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viernes, 1 de agosto de 2014

Las Pedroñeras y sus ajos - Artículo de Martín Álvarez Chirveches en ABC (1961): Foto del pueblo

Fotografía de Las Pedroñeras de 1961, año en que comienza a levantarse el depósito del agua.

Amablemente nos pasa este artículo nuestro amigo Carlos Martínez Rubio al que visitamos hace unos días en su residencia habitual de Cuenca, en cuya morada nos dio tan buena acogida que daban ganas de quedarse un par de semanas para escucharle hablar y convivir con él. Dios le guarde la salud muchos años. Ya iré poniendo otro material, de diversa naturaleza, que amablemente nos regaló este que fue durante 40 años administrador del hospital de Cuenca y que a sus 92 años está como una rosa. 


El artículo, titulado "Las Pedroñeras y sus ajos", firmado por Martín Álvarez Chirveches, trata precisamente de eso, de los ajos pedroñeros, por lo cual a nosotros nos interesa dejarlo también archivado en nuestro blog del Lugar. El texto fue publicado en la edición madrileña del periódico ABC, con fecha de 16 de abril de 1961.

El texto del artículo viene acompañado por una foto panorámica de Pedroñeras algo difuminada, pero que no deja de ser interesante (es la de arriba). Más abajo os dejo otra, también del artículo, en que aparecen unas ristras de ajos de la exposición de Aurelio Martínez, el padre de nuestro Carlos.

Allá va el artículo transcrito completo.


Las Pedroñeras y sus ajos

He aquí un lugar donde las tierras alcanzan gran amplitud. La llanura no se interrumpe con la aparición de pequeñas colinas, y el pueblo que en estas tierras se asienta, no busca con sus edificios la elevación, sino que se extiende con plantas bajas, amplias y adosadas a buenos patios y grandes corrales, cuando no a naves de grandes bodegas.

Estamos en tierras de Cuenca, próximas a las de la provincia de Ciudad Real; andamos, por tanto, en plena Mancha y aquella línea blanca, rota por la aguja de una torre, no es ni más ni menos que la silueta de Las Pedroñeras, un pueblo al que resulta difícil tomar en panorámica porque se extiende como una capa blanca sobre las tierras feraces y porque no hallamos una altura desde donde pueda dominarse el pueblo en toda su extensión. Estamos no solo en tierra donde los viñedos producen un vino fuerte, de muchos grados, vino que "alimenta", como dicen los labriegos, sino en una campiña donde el cultivo de los ajos alcanza una gran importancia. Esta planta vivaz, bulbosa y rústica tiene en Las Pedroñeras una importancia capital, puesto que ocupa el primer lugar de la provincia conquense, que a su vez es la primera del ámbito nacional, puesto que dedica dos mil hectáreas de tierra de secano a la siembra de la expresada hortaliza.

He podido contemplar ahora la actividad que los habitantes de Las Pedroñeras realizan en los finales de un año y en los comienzos de otro, sobre esas tierras de un término municipal en el que seiscientas hectáreas se siembran de ajos. Les estoy viendo colocar a unos tres centímetros de profundidad los "dientes" que integran la "cabeza de ajo", que es el compendio, la reunión de bulbitos llamados "dientes" y que generalmente en número de diez constituyen eso que hemos llamado "cabeza de ajo". Les clavan sobre la tierra con la parte puntiaguda hacia arriba; cuando ya están enterrados comprimen con los dedos la tierra que los recubre y que es como una caricia, de aquí que el labrador no encomiende esta acción de la siembra a la azada, sino que la lleve a cabo con sus propias manos; en el deseo que sienten de poner vida en aquello que siembran para que cuando llegue el 25 de junio, el arranque de la cosecha sembrada traiga para ellos la alegría de la buena recolección. Desde este momento en que el labrador "abriga" los dientes de ajos apretando contra ellos la tierra para que prendan mejor las raíces, no son ya muchos los cuidados que en el transcurso de su vegetación habrá que prodigarles, porque esta es una planta poco exigente, de aquí que solo reciba, hasta que llega el instante de la recolección, algunas escardas o ligeras vinas que mantengan el terreno limpio de hierbas.

He aquí las ristras artísticas de Aurelio Martínez, padre de nuestro amigo Carlos, que solía encargarlas -lo digo con orgullo- a mi abuelo Julio Sotos "Santano".


Cuando el sol deja sentir sus rigores por toda la campiña, los ajos van siendo arrancados del lugar en donde se cultivaron. Aquellos quinientos cincuenta quilos que se emplearon en la siembra por hectárea, se habrán convertido en unos cinco mil quinientos kilos por hectárea, aproximadamente, y el resumen de todas las hectáreas, en una cosecha de tres millones y medio de kilos de ajos. De ellos unos trescientos mil kilos se dedican al consumo nacional y el resto a la exportación, que tiene su principal mercado en Brasil y Cuba. Cuando la cosecha, tras haberse aireado en las tierras, es conducida al lugar donde habrá de ser manipulada, exportadores de Valencia, Murcia, Alicante, Madrid, Orense, Barcelona, Barco de Valdehorras, Villafranca del Bierzo y Lugo, entre otros, acuden a Las Pedroñeras para realizar las compras y realizar las operaciones que se necesitan para que el ajo sea exportado. Durante dos meses unas seiscientas mujeres trabajan incesantemente, en tanto que con máquinas apropiadas lo ajos van siendo clasificados por su tamaño. Así los ajos de clase primera, han de poseer un diámetro de cuarenta y cinco milímetros, treinta y siete los de segunda, treinta los de tercera, y la clase denominada "flor", todos los que sobrepasen los cuarenta y cinco milímetros. Antes de ser envasados tienen que quedar despojados de las "barbas", o raíces, así como de la mayor parte de las túnicas membranosas y transparentes que envuelven la cabeza de ajo a la que se dejan únicamente dos o tres de estas películas y uno o dos centímetros de tallo; así preparados se colocan en cajas de madera de pino y chopo con un peso neto de diez y veintitrés kilos respectivamente. Los beneficios que se derivan del cultivo de los ajos pueden calibrarse perfectamente al saberse que sin enristrar alcanzan un precio que oscila de dos setenta y cinco a tres cincuenta, y de cuatro cincuenta a cinco pesetas kilo los enristrados, dependiendo estos precios como es lógico del movimiento que alcanza la exportación; solamente en Las Pedroñeras ingresan, por tanto, alrededor de quince millones de pesetas, beneficio que no solo afecta al pueblo, sino que en unión de la cosecha nacional reporta un buen número de divisas a la economía de la Patria, porque de los mercados que ya cité, así como de otros existentes en Europa, se solicita el envío de los ajos de Las Pedroñeras, así como de otros puntos de España, especialmente de Bañolas, Navarra, Chinchón, Villena y Córdoba. Casi la sexta parte de la superficie total de la siembra en nuestra Patria, corresponde a Cuenca, sobre todo en el cultivo de secano, alcanzando la décima parte de la producción española, puesto que la nacional es de ochocientos sesenta y cuatro mil setecientos nueve quintales métricos y la de Cuenca de setenta y siete quintales.

Tras de haber pasado por su calles, Las Pedroñeras vuelve a ser en el paisaje de la Mancha una línea blanca sobre un horizonte de tierra al que se agarra la neblina que siempre flota sobre la llanura. Por esos campos los hombres entierran los ajos dedicados a la siembra, utilizando sus manos para que luego esas mismas parcelas les devuelvan con creces el beneficio a que se hicieron acreedores por su laboriosidad y por el amor que pusieron en la faena.


ÁCS

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