir de manera fidedigna los hechos históricos.



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