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sábado, 29 de agosto de 2015

Las sombras más largas - Cuentecillos y microrrelatos sobre Pedroñeras (4)



Las sombras más largas

por Fabián Castillo Molina





Aquel 21 de diciembre de 2015,  iba a ser el día más corto del año, pero con las sombras más largas que se habían visto desde el año anterior sobre Las Pedroñeras; era el llamado solsticio de invierno. El sol permanente sin nubes, que lucía desde que sus primeros rayos, iluminaron los tejados, las calles y plazas del pueblo y la ausencia de viento habían ido templado el ambiente según avanzaba el día. El proyecto de unir por una vez fraternalmente a todos los vecinos con sus mejores sentimientos suponía que una comunidad de más de 7.000 almas iban a pensar y actuar en favor de algo que siempre, íntimamente, les hubiera gustado ver hecho realidad.


La sombra de la torre y la iglesia, la mayor sombra del pueblo, fue girando a medida que el sol avanzaba, elevándose y describiendo su curva sobre el horizonte. Las superficies de los tejados,  aceras y fachadas de las casas mantenían el hielo de la noche hasta que el  sol incidía directamente sobre ellas. Así, los habitantes del pueblo, en su quehacer de la mañana, buscaban de manera natural el sol, como los gatos y, no reparaban en la sombra larga y silenciosa que sus cuerpos proyectaban allá donde quiera que fueran. Todos los animales y plantas igualmente tenían al lado su sombra quieta y silenciosa, o en movimiento según los casos, si se desplazaban o se movían los cuerpos opacos. Actuaba la sombra como quien se burla de alguien repitiendo sus movimientos o sus acciones (lo que se llama en el pueblo arrendar). Hasta el humo de las chimeneas si era denso proyectaba su sombra.





Dos horas antes de la puesta de sol, comenzó a moverse la gente por el lugar como el trasiego de las hormigas en agosto un día que amenaza lluvia. Cada persona llevaba por compañera inseparable su sombra silenciosa, condición que habían tenido en cuenta los ideólogos de aquella gran movilización nunca experimentada hasta la fecha.

Se habían advertido, a través de WhatsApp y entre los distintos grupos de Facebook que convivían en Pedroñeras, varias condiciones para participar y normas a seguir durante aquella tarde: El lema de la manifestación sería UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE. Entre otras acciones figuraban la de no mover coches ni vehículo alguno de motor. Libertad total de expresión mediante pancartas, en cuanto a dimensiones y contenidos. Libertad para ir provistos de instrumentos musicales quien así lo deseara, así como de otros medios para producir música, que no ruido ni cencerrá”. Así se veían ya jóvenes con tambores y cornetas subiendo la Cuesta los Hitos y enfilando la carretera hacia Madrid. Se había previsto empezar a situarse en fila india en el arcén, desde la cuesta del toro de Osborne próxima al Pedernoso hacia Pedroñeras. Debían guardar una separación entre personas no inferior a un metro, de forma que extendiendo los brazos pudieran tocarse con las yemas de los dedos y en su caso enlazar las manos en algunos momentos y, siempre mirando hacia el centro de la calzada, de manera que cada persona pudiera ver en todo momento cómo crecía su sombra a medida que el sol fuera bajando hasta ponerse.

Al conocerse la  noticia de esta iniciativa  se comentaba: —¿De quién ha salido esta idea? De un grupo de Facebook. Sí, pero de cuál?. Qué importa del que sea si es buena, dijo alguien. Se extendió por WhatsApp y se produjo espontáneamente una reacción de resistencia a participar por parte de los que no la habían tenido y, como era habitual en la división de opinión política y de otra índole, lo que les parecía bien a unos les parecía todo lo contrario a los otros. No faltó quien dijo sin pensarlo: —¡Aique los de la manifestación!…¿A quién se le habrá “ocurríoesta tontá”?  Pero la verdad era que había poco tiempo y era necesario debatir si se unían o no y, tomar una decisión. La fecha era inaplazable. Eran varios grupos en disputa, Los jóvenes, los menos jóvenes, políticos y apolíticos, partidarios de movilizaciones y los que nunca habían estado en ninguna, los religiosos y agnósticos, monárquicos y republicanos, pedroñeros y forasteros, españoles y extranjeros. En tan poco tiempo como tenían para pensarlo, dos días, se habló mucho del asunto, era la ocasión, la previsión meteorológica había advertido día soleado seguro. Hubo tiras y aflojas. Sí, pero no, que si tú que si yo, que si esto no sirve pa naaaHubo momentos de discusiones acaloradas y tensión en algunos corrillos, pero finalmente la balanza se inclinó a favor de la participación masiva. En definitiva, el objetivo le gustaba a la inmensa mayoría. ¿Quién rechaza un mundo mejor por difícil que sea?

Las sombras de los motoristas avanzaban mucho más rápido por la carretera en el mismo sentido que las de los manifestantes, así ellos iban y volvían, dando de vez en cuando indicaciones para que mantuvieran una distancia prudencial dentro del arcén sin sobrepasar las balizas, ni pisar la calzada por donde de vez en cuando transitaba algún vehículo en su ruta ajena al acontecimiento. La prensa local también desplazó a su fotógrafas y redactores para hacerse eco del evento, igual que hizo RTVCM con un cámara y una redactora.

Un cuarto de hora antes de ponerse el sol, los más de 7 kilómetros que separaban la Cuesta los Hitos de la salida de Pedroñeras hacia Albacete de la entrada al Pedernoso se había cubierto de una larguísima fila de pedroñeras y pedroñeros de toda edad y condición. En los tramos más alejados del pueblo redoblaban tambores y cornetas sin maestro que los dirigiera puesto que del primero al último no era visible el director ya que además se habían ido uniendo los componentes de los diferentes grupos de estas bandas. También los músicos de la banda municipal, igualmente sin maestro, tocaban por su cuenta  una marcha pero a pie quieto. Charangas, grupos de peñas festivas y cofradías mezclados en muchos casos con otros no pertenecientes a ninguna agrupación pero sí solidarios con lo que allí se pedía, estaban presentes y seguían con naturalidad las normas pactadas. Pancartas caseras de todo tamaño y color con mensajes tan variados como deseables podían leerse como, NO a las guerras, No a los accidentes de tráfico. Basta ya de crimen pasional y de parejas. Alto a la precariedad laboral. Ética y transparencia para todos. Contra la corrupción bolsillos de cristal. Contra el hambre, solidaridad del mundo rico. Trabajo infantil No, Educación sí, libre y gratuita. El trabajo para adultos que lo piden y al que tienen derecho. Más investigación contra el cáncer. Atención y presupuesto para las enfermedades raras. Por un trabajo digno y a medida de la preparación y el gusto de cada uno. Amor libre sí, prostitución NOFin de las mafias ya. No al tráfico de personas. Un mundo sin fronteras. No a la explotación del hombre por el hombre. Contra el cambio climático y el deshielo polarPor el fin del calentamiento global.  Había algunas pancartas que se salían un poco de la seriedad, daban su nota alegre y jovial como la que decía: Lo de gastos militares para birras en los bares. Contra las drogas, alternativas lúcidas y sanas, pero nadie llamó la atención a nadie y la libertad de expresión y los buenos sentimientos se manifestaron sin temores.

Escasos minutos antes de la puesta de sol, todos estos y otros mensajes los estuvo grabando, en alta definición, un dron alquilado para el acontecimiento, así como a todas las personas que los portaban. Recorrió a una altura prudencial la carretera en todo el trayecto donde los manifestantes, enlazadas sus manos formando una cadena sin distinción de edad ni de color, miraban hacia sus largas sombras, las más largas que se proyectaban de manera natural cada año este preciso día. Se les había advertido a los operadores del dron que pusieran especial atención en captar las sombras, así lo hicieron y, así pudo verse luego cómo traspasaban carretera y arcén y se extendían a campo abierto. Nunca había pasado por su cabeza que estas sombras y sus portadores pudieran ser la causa de unirlos en una petición tan unánime y deseable.

A las personas mayores o con dificultades para desplazarse se les había reservado todo el trayecto del desvíemás cercano que bordea en curva el pueblo y así el tiempo menor y el esfuerzo que debían dedicar a este acto les permitía también compartirlo. Hasta un buen número de madres y padres con sus niños en brazos o en sus cochecillos de bebés se dieron cita en las proximidades entre El Pepito, El Castilla y El Bomba. Solo faltaron  en la inmensa columna las personas imposibilitadas, por encontrarse enfermas en cama y las que cuidaban de ellas.

Los móviles en manos de hombres y mujeres de todas las edades estuvieron activos y fueron los que movilizaron también a simpatizantes de la idea en El Pedernoso, Mota del Cuervo, Quintanary así hasta Pinto; por tanto la noticia llegó a la capital y diversos medios de formación de masas se hicieron eco del acontecimiento pedroñero.

El tiempo de espera para los menos jóvenes no fue mucho y mientras tanto había conversación entre vecinos. Uno recordó y dijo al de al lado la frase que repetía incansable el hermano Gabino Moya en la última fase de su vida: —“Que coma to´l mundo, Virgen del Carmen.

El apoyo a la organización por parte de los voluntarios de Protección Civil funcionó óptimamente. Las autoridades y  policía se mantuvieron al margen, ya que en la carretera, la Guardia Civil de Tráfico era quien tenía la responsabilidad de mantener el orden, sin embargo acudieron a título particular cada uno como uno más.

Cuando el sol inició su contacto con la tierra, el tráfico cesó en ambos sentidos. Todas las músicas y voces pararon, también se silenciaron los teléfonos, se guardó un minuto de silencio riguroso. Entonces el lema de la manifestación, las peticiones y deseos de todas las personas que participaban se unieron, creando un momento mágico difícil de explicar con palabras. Al terminar los sesenta segundos que muchos seguían en el cronómetro del móvil hubo un aplauso cerrado que se prolongó más de lo que nunca habían escuchado muchos de los allí presentes. El tráfico ya se había reanudado y los conductores y viajeros miraban extrañados el comportamiento de la gente de la Capital del Ajo. Mientras tanto, después del minuto de silencio, ya oculto el sol, el dron había dado la última pasada y aterrizó en el helipuerto del Polígono Industrial Horado Blanco. Al terminar los aplausos, alegres, tocaron las campanas de la torre y en el recorrido de vuelta hacia el pueblo ya anocheciendo, las músicas irregulares de algunos de los participantes acompañaban  a los más rezagados mientras regresaban al pueblo ya sin sombra salvo la que producía la luz de los faros de los vehículos.

Fabián Castillo Molina

1 comentario:

  1. Irreal pero precioso!!! ?y si ocurriera?. Se podría intentar...

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