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lunes, 15 de septiembre de 2014

Enterramiento de pájaros en Las Pedroñeras, una curiosa costumbre



De los dos periquitos que hemos tenido en casa ya solo nos quedan algunas fotografías. La verdad es que no tenemos animales, pero después de la tragedia que hemos vivido con los dos, creo que no vamos a intentarlo de nuevo. La muerte de un animal querido, al que se tiene en la casa y convive con nosotros, y con el que nunca discutimos, pues supone siempre una especie de tragedia. Más aún entre los más pequeños. Por eso veo complicado que volvamos a tener otro animal por casa, y mira que la gente te ofrece perritos y gatos, pero no. Os contaré la historia y luego hablaremos de esa curiosa costumbre de los enterramientos de pájaros en el Lugar.

El primero que llegó a casa fue Pepito, así lo bautizamos. Era un periquito azul, muy tímido, al que quisimos muchísimo. Fue el regalo de cumpleaños de mi hijo mayor. Luego vino Lola, a la que trajeron los Reyes para mi pequeñajo. Lola era verde y amarilla. Lola era más fuerte que Pepito y le picaba mucho al principio. Luego se hicieron amigos pues convivían en una pequeña jaula y se espulgaban el uno al otro cada poco. Más tarde descubrimos que Lola no era hembra, como pensábamos, sino macho, así que mi hijo le cambió el nombre a Rober, algo que no cuajó después de haber estado tanto tiempo llamándole Lola. En fin, la historia.

Lola, aunque más joven y fuerte, murió en el verano de 2012. Siempre los sacábamos a la terraza por la mañana y antes de que el sol comenzara a dar por la tarde, los metíamos a la habitación. Un día no nos acordábamos de ellos cuando, a mitad de la hora de la siesta, alguien dio la voz de alarma. ¡Los pájaros! Salimos y -primera tragedia doméstica- Lola yacía en el suelo de la jaula más tiesa que un garrote y Pepito, que aún saltaba de un palo a otro mostraba, un aspecto como de asfixia y nerviosismo. La enterramos en la huerta junto a una cruz que tenemos. Fue un día de caras largas y algún llanto. Pepito se salvó como de milagro.

Pepito murió el verano siguiente. Estábamos celebrando el cumpleaños de mi sobrina en la huerta. A la hora de comer siempre pasamos dentro de la casa porque se está más fresquito y no hay moscas. Al pájaro lo dejamos fuera, en su jaula. Era una costumbre. Nunca había pasado nada. A la hora de la tarta nos hacía falta un mechero y yo salí fuera para ir a buscar uno. Me encontré con un espectáculo dantesco. Una culebra o serpiente de dimensiones importantes se había metido en la jaula de Pepito y lo había matado. El pobre estaba casi destrozado, desfigurado, exánime, tirado como un desperdicio. Pero el ofidio aún estaba dentro. En fin, no sigo, pero la lucha con la culebra fue feroz. Se defendía de una manera endemoniada, silbando y sacando continuamente su lengua. Dabas miedo, pero, tras haber perpetrado ese asesinato, la cosa no podía quedar en un "hasta luego, encantados de haberla conocido". Al final no se nos resistió y acabó pinchada en una horca de hierro, con la cabeza machacada por una pala que manejé diestramente y quemada en la hoguera, por bruja. 


Enterramientos de pájaros en Pedroñeras


El otro día, en el Facebook del Grupo del Lugar, Maricarmen Rubio Villaseñor puso aquello de: No eres de Pedroñeras si... "no te acuerdas de ver en la pared de un patio o corral un pájaro enterrado, tapado con un cristal". La cosa prometía, pero aún no había fotos de algo tan curioso.

Según Maricarmen en una pared del patio de los Tortosas había un enterramiento de este tipo. Como las paredes de las antiguas casas eran de tapia, anchas, se excavaba en ella un pequeño hueco y en él se depositaba el pájaro, tumbado, con sus sabanillas y su almohada. Luego se ponía un cristal y se cogía este con yeso. Así, el pájaro, que al final se quedaba como disecado, se podría ver en cualquier momento y a lo largo de muchos años. Yo creo que de pequeño lo he llegado a ver, porque a mí esto me sonaba un montón.

Es el caso que luego opinaron otros contertulios diciendo que también habían visto o tenido otros pájaros enterrados así. E incluso la propia Maricarmen añadió que su tía Bernardina había tenido a uno de estos pájaros enterrados de esta manera, en uno de estos pequeños nichos. Yo, y creo que otros muchos de nosotros, no salíamos de nuestro asombro. ¡Enterramientos de pájaros en las paredes de las casas en Pedroñeras!

Entonces, por un casual, entró en el Facebook Gabriela Guijarro Cobos y dijo que en casa de sus padres (calle Montejano 46, junto al estanco de las Montoyas) había tres enterramientos en una pared y aún se conservaban. Se ve que para conformar a los niños, cuando el pájaro se moría, les hacía este enterrillo. Incluso les ponían flores y ellos jugaban a rezarles, incluso con ropa de luto. Los tres enterramientos de los que hablaba Gabriela era de un periquito, unos guacharetes y unos pollitos. Cogió el móvil y con la cámara les hizo unas fotos. Son las que os pongo a continuación. La que mejor se ve es la del periquito, pero el conjunto de las tres tumbas en la pared es de antología.

"Es que daba muchisma pena, cuando se murió el periquito, tan hermoso en esos tiempos (hace unos 40 años), tirarlo al tejao para que lo pillaran los gatos. Mi madre nos conformaba así... ¡ay, qué tardes rezando de rodillas al pájaro, y los primeros días ¡qué lagrimones!"

De haberlo sabido, quizá hubiésemos enterrado a los nuestros, Lola y Pepito, así. Otra vez será. O no.










ÁCS

4 comentarios:

  1. Joder, qué acojone, Ángel. Esta es una de las costrumbres más bizarras que he haya conocido.
    D.M.

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    1. Jajaja, seguro que por El Provencio también se haría algo parecido.

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  2. Me ha parecido muy interesante, y una costumbre que no conocía me gustaría poder compartirla .. me da su permiso?

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    1. Claro que sí, con el conveniente enlace. Un saludo y gracias.

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