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lunes, 10 de junio de 2013

Noticias antiguas de Las Pedroñeras - ABC 1894: "Páginas horribles" (Eduardo de Palacio)

 

 El escritor y periodista malagueño Eduardo de Palacio, mencionó el pueblo de Pedroñeras en uno sus artículos, en este caso para el Blanco y Negro del 13 de octubre de 1894. No es estrictamente una noticia sobre nuestro pueblo, pero vale la pena transcribirlo como parte de la literatura en la que su nombre aparece. Se tituló "Páginas horribles", habla del suicidio entre otras cosas, y decía así.

Páginas horribles

Eduardo de Palacio

¡Y hay quien dice que el género dramático está decaído! No hay tal decadencia, ni mucho menos. Vivo y muy vivo y boyante se conserva el drama, y la afició nunca se extingue en el público.
   A diario leerán ustedes, los que sepan, lo relatos dramáticos que publica la prensa: el crimen, el incendio, el "estupor" con nocturnidad y alevosía; nada falta en la escala criminal, ni aun en la escala alcohólica.
   Algún padre de familia honrada tiene prohibidas a sus hijas la lectura de diarios con noticias cuando traen crimen no literario.
   -El ejemplo es enseñanza funesta, dice el padre infrascrito; cuando murió mi esposa, yo quería "morir después"; mediaron varios amigos, y no me morí, pero volví a casarme, transcurrido el plazo legal, por decirlo así.
   -Llámele usted hache.
   -No; la llamaban Hortensia, pero ella sostenía que debería escribirse sin hache. Era una mujer muy culta.
   La crónica del crimen llena varias columnas de los periódicos de mejor posición social.
   Jóvenes que ejecutan a sus novias por celos infundados o por desaires ofensivos para la dignidad del novio.
   Ancianos que se dejan morir de amor puro y cándido. Apreciables esposos que lastiman a sus consortes por sospechas o por aburrimiento.
   Pero la página más horrible es la de los suicidios. ¿Quién no se mata ya?
   Bueno es advertir que el suicidio no se halla al alcance de todas las personas: es indispensable saber leer y escribir, para despedirse del señor juez de guardia y de alguna otra persona de confianza.
   "Mire usted, me escribía un sujeto que se preparaba para suicida, según él; la publicación de las noticias del ramo es perjudicial, porque ve un individuo que se siente con vocación el relato de esos accidentes desgraciados, y no puede acallar el grito de la emulación. La popularidad que logra el nombre del suicida, la aureola que envuelve a la familia del suicida, el limbo o el nimbo que rodea al muerto... ¡Por Dios, no publique usted más noticias de suicidios, o caemos varios que vivimos con un pie (cada cual) en el patíbulo!"
   Y firmaba y me ofrecía su casa.
   Privar las gentes de la lectura interesante de esos monólogos fúnebre sería perjudicarlas en sus intereses.
   "El suicida era un hombre que gozaba de generales simpatías.
   La bala perforó el parietal derecho y fue a incrustarse en el intestino segundo izquierda.
   En un bolsillo se le encontró una carta en verso dirigida al señor juez de tanda, y otra a una novia que tuvo en Pedroñeras durante los meses de verano último.
   Se ignora la causa que le impulsaría a tomar tan desesperada resolución".
   En varias ocasiones se añade:
   "Parece que el difunto, antes de serlo, había dado muestras de enajenación mental".
   Con esta opinión salvan el decoro del suicida.
   Es una oración fúnebre del mismo género que las que dedican a los primeros ciudadanos que mueren del cólera en la población:
   "Don Fulano era un perdido; cenaba y trasnochaba y era curda de suyo; ¿no había de morir del cólera?"
   Es decir, que se desahogan en la tumba del "muerto prematuro".
   Si es suicida hembra, ya se sabe la fórmula:
   "Una agraciada..." o "Una preciosa joven..."
   Hay sujetos que se suicidan sin bala y sin corte ni punta".
   Es decir, que hacen que se matan y vuelven.
   También hay chicas espirituales o espiritistas que se suicidan una vez al mes, cuando menos.
   Conozco a tres hermanitas que de cuando en cuando se administran unas gotas de vermouth de Torino, que ellas califican de láudano puro.
   Entre las personas que las conocen se las denomina "la del Láudano".
   En el comercio verán ustedes "artículos horribles" expuestos para su venta.
   Perniles de cochino, cortes de cazadora de ternera, gabanes sacos de vaca.
   En los escaparates, con coquetería no usada en otros tiempos, despojos de animales domésticos más o menos definidos.
   Manos, patas, rostros, cabezas enteras que fueron inteligentes, aunque de cerda; fragmentos y trozos escogidos...
   ¡Ah! ¡Crueldad punible!
   ¡Convertir en objetos de tráfico los despojos del pobre pueblo! como declamaba un orador a quien yo oí y aun felicité en un meeting barato.
   Pásmense ustedes: he oído pregonar por ciertas calles de barrios apartados del centro de Madrid:
   "¡A quince céntimos las orejas de ternera!"
   ¡Profanación horrible!
   Lo que me decía a mí mismo con espanto:
   Por ahí se empieza. Después venderán, tal vez, orejas conocidas y aun eminentes.

ÁCS

 

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