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lunes, 2 de marzo de 2015

Belmonte en la prensa histórica (6): caen en Belmonte piedras como huevos de gallina



por Miguel Ángel Vellisco Bueno




29 de junio de 1850 “El Observador” 

Belmonte (Cuenca) 22 de Junio

En la noche del 17 y hora de las nueve y media, sintieron los vecinos de esta, un fuerte huracán que hacía resentirse los edificios, el que unido al ruido aterrador de un continuo trueno tubo por largo tiempo atemorizados a los menos pusilánimes. El agua que arrojaba la nube era tanta, que los que vivían en casa bajas tuvieron que subirse a los tejados para no perecer ahogados, como sucedió a las caballerías y demás animales domésticos que estaban en los establos. Con el agua caían por intervalos piedras en abundancia, y tan crecidas, que muchas de ellas eran como huevos de gallina, las que han destruido las cosechas de cereales, vino aceite y otros frutos que se presentaban abundantes, sumiendo en la miseria a la mayor parte de estos labradores, que creyeron llegar su fin al sufrir hasta las doce de la misma noche los horrores de una tormenta que no hay memoria de otra igual en todo el país.
A la aflicción consiguiente al peligro en que se encontraban, se aumentaba la angustia de oír a los infelices que se habían acogido a los tejados pedir un auxilio que era imposible prestarles por hallarse las calles intransitables con más de tres varas de agua. Para que el conflicto fuese mayor, al poco tiempo que se abrían las cataratas, experimentamos un sacudimiento o temblor de tierra de bastante duración y fuerza, siendo tanto el fuego eléctrico que se desprendía de la atmósfera, que desde los pueblos inmediatos se creyó que ardía Belmonte, ninguna desgracia sin embargo, tenemos que lamentar. Las puertas de la violencia y choque de las aguas arrancaron de las casas, así como los muebles de peso que arrastraban, fueron llevados a más de una legua de distancia de la población.




5 de julio de 1850 “El Heraldo de Madrid” 

Con motivo de la calamidad sobrevenida a la villa de Belmonte, provincia de Cuenca, de que tienen ya noticia nuestros lectores, el Ayuntamiento de la misma acaba de elevar a S.M. la siguiente exposición, en la cual, después de dar extensos pormenores sobre aquella catástrofe, suplica que se le perdonen los dos trimestres que faltan de la contribución de este año. Dice así: “Señora:

El Ayuntamiento Constitucional de Belmonte, en la provincia de Cuenca, puesto a los B.P. de V.m. respetuosamente expone: Que exclusivamente agrícola esta población en pocos momentos ha perdido las esperanzas de que se hubiera formado en los frutos de la tierra. Cuando esperaba una cosecha mediana, porque el estado de la siembra parecía prometerla, ha visto desaparecer la de cereales, la de vino y aceite, únicos frutos que se recolectan en su término y con los que sus habitantes contábamos para satisfacer a nuestra subsistencia. De todas las almas de esta villa se ha apoderado el terror y la tristeza; los pobres, los ricos y los medianos estamos abrumados del sentimiento más profundo, porque todos esperamos un porvenir muy triste este año: La causa de todo esto Señora es espantosa. Serían las siete o siete y media de la tarde del día 17 de este mes, cuando empezó a formarse sobre este pueblo una nube que, si bien al principio no causara cuidado, porque hacía ya muchos días que la atmósfera estaba nublosa, fue después tomando incremento y un aspecto aterrador y cada vez más espantoso. Después de las nueve de la tarde y en medio de un continuado relámpago, principió la nube a descargar por un considerable espacio de tiempo, y con una grande fuerza, una multitud de gruesas piedras que produjeron el mayor espanto en los habitantes de esta villa, que al observar semejante accidente y que el suelo quedó cubierto con seis dedos de piedra, todos pensamos, y por desgracia no nos hemos equivocado, que la cosecha de este año, de la que no se había cortado ni una espiga, porque todavía no estaba en razón, quedaba destruida. Luego que la noche cesó de arrojar piedra, principió una copiosa lluvia tan fuerte como antes había sido la piedra que parecía que la omnipotencia del Criador había resuelto exterminarnos. Era tal la abundancia de agua que despedía la nube, que por muy consistentes que fueran las cubiertas de las casas, en todas penetró hasta los pisos más bajos. Las acogidas que la escabrosidad del terreno forma por la tarde de saliente produjeron una inmensa avenida, de modo que, como era tanta la abundancia de agua, llegó su altura en la espaciosa plaza llamada del Pilar a cinco palmos, e inundó las casas de dicha plaza, elevándose en algunas de las de la calle de cantarranas y San Juan hasta dos varas. Así es, que se llevó el agua parte de las casas y el menaje que en ellas tuvieran sus habitadores, y en una produjo un hundimiento de una gran parte de ella. Son varias las caballerías que se han ahogado y arrastrado la corriente del agua; y, en medio de todo, hemos tenido la fortuna de que no ha habido ninguna desgracia de personas. Algunas de las calles han quedado intransitables, y lo mismo los caminos y las pocas huertas que había en esta población completamente destruidas. Solo en el pueblo son grandes los perjuicios que ha causado la nube, porque las casitas que no ha arrastrado y destruido la impetuosa corriente del agua, están inhabitables y han quedado con tan poca fuerza, que acaso no tardaran en arruinarse. Si bien la nube arrasaba todo el término, y más, de esta villa, no sobre todo despidió la piedra con tanta violencia y en tanta consideración; pero lo que no ha destruido aquella, lo ha arrancado la avenida. Tirando una línea desde el saliente al poniente, todo lo que pertenece al lado norte ha quedado en términos que no se encuentra ni una espiga, en lo que queda al medio día de dicha línea, que generalmente es lo peor del término, y lo que menos produce, una mitad ha quedado destruida parte por la piedra y parte la corriente del agua. De suerte que han desaparecido tres cuartas partes o más de la cosecha de cereales, y caso toda la del vino y aceite, según resulta del expediente que se ha formado y remitido al señor gobernador de la provincia. ¡Noche de espanto y de terror!, ¡noche que no se borrará en la memoria de los que hoy habitamos Belmonte, porque en ella se perdió el fruto que esperábamos sus vecinos por nuestra laboriosidad, y que nos proporcionaba los medios para subsistir! Pero las pérdidas no son, por desgracia, solas las que han sufrido las casas y los sembrados y plantíos , si no que se extienden también a los frutos que del año anterior conservaran algunos labradores todavía por las economías que se han sabido y podido formar a costa de mil privaciones, porque esos frutos se han mojado en los mismos trojes, y han perdido el estado natural que tuvieran, y adquirido otro sumamente desventajoso, se extiende también a la barbechera, ya preparada y concluida para hacer la sementera del año viniente, porque el agua se ha llevado la flor de la tierra y ha dejado el terreno desde lo que no ha penetrado nunca el arado; sumamente duro y sin labor, es imposible sembrarlo cuando los dueños puedan adquirirse semillas para ello; donde el agua no se ha llevado la flor de la tierra, o sea la labor, ha dejado infinidad de piedras y perdido el cultivo que tuviera. Tal es, Señora, el estado desconsolador en que ha quedado Belmonte. Y en pueblo que acaba de padecer tantas pérdidas en una, ¿no será acreedor a que V.M. le tienda su benéfica mano para proporcionar algún desahogo a su aflicción?. Este pueblo hasta aquí ha cubierto extremada regularidad las cuotas de contribución que, con exceso, atendiendo a sus regulares u ordinarias utilidades, le han sido impuestas; pero ahora se ve imposibilitado de satisfacer los dos trimestres que faltan para cubrir la de este año. La causa es independiente de la voluntad del hombre, y, por lo tanto, atendida la desgracia, será muy justo perdonarle lo que resta, y todavía no ha vencido, de la contribución del año presente, según el Real Decreto de 23 de Mayo de 1843. Si la contribución de inmuebles recae sobre las utilidades que reportan las fincas, la equidad y la justicia están demandando el perdón de la impuesta a Belmonte, toda vez que las fincas de su término no solo no producen nada de capital que tenían anticipado para la producción de este año que viene, porque el que quiera y pueda sembrar el otoño que viene, tiene, por necesidad, que emplear otro nuevo capital. El Ayuntamiento no puede mirar con indiferencia el triste estado en que han quedado estos vecinos, y, cumpliendo con su deber, no puede por menos de acercarse a las gradas del trono por esta respetuosa exposición, y suplicar como A.V.M. suplica se digne dirigir una mirada de compasión a esta desgraciada población y otorgarle el perdón de la contribución por este año lo menos. El Ayuntamiento y el pueblo entero…. En que V.M. dispensará esta gracia, que, aunque parezca y sea grande, es justamente bien merecida aun pueblo que se ha quedado sin los medios con que contaba para su subsistencia, aun pueblo que, no sólo ha perdido las utilidades que le pudiera haber reportado la agricultura en este año, sino que ha perdido el trabajo y capital que anticipara para la producción casi de dos años. El Ayuntamiento, persuadido de los sentimientos de V.M., confía en que sus súplicas no sean desoídas ni desatendidas, al mismo tiempo que confía también en que tampoco el Todopoderoso desoirá las que le dirige para que conceda V.M. un feliz alumbramiento, completa de salud y largos años de vida para bien de esta nación puesta al cuidado de una Reina tan amante de sus pueblos.

Belmonte , 16 de Junio de 1850. –Señora. –A.L.R.P.de V.M.

Juna García Parrado, alcalde presidente del Ayuntamiento.-Ezequiel Jiménez, primer teniente de alcalde.-Valentín Cuevas, segundo teniente alcalde.-Gabriel López.- José Montalbán.-Juan Francisco Moreno.-Nicolás Agudo.-Gregorio Fernández.-Policarpo Ruiz.-Hermenegildo Sánchez.-Bartolomé Torremocha, regidores.-Juan Quiñones, regidor procurador síndico.”

©Miguel Ángel Vellisco Bueno

1 comentario:

  1. Un buen trabajo este del mayor pedrisco de la historia. Gracias Miguel Angel por rescatar documentos historicos tan vivos e interesantes.

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