Alejandro junto a unos de los hitos de la mojonera de Pedroñeras con El Provencio, situado en el cerrillo Araque.
Cuando a la hora fijada voy a recogerlo a su casa con el coche, esta tarde de febrero, él ya me espera junto al Pozo Nuevo. Me dice que aguarde, y entra a su casa para coger una garrota. Sale de nuevo y me pregunta si llevo agua. Entra de nuevo en su casa y sale con una botella en la mano. “De comer a lo mejor, pero agua nunca me falta cuando voy al campo”. Mientras se despoja de la pelliza, decidimos encaminarnos hasta el monte por el Camino de Villarrobledo, junto al que me sitúa con precisión el Pico los Lagartos. Ya desde aquí puede verse, al fondo, el Monte de Jareño, La Camarilla, donde ha ejercido como guarda durante 32 años, “desde el año 70 hasta que me jubilé, hermoso, hace 7 años”. Hay que decir que el testigo lo ha cogido con buena mano su hijo Julián, que vive en la casa principal del monte junto con su familia: sus hijos, Jonathan y Abraham, quienes me han servido en ocasiones de fieles mediadores en la anotación de topónimos.