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sábado, 2 de agosto de 2014

Las Pedroñeras capital mundial del ajo (y de la velocidad en casco urbano)


por Fabián Castillo Molina



Primera muestra pública y notoria, sin previo aviso

El pueblo de Las Pedroñeras es conocido mundialmente por sus ajos morados, y algo menos por sus excelentes caldos, por le restaurante Las Rejas y las salsas JR. En otros tiempos también lo fue por las ligas, el azafrán y por unas cuantas singularidades más. Pero ahora ya se va a difundir una peculiaridad que lo distingue y que deja en mantillas al más atrevido o temerario: la velocidad de los coches y motos por sus principales calles y avenidas.

En la reciente  XLII edición de la Feria Internacional de Ajo celebrada del 25 al 27 de julio, me encontraba yo allí y vi lo que otros no vieron (sin duda ven otras cosas, salvo los ciegos, con perdón).

El día de la inauguración de la Feria, las autoridades locales quisieron sorprender a las altas personalidades venidas a tal efecto y tras cortar la cinta y dar una vuelta viendo la novedades y curiosidades que se ofrecían, fueron llevados de incógnito a presenciar algo que no es corriente ver en ninguna ciudad ni pueblo de la geografía española y mucho menos en otros de la Unión Europea.

Primero bajaron desde el polígono por el camino del cerro Ratón hasta la Avenida Capital del Ajo y desde el cerrete próximo al tanatorio, sin tener que esperar mucho, vieron la primera carrera en solitario de uno de los coches que levantando una gran polvareda parecía participar en Las 24 horas de Le Mans. La presidenta de Castilla La Mancha comentó al Sr. Alcalde: No veo señalización ni policía vigilando los cruces, porque ¿esto qué es, un rallye sorpresa? Ese coche supera los 80 Km/h. ¿Esto ocurre mucho? El alcalde sonriendo respondió: “En días lectivos ponemos policía en las horas punta a las puertas de los colegios. Pero espere, espere, que ya verá cómo se las gastan en nuestro pueblo los conductores.

Continuaron el recorrido a pie, bajando por la calle de Chocolate para no aproximarse demasiado  a la Avenida citada, dejando así que el tráfico discurriera con normalidad sin perder ocasión de ver otras atracciones que sucedían en la llamada Avenida de Juan XXIII. Al llegar a la confluencia con la calle que baja desde el Santo Sepulcro y el Centro de Especialidades Médicas volvieron todos la cabeza para ver otro bólido que rugía como el Rey León y se encontraba con uno rojo que subía a toda leche desde la fuente de la  Alcantarilla y parecía que iban a chocar  con una moto de trial que bajaba a escape libre a confluir en la esquina de la Clínica Veterinaria. Se cruzaron los tres sin chocarse, como por puro milagro, al mejor estilo de las películas mudas de Buster Keaton y Chaplin, mientras un ¡UUUYYYYYY! sonoro se escapó de casi todas las gargantas. Un concejal de la comitiva dijo: tranquilos, no pasa nada. No acabó su frase tranquilizadora cuando todos a una giraron la cabeza hacia Juan XXIII al escuchar los motores de dos motos que compitiendo bajaban en paralelo la cuesta  hacia el centro y al llegar a los badenes puestos para reducir la velocidad aceleraron y consiguieron salir volando ambos y caer sin dar en tierra con sus pilotos. “¡Esto es la hostia!, (perdón)!-se le escapó a otro de los acompañantes invitados.

Para relajar algo la tensión llevaron al grupo hacia la ermita del Santo Cristo de la Humildad admiraron la vista de perfil que ofrece la fachada de piedra y el enrejado artístico del resto de la casa. Pararon unos segundos frente a la puerta principal y los balcones de la Casa Palacio de los Molina. Luego siguieron hasta la calle de Montejano y desde la esquina de la casa del cura y la acera de enfrente pudieron ser testigos de otra demostración de velocidad de riesgo por la citada vía. Se veían venir suaves algunos coches a la altura de la tienda de Rumí pero de ahí hasta donde ellos estaban ya habían superado los 60 Km/h y cuando los perdían de vista frente al Sepulcro ya no podían calcular su velocidad. Volvió a comentar una autoridad forastera la pregunta inicial de Cospedal: "¿Pero esto es siempre así?" A lo que otra voz del pueblo dijo: y máses que aquí somos únicos.

La última fase de la muestra fue la calle de San José vista desde el ensanche donde se encuentra el brocal del Pozo Nuevo. La autoridades locales mostraron orgullosos a los visitantes la confluencia de cuatro calles sin espejos de esquina, ni señales de ceda el paso, ni stop, ni peligro indefinido y después tuvieron que esperar pocos segundos hasta comprobar cómo cruzaba esa esquina un todo terreno calle arriba como cardo que se lo lleva el aire en día de tormenta antes de descargar el aguacero. “¡Válgame Dios!-dijo alguien. - Si se cruza aquí un niño o un viejo no se escapa. A lo que contestó otro: no se preocupe, aquí la gente sabe cómo las gastan los conductores y siempre se asoman antes de salir de sus casas o cruzar. En ese mismo instante todos vieron cómo bajaba una furgoneta a todo correr y en la confluencia con la calle Barajas le salió al encuentro una moto con un jovenzuelo que giró bruscamente para no empotrarse con ella. El conductor de la furgoneta, al verse pillado en tal situación por el grupo de espectadores que había junto al pozo, aceleró y siguió recto por la calle del Aragón. Al cruzar frente a ellos, todos pudieron ver cómo seguía hablando con el móvil pegado a la oreja. “¿Pero aquí conductores desconocen la ley que limita la velocidad en ciudad a 30 km/h y prohíbe hablar por teléfono así¿Y no hay atropellos mortales?” A lo que nadie respondió. Y sin dejar pasar un segundo añadió la primera invitada:  “Por favor, no perdáis  ni un día más sin aplicar la ley. Esto no puede ser. Aunque hayamos ganado aquí las elecciones europeas, si no cambiáis esta situación la próximas las perdemos seguro si la gente no es en excesobuena

Todos guardaron un minuto de silencio y después enfilaron la calle Santa Lucía arriba hasta perderse de vista en el codo que hace en la casa que fue del hermano Roma.

Es cierto que esta visión descrita no lo ha visto igual casi nadie, pero es frecuente escuchar las quejas de numerosos vecinos tanto por el peligro y molestias al que se ven expuestos a diario, como por el relajo de quienes pueden evitarlo y no hacen nada. Sirva esta historia inventada como ayuda para intentar evitar males mayores.

©Fabián Castillo Molina

1 comentario:

  1. Es normal que en una extensa megaurbe como es nuestro querío Lugar se tenga que ir a tope para tardar horas en cualquier trayecto intra urbano.

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