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sábado, 19 de septiembre de 2015

El depósito de agua y el Pilar de Pedroñeras, vistos en la distancia



por Fabián Castillo Molina




Había surgido un debate en el grupo de Facebook “No eres de Pedroñeras si…” en torno a mantener el Depósito del Agua y darle uso de utilidad para el pueblo o tirarlo abajo y hacerlo desaparecer. Entremedias, entre los detractores uno había sacado a relucir lo ocurrido con El Pilar, cuando al construir el depósito, en 1961, éste dejó de tener utilidad. El llamado Pilar del Coso, durante muchos años había sido punto de referencia vital para todo el pueblo, porque  además de tener el pozo que aportaba el agua que daba de beber a una buena parte de las personas del pueblo, era también, con sus pilones, el que saciaba la sed a diario de multitud de caballerías antes de irse al campo y al volver. ¡Qué gran caudal de anécdotas y recuerdos se han perdido y permanecen alrededor del Pilar!





Estas construcciones sencillas pero útiles se demolieron y desaparecieron del Coso. Un conjunto de construcciones que eran y habían sido como he dicho antes, punto de referencia. En su lugar, aprovechando que había mucho espacio donde estaba El Pilar (que junto con La cruz del Coso formaba un conjunto estético por lo menos curioso y original), se decidió hacerlo desaparecer (excepto la cruz), y en su lugar construir un edificio de ladrillo blanco de  dudosa belleza, que albergara un mercado de abastos, mercado que nunca llegó a funcionar a pleno rendimiento. Luego a esto se añadió más tarde la piscina pública municipal,  en cuyo recinto plantaron y crecieron unos chopos que durante los años que funcionó vino a ser un pequeño pulmón. Más tarde se construyó una nueva piscina en la zona del polideportivo y esta se cerró construyendo en su lugar un centro para hogar de jubilados al que después se añadiría el primer centro de día. Todo ello siempre con la sana intención de ir creando en el pueblo una serie de servicios públicos que mejoraran la vida de sus habitantes.





Sin embargo, ahora pasado tanto tiempo, había un buen número de personas que quizás por aquello de ver en fotos antiguas o en dibujos, o en la película La venganza, cómo era aquello antes, les gustaría tener el Pilar y el Coso como estaban en los años cincuenta o sesenta.  Sin embargo algunos de estos vecinos, son partidarios de la demolición del llamado Depósito de Agua, por varias razones, entre otras porque consideran que es y siempre ha sido un pegote, un despropósito estético y además que molesta a quienes viven cerca además de otras. Sin embargo, no debe olvidarse que el Depósito, por vez primera en la historia del pueblo, hizo posible instalar grifos, agua corriente, fuentes en cada casa con presión y caudal para instalar incluso servicios con duchas en algunas viviendas, lo nunca visto en aquel tiempo. En definitiva, este depósito sirvió a Pedroñeras y mejoró la calidad de vida de casi todos sus vecinos. 





Pero como nunca llueve a gusto de todos, el depósito producía molestias y problemas a quienes vivían muy próximos y como consecuencias hubo varias denuncias y quejas que, coincidiendo con el crecimiento de la población y la modernización industrial, la mejora del nivel de vida (lavadoras, lavabajillas, servicios generalizados, etc., en todas las viviendas), y por tanto el aumento más que considerable del consumo de agua, hizo insuficiente este depósito y se construyó otro mayor, más alejado del pueblo, en una zona alta para que aumentara la presión y caudal, agua que por otra parte seguía suministrando en gran medida el pozo del Pilar. Quedó entonces sin uso por fin el depósito de hormigón armado y cuatro patas que durante más de 30 años había sido fuente de vida para el pueblo. Treinta años después, el depósito sin uso ha seguido un proceso de deterioro y  ya está molestando a una parte de los pobladores del pueblo, mientras otros cuantos defienden su mantenimiento, restauración y puesta en servicio con otros fines de utilidad para el conjunto de los vecinos, sobre todo para la juventud.





Al parecer se había olvidado el gran servicio hecho al pueblo, no se recordaba ya que era referencia en la memoria de muchas gentes y que estaba unido a la torre y la iglesia como edificios  faro o torres vigía  que hacían aparecer en la distancia nuestro pueblo en aquellos días en los que estábamos deseando llegar a nuestras casas.  Eran los edificios más altos del lugar, desde donde podría observarse el pueblo y sus alrededores en el supuesto de que se dotara a los mismos de medios y facilidades para acceder a su parte más alta, únicamente adoptando las medidas preventivas de seguridad oportunas. Se había olvidado que en la memoria colectiva de buena parte de la población estaban presentes los dos, en las historias y vivencias de mucha gente aparecían la torre y el depósito, como lo estaba o había estado el Pilar, como todavía estaban en la memoria los chozos que en tantas ocasiones habían dado cobijo a tantas personas en el campo en días de lluvia o tormenta o simplemente en tiempo apacible para pasar la noche. O los molinos de agua construidos en su momento a lo largo del cauce del río Záncara, donde tantas y tantas personas fueron a moler trigo para luego poder tener el pan de cada día. O los molinos de viento, que para el mismo fin fueron hechos y dieron su servicio, o los pozos, que hicieron proliferar las huertas, que con sus hortalizas y frutales tanta vida dieron a los afortunados habitantes pedroñeros. ¿Están mejor los campos y el Lugar sin los pozos,  molinos, chozos…, está mejor el pueblo sin El Pilar? ¿Se ha hecho algo mejor donde estaban ubicadas esas fuentes de vida? ¿mejorará el pueblo con la desaparición del depósito?




Únicamente quiero recordar con este escrito a los defensores de la demolición del depósito la necesidad de analizar a fondo, cuando queremos destruir algo, si lo que haremos a continuación en su lugar será mejor que lo demolido, o si nos servirá de algo mantener como testigos mudos aquellas construcciones que se hicieron con ilusión, que mejoraron la vida de las gentes y que con los avances tecnológicos cayeron en desuso. Si cuando se trata de construcciones públicas una vez hecha la consulta oportuna a la población, realmente se llega a la conclusión de que estorban, que ya no sirven para nada y estaremos mejor haciéndolos desaparecer, con todas las consecuencias, pues adelante y que de estas decisiones quede el oportuno registro para tener claro quienes asumieron esa responsabilidad y por qué.


Libros de Fabián Castillo Molina: 


Al pueblo (poesía) y La Culpa (novela)



 

3 comentarios:

  1. La idea de demoler un elemento del denominado patrimonio industrial hidráulico es una barbaridad típica de nuestra comarca (y diría que de casi todo el país). A nadie con un poco de criterio le extraña que, en general, los pueblos de La Mancha sean tan increíblemente feos y anodinos: hemos dejado que se pierda la gran mayoría de arquitectura de tapial y todo el patrimonio etnológico de nuestros campos (aldeas, bombos, huertas, pozos, molinos, etc.). Si tiran el depósito, unos pocos lo lamentaremos ahora; dentro de 50 años lo lamentarán todos los pedroñeros.
    D.M.

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  2. No hace falta tener estudios ni ser un experto para valorar positivamente el impacto estético que estas estructuras, rehabilitadas y cuidadas para que no causen ningún tipo de molestia a los vecinos, pueden tener en nuestros pueblos:

    http://www.guggenheim.org/new-york/collections/collection-online/artwork/500

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  3. Más imágenes de las tipologías de depósitos de agua como parte del patrimonio cultural:

    https://www.google.com.co/search?q=bernd+hilla+becher+water+towers&espv=2&biw=1280&bih=709&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0CAYQ_AUoAWoVChMI5smz_N6EyAIVhrgeCh2NJAwP&dpr=1#imgrc=WayEj3C3mOc0cM%3A

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