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lunes, 9 de febrero de 2015

Enterramientos visigodos en Belmonte (Cuenca)





ENTERRAMIENTOS VISIGODOS EN BELMONTE

I CONCRESO DE CASTILLA LA MANCHA
Año 1987
Extracto del artículo publicado por María de los Ángeles Sepúlveda González

A unos 3 KM. Al SO. De Belmonte (Cuenca), se descubrió hace bastantes años una tumba que por el ajuar  que presentaba, parece datar de la época Visigoda. El hallazgo se produjo, al rozar el arado la cubierta de la sepultura, al quitar la piedra caliza, sin tallar y sin ninguna inscripción, que se partió en dos, se vio que cubría una sepultura hecha con grandes losas sueltas de la misma piedra, también sin tallar, que formaban un rectángulo.
En su interior  había una cantarilla de barro, que el labrador entregó rota al propietario de la tierra, comunicándole el hallazgo al que no se le dio demasiada importancia, la tumba fue excavada sin el debido rigor científico, aunque lo hicieron con cuidado. Del cadáver, que debía haber estado tumbado boca arriba, parece que solo quedaba la silueta, de unos centímetros de espesor, y algunos fragmentos de huesos convertidos en parte en cal.
Junto a su cabeza apareció un pendiente incompleto, consistente en un aro de bronce con cuentas de vidrio, el otro estaba a los pies, lo que les hizo preguntarse si hubiese habido dos personas contrapuestas encerradas, aunque sólo se veía la silueta de la cabeza de la primera. La tumba fue tapada, pero guardaron los pendientes y la jarrita de barro.
Ésta se encuentra en un suave declive del terreno y por la descripción del hallazgo se puede deducir que la tumba presentaba unas características a las de otras  necrópolis comunes a la época Visigoda. La forma de sepultura, hecha con varias losas de piedra: Una en al cabecera, otra en los pies y una o varias  a cada lado, con otra encima tapando el rectángulo.

En el caso de Belmonte  las losas, no muy gruesas, eran bastantes regulares, aunque no estaban talladas. Parece que los laterales  los formaba una sola piedra, aunque en uno de ellos a los pies, se había añadido otra pequeña para completar la longitud, se desconoce las medidas de esas piedras y del rectángulo formado, así como la profundidad de la sepultura. Tampoco si en ella había restos de madera o clavos, que evidenciaría que la inhumación se había efectuado en un ataúd.
La casi total desaparición del esqueleto y los fragmentos de hueso convertidos en cal por un extremo, hicieron suponer a quienes les hallaron que le habría echado cal viva encima, quizá a causa de una epidemia, procedimiento  que se seguía empleando en el pueblo en la inhumación de las monjas dominicas, enterradas junto a un pequeño cementerio junto al convento. Aunque no hay que descartar que el esqueleto estuviera debajo de la silueta de tierra que vieron y no tocaron sus descubridores, es bastante frecuente encontrarlos en muy mal estado, de manera que a veces no quedan más que algunos huesos sueltos, y esto se explica mejor aún en un terreno tan calizo como el del término de Belmonte. La postura  en que parece fue enterrada  es también la más frecuente, como tampoco es raro que se halle en una sepultura más de un cadáver, aunque no hay pruebas suficientes de que esto ocurriera en Belmonte. La orientación de la tumba  parece que era SE- NO y el cadáver tenía la cabeza al NO, aunque también podría ser E-O con la cabeza, pues no se recuerda con precisión al  O.




Los pendientes están incompletos: uno es un fragmento de aro de bronce (de 2 mm. de grosor) por el que corre una cuenta de vidrio azul oscuro (10 mm. de diámetro por 8 de grosor) con agujero demasiado grande (5mm. De diámetro) para el grosor del aro. El otro mas completo, aunque roto también, está deformado y nos muestra dos cuentas de vidrio también azules  una de 8x8 mm. De diámetro y la otra de 8x6, ambas de 3 mm. De hueco)  una más oscura que la otra. Conserva el cierre: una pieza cilíndrica del mismo metal en un extremo del pendiente (de 4 mm. De grosor por 10 de largo) en el que se introduce el otro extremo de punta más fina (poco más de 1 mm. De grosor) Al romperse el aro no se desenganchó sino que se partió, quizá por donde iba unido a la oreja, y el extremo afilado se quedó dentro del otro extremo. La pieza cilíndrica conserva restos de vidrio verdoso adheridos, lo que indica que iría cubierta por una cuenta de vidrio, de tamaño y agujero mayor que las otras, como la que aparece en el otro ejemplar, que si no fuera por las adherencias del vidrio en la pieza cilíndrica encajaría en ella perfectamente. Actualmente una dela bolas, la más esférica, más clara del color y menos porosa, se halla adherida al broche por la tierra y está pegada, porque se partió en varios trozos cuando  lavaron el pendiente para quitar  la a tierra. Mediante los restos de los dos pendientes podríamos reconstruir casi con toda certeza como eran: un aro de bronce de unos 50 mm. de diámetro, que se cierra introduciendo un extremo en una pieza cilíndrica en que termina el otro extremo, cubierto por una cuenta de vidrio, y otras dos, al menos, que se desplazarían  a lo largo del aro, separadas por dos pequeñas anillas de bronce ( de 4 mm. De diámetro), también ensartadas, pegadas al aro. El hecho de estar el broche con una cuenta hace suponer que los pendientes se abrocharían delante.
Se encontró también un pequeño fragmento de bronce, de 6 mm. De radio, que pudo pertenecer a un botoncito.




La pieza de cerámica encontrada es una vasija de doble asa, que mide 19 cts. de altura y 22,5 cts., de circunferencia por la parte más ancha de la panza. El solero es plano, de 5,2 cts. de diámetro. La boca circular, de 3,3 cts. de diámetro y el grosor del barro en el borde es de 0,5 cts., Es una cerámica de paredes fina, de buena factura y color rojizo que actualmente se encuentra cubierta por una ligera capa de cal. Tiene también las asas separadas del cuerpo.

            Muchos años antes ya se había encontrado una sepultura de las mismas características, hecha con cuatro losas de piedra y una cubriéndola, en el otro extremo de la tierra. Entonces se le comunicó al juez y al forense, que comprobaron la antigüedad  del cadáver y enterraron al lado los huesos que quedaban. También en aquella había  una jarrita de cerámica, que se rompió y nadie recogió.



También encontraron una pequeña cubierta de sarcófago tallada a dos aguas partida en dos, en la linde de una tierra cercana , más próxima al pueblo, que algún labrador había sacado  porque le estorbara, aunque nada se sabe de esa tumba, ni su orientación, cestos  que contenía etc. tampoco al dueño de la tierra le han comunicado otros hallazgos, pero recuerda que hace muchos años se sacaron de allí muchas piedras con las que se hizo un muro alrededor que hoy ha desaparecido casi por completo.




La pequeña cubierta de sarcófago que se encontró más cerca del pueblo, por el tamaño debió pertenecer a la sepultura de un niño, a no ser que se trate de una urna cineraria, está tallada a dos aguas por dentro y por fuera con un ángulo de 90º por el exterior y algo más abierto por el interior. Su longitud es de 44 cts., teniendo por dentro excavado 30 cts. ,de altura mide 17 cts. La anchura de la base es de 26 cts. teniendo 14 excavados. las dos vertientes no tienen el mismo grosor, una de ellas mide 7 cts. Y la otra 9. está partida en dos y las medidas varían según el lugar donde las tomemos pues por la blandura de la piedra está más gastada por unos sitios que por otros.




No se puede afirmar con estos hallazgos que se trata de testimonios de población en este lugar en la época visigoda, con una posible datación de la sepultura en la primera mitad del siglo VII, por la comparación de otras necrópolis, sin embargo es muy posible que así sea.
         Pedro Vázquez Alcalde de Belmonte  en 1579 en la descripción de la villa  a instancias de Felipe II  nos dice: “No hay rastro de antigüedad demasiada, aunque se hallan por los campos enterramientos de moros”; y en un despoblado, que está en esta villa media legua, al que llaman hoy los aldeanos” La Torrecilla”, se hallaron arando, habrá ocho años, dos urnas llenas de ceniza y carbones. Eran de barro, no tenían ninguna letra; dura una de ellas hoy”.
No parece que pueda identificarse el lugar de los enterramientos, con el de la “Torrecilla”, pues al que hoy se denomina así está más al N., hacia el pueblo de  Monreal, sin embargo sí es posible que sepulturas como las descritas sean los “ enterramientos de moros” que se hallaban por los campos en tiempos del bachiller Pedro Vázquez. La existencia de población en esta zona la confirmaría también el descubrimiento de un Crismón grabado en piedra, al efectuar obras en al colegiata del siglo XV, que ha sido fechado en el siglo V.

BIbliografia:

I Congreso de Historia del Señorío de Villena, Albacete 23-26 de octubre de 1986


Miguel Ángel Vellisco Bueno

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