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jueves, 19 de abril de 2012

Acercamiento a la figura del general Amarelle


Pedroñeras 30 Días, nº 105, julio de 2010

¿Quién sería este “general Amarelle” que da nombre a una de nuestras calles? Cuestiones como ésta me planteo yo a veces, simplemente observando la realidad próxima que nos rodea, la de nuestro pueblo, y acto seguido, o habiendo dejado reposar la duda un tiempo, me pongo manos a la obra en la averiguación que me saque de la ignorancia si es que esto está a mi alcance. ¿Qué significó para nuestro pueblo este nombre para merecer el de una calle? El caso es que no es que me interese en demasía el mundo castrense, pero me deleito con la investigación y en ello andamos: intentando indagar en este Universo a pequeña escala que viene a ser también un pueblo.

            Situémonos. Del matrimonio entre el hijo único del famoso Mendizábal, ministro liberal isabelino, Rafael Álvarez Mendizábal y Alfaro, y la pedroñera Salomé Cañabate Peña nacieron cuatro hijos: Mª Teresa, Josefa, Juan de Dios y Beatriz. Esta última fue la que se unió en matrimonio con don Calixto Amarelle y Rodríguez, el general Amarelle, haciéndolo a la vez hijo adoptivo de nuestra villa. De este matrimonio nació como única hija Mª Teresa. Por cierto, una de sus dos tías sería la esposa de otro general con calle, el general Borrero, del que algo contaré en otro número. Por lo tanto fue yerno del hijo del famoso Mendizábal, el ministro desamortizador.
            Amarelle fue también dueño de la finca de El Taray, así como de gran parte del monte hoy desaparecido, hacienda que procedía, claro, de la herencia de su mujer. Los más viejos recuerdan el conocido como Pinar de Amarelle, del que quedan aún retazos, cercanos a la casa de El Taray.
            Los datos que he podido recolectar sobre este general condecorado, que fue también diputado, son los que siguen:

            a) En el periódico madrileño La Época (número del 25 de febrero de 1891) se da cuenta de su ascenso de coronel a general de brigada, haciendo de él, de paso, una semblanza que paso a copiar:
            “D. Calixto Amarelle. Nació el día 14 de octubre de 1813, y comenzó a servir como cadete de infantería de marina en marzo de 1864, siendo promovido a subteniente en el mes de diciembre del mismo año. En 1868 se le concedió el pase al arma de infantería con el empleo de capitán. Fue ascendido a comandante en 1872 por operaciones de guerra en Cataluña; en 1873 a teniente coronel por sus extraordinarios servicios, y el año 1874 a coronel por el ataque y toma de Sevilla.
            Ha mandado el regimiento de Álava; ha sido jefe de negociado en el Ministerio de la Guerra, y cesa en el mando del regimiento de Murcia, núm. 37.
            Cuenta veintiséis años de servicio y está en posesión de la cruz blanca de primera clase del Mérito Militar y de la segunda de la misma orden con distintivo rojo”. [Ascendería a general de división en 1899].

            b) En el periódico La Iberia (del 10 de abril de 1893) se da cuenta de la concesión de la gran cruz de la orden de San Hermenegildo.

            c) Y en La Época (del 28 de abril de 1899) de una dimisión:
            “La dimisión que ha hecho al ministro de la Guerra el diputado electo, general D. Calixto Amarelle, del cargo de inspector de las comisiones liquidadoras de Ultramar, no tiene el origen que se ha supuesto en algunos círculos.
              El general Amarelle, que durante más de tres años ha prestado grandes servicios al Estado en la dicha Caja de Ultramar, cooperando eficazmente a todas las necesidades que trae consigo la guerra, hoy, terminada ésta, desea descansar, dejando un cargo meses antes que por su incompatibilidad como diputado se vea obligado a renunciarlo”.

                d) En el periódico, también madrileño, El Imparcial (del 17 de julio de 1901) se recogió la noticia de su muerte, a los 88 años de edad: “Ayer falleció en esta corte el general de división D. Calixto Amarelle, diputado a Cortes por La Coruña.
            A todos sorprenderá esta noticia dolorosamente. Hace pocos días vimos en el Congreso a este distinguido general, que se disponía a intervenir en debates relacionados con la comarca que desde hace años le concedía su representación en Cortes.
            El Sr. Amarelle había demostrado su bravura como soldado, y su rectitud y circunspección en los importantes cargos que ejerció, especialmente en le Caja de Ultramar.
                        Reciba la familia del general Amarelle el testimonio de nuestro pésame”.
            También se hace eco de la noticia El Siglo Futuro del mismo día.
            Y así se recogía en La Correspondencia Española (número del 18 de julio de 1901):
            “Don Calixto Amarelle y Rodríguez, diputado a Cortes e inspector de la comisión liquidadora de Ultramar, ha fallecido en esta corte.
            Su brillante hoja de servicios, su caballerosidad y las excelentes cualidades personales que lo caracterizaban, hacían del general Amarelle un jefe respetado y querido para sus subordinados y un amigo cariñoso para cuantos lo trataban.
            Estaba en posesión de la gran cruz del Mérito militar, cruz blanca de primera clase de la misma orden, encomienda de Carlos III, cruz y placa de San Hermenegildo, cruz roja del Mérito naval y otras varias, ganadas casi todas ellas por méritos de guerra.
            Descanse en paz el pundonoroso militar y reciba su familia la expresión de nuestro más sentido pésame”.

            e) De esta manera rezaba su esquela mortuoria en el número del 28 de agosto de 1901 del periódico citado de El Imparcial:
            “D. O. M. El Excmo. Sr. General de división Don Calixto Amarelle y Rodríguez, diputado a Cortes, exsenador del Reino, inspector de la Comisión liquidadora de la Caja general de Ultramar, condecorado con la gran cruz del Mérito militar, cruz blanca de primera clase de la propia orden, roja de segunda clase, encomienda de Carlos III, cruz y placa de San Hermenegildo, cruz roja de tercera clase del Mérito Naval, etc., etc. falleció el día 16 del actual, después de recibir los Santos Sacramentos y la bendición de Su Santidad.
            Su desconsolada viuda la Excma. Sra. Dª Beatriz Álvarez Mendizábal y Cañabate, su hija María Teresa y demás parientes, ruegan a sus amigos se sirvan encomendarle a Dios.
            Todas las misa que se celebren el día 29 del corriente en las parroquias de San Jerónimo y de San Justo y Pastor (Maravillas), el 30 en la de Nuestra Señora de la Asunción en Pedroñeras (Cuenca) y el 31 en dicha parroquia de San Justo y Pastor y en Nuestra Señora de la Presentación (Niñas de Leganés) por los señores sacerdotes adscritos a las mismas, serán aplicadas por el eterno descanso del alma del finado.
            Los Emmos. Sres. Cardenales-Arzobispos de Toledo y Santiago; los Excmos. e Ilmos. Sres. Nuncio de Su Santidad, Arzobispo-Obispo de Madrid-Alcalá, Obispos de Sión y Cuenca han concedido 100 días de indulgencia los tres primeros y 40 cada uno de los demás a todos los fieles por cada misa que oyeren, sagrada comunión que aplicaren o parte de rosario que rezaren por el alma de dicho señor”.

            f) Su mujer, doña Beatriz, hija de Rafael Álvarez-Mendizábal y Alfaro, moriría en Madrid el 19 de marzo de 1902. Tanto de ella como de su afamado marido leo esquelas de aniversario en La Correspondencia Española del año siguiente.
           
            Estos datos de hemeroteca, por supuesto, podrán ser ampliados con facilidad a partir de la consulta de otras noticias y libros de historia en donde se hable sobre la vida política y militar del excelso general. Son datos que algún día habrá que espigar para cuando se haga ese libro sobre las grandes personalidades históricas relacionadas con nuestro pueblo, parte de cuyos nombres sembraron los de las calles de nuestra localidad. Por cierto, el trabajo sobre nuestras calles aún está por hacer, el de los nombres que hoy tienen y el de aquéllos a los que suplantaron, por no hablar de los nombres populares de calles y barrios que forman parte de nuestra toponimia urbana.
            Existen aún muchos trabajos de investigación que esperan, de modo que aliento a quien así lo determine a que emprenda cuanto su ánimo y afán de fama (que no de lucro) lo empujen.

©Ángel Carrasco Sotos.

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