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domingo, 2 de junio de 2013

El Cinema Rex de Las Pedroñeras (1) - Películas que se proyectaron en las fiestas de 1962 (programación original)


por Fabián Castillo Molina

Removiendo papeles y cosas de un pasado lejano, había encontrado los encartes que introducía la dirección del Cinema Rex de Pedroñeras (usando sus mismas palabras de presentación) en lo que siempre se ha llamado el "libro de las fiestas". En esos encartes se anunciaba la programación de películas para los días festivos, y leyendo los títulos y la forma de anunciar cada película, inevitablemente la memoria me ha hecho retroceder cincuenta años y recordar cómo se vivía el cine entre los chavales que rondaban los diez años de edad en aquel tiempo en el que parecía que comenzaba el despegue económico y la salida lenta pero constante de los oscuros años de posguerra.

El cine era sin duda la única ventana al exterior que teníamos. Todavía no había televisión en casi ninguna casa del pueblo. La primera emisión de TVE se produjo en Madrid el 28 de octubre de 1958, pero por diversos problemas técnicos y de otra índole, fue ya entrados los sesenta cuando aquella noticia inicial cobró verdadero significado. Pero al principio, solo unos pocos privilegiados tuvieron acceso a aquel avance tecnológico. Sin embargo, el cine era otra cosa. Cuando uno entraba en aquel lugar público, pero no sagrado, podía ver vivo, en movimiento y en color, lo nunca visto. Ciudades desconocidas con sus gentes, historias de romanos y grandes batallas, caballos a galope tendido, luchas a espada en las almenas de un castillo, Tarzán en plena selva volando de liana en liana, vidas de vaqueros y cuatreros, pistoleros del oeste sacando sus revólveres rápidos como el rayo y tumbando a los bandidos como si tal cosa, y nos quedábamos tan tranquilos y relajados, después de haber pataleado arriba en el gallinero animando a llegar el valiente a tiempo para salvar a alguien en apuros. Indios atacando el fuerte de los casacas azules.



Hasta podíamos ver cómo se besaban al final en algunas películas la pareja protagonista, besos que solo se veían en el cine. Bellezas que tampoco podían verse en ninguna parte a no ser en una película. Cómicos que nos hacían reír a carcajadas, o dramas de llorar a lágrima viva. Solamente en aquella sala mágica era posible tanta maravilla, sin importar si estabas sentado en un tablón corrido en el gallinero, sin respaldo ni apoyabrazos, codo con codo, libres las manos para aplaudir o para retorcértelas en caso de nervios o tensiones, o para alzar alguna y tocar el potente haz de luz en movimiento y lleno de partículas de polvo que atravesaba toda la sala desde la cabina de proyección hasta la pantalla, y de manera incomprensible hacía que, allí, todas las cintas que venían enlatadas dentro de los sacos de lona cobraran vida. Y todo ello era posible para algunos de los chicos que días antes habían estado ganándose el jornal cogiendo lentejas de El Aceitero o de Pelayo. Los que iban abajo, a lo que se llamaba "patio de butacas", eran las parejas de novios, algunas personas de más edad y los que parecían más "señoritos". Pero algo tenían en común todas las salas de cine y todos sus espectadores de España en aquel tiempo, todos tenían que ver primero el NODO. Si alguien quiere ver el que se proyectaba en aquel mes de septiembre de 1962 aquí lo tiene.



Había comenzado la emigración más grande conocida hasta entonces, de jóvenes hacia las grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia…) en busca de trabajo y una vida mejor. Al menos eso pensaban y se sigue pensando, siempre que se toman decisiones tan drásticas como son las de alejarse de la tierra que le vio nacer a uno y estirar las raíces que le unen al pueblo y a sus gentes, hasta hacerlas tan finas como hilos de seda. Duele tener que irse, pero si no hay más remedio…; hasta se veía con ilusión y como una ocasión de aventura, algo parecido a lo que les pasaba a los soldados cuando sorteaban y tenían que irse a hacer el servicio militar. La diferencia era que la mili duraba entonces un par de años y alguna vez vendrían con permiso y pasado ese tiempo volverían a integrarse en la vida del pueblo, mientras que los emigrantes no sabían por cuánto tiempo y sobre todo lo que ni siquiera pensaban era que se trataba de un viaje sin retorno.



El Cinema Rex traía a sus carteleras para las fiestas del pueblo, ocho rigurosos estrenos. Cinco cintas TOLERADAS y tres NO TOLERADAS (en mayúsculas se escribía en este encarte la clasificación de la censura, así era de importante). Pocos habitantes del pueblo habían visto alguna de las ocho películas que se anunciaban, aunque algunas se hubieran estrenado en la capital dos años antes, Ahí va otro recluta (1960) o El ruiseñor de las cumbres (1958), cuatro años atrás; eso las españolas, una de risa y otra de Joselito (así decíamos para entendernos pronto), garantía de éxito de taquilla. Una en blanco y negro y otra en Tecnicolor.


Otras, como Ursus (1961), " de romanos", coproducción hispano italiana de las que tanto gustaban también a los chiquetes y a las chiquetas, era más reciente.




Las dos americanas anunciadas después, Los puentes de Toko-ri (1954), Fort Comanche (1961), "una de guerra y otra del oeste", pero la del oeste era No tolerada, cosa rara, y la rareza era, que el teniente que llega al fuerte era elegante y amanerado, dice la reseña de Carlos Aguilar en su Guía del Video-Cine.




También El vampiro (1957), El ataúd del vampiro (1960) dos mejicanas no toleradas en un mismo programa. Una ración de terror y ¿qué más tendrían para que la censura les pusiera el NO? y Del infierno a Texas (1958) otra americana del oeste, en COLOR DE LUXE, CINEMASCOPE y TOLERADA; sin duda la película estrella del lote, la única en la que figuraba el nombre del director, Henry hathaway. Esta es sin duda la película del conjunto de la que recuerdo mejores fragmentos sin haber vuelto a verla nunca desde entonces.

Es inevitable recordar que en aquel año todavía se ponía orden en la fila para sacar las entradas del cine a golpe de vergajo y los policías municipales que lo manejaban, lo hacían sin miramientos y sin consecuencias directas para ellos, pero sí para los golpeados; eran la autoridad local. La gente se agolpaba en grupo alrededor de la taquilla y los más fuertes no solían respetar a los más débiles. "Los chiquetes no tienen prisa" decían los "grandes". No se había introducido todavía el sentido de respeto al que llega antes, sea chiquete, chiqueta, joven o viejo, fuerte o débil.

Ya os contaré otras cosas. Por ahora lo dejo aquí.

©Fabián Castillo Molina

2 comentarios:

  1. Me encanta leer q películas se veían!! Q aventuras y sobre todo q emoción, fascinación, entusiasmo para niños y adolescentes.... Al leerlo me viene a la memoria la película Cinema Paradiso.
    Muy interesante estas publicaciones.Esperamos más ...

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    Respuestas
    1. Me alegra un montón que alguien lea y comparta emociones y recuerdos a raíz de una publicación sencilla y de alcance reducido. Muchas gracias por el comentario. Seguiremos añadiendo entradas de este tipo con mucho cariño.
      Fabián

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