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domingo, 28 de septiembre de 2014

Unas palabras sobre "Como si fuera la última vez", de Teresa Pacheco Iniesta



Iba a comenzar diciendo que, con esta obra, Como si fuera la última vez, nuestra autora y paisana Teresa Pacheco Iniesta creaba un hecho sin precedentes en nuestro pueblo al publicar un libro de relatos. Caigo, no obstante, en la cuenta de que Juliana Izquierdo Moya ya lo hizo con sus Cuentos morales de 1964, género este en el que llevaba practicando casi desde niña. No recuerdo ahora de memoria, pero me atrevería a decir que también algún pinito hizo en este sentido otra pedroñera ilustre, como lo fue en su día doña Asunción de Zea Bermúdez. No obstante, el mérito de un libro no reside en si fue el primero, el segundo o el décimotercero por lo que se refiere a su año de publicación en el ámbito más local, sino en lo que contiene, y este de Teresa contiene mucho y bueno. Os lo explicaré.


El otro día pasé por Cuenca en visita obligada y me acerqué de paso a dejar en las librerías mi Folclore infantil de Las Pedroñeras, así como unos ejemplares de una recopilación de microrrelatos titulada Basura Espacial, recién impreso, de las que os hablaré en otra ocasión. Es el caso que encontré también allí expuesto el libro de nuestra escritora, lo que me llenó de orgullo, sabiendo que también los míos lo acompañarían amigablemente en el escaparate. Teresa, además, ha tenido la fenomenal idea de regalar con su publicación unas cabezas de ajos que vienen delicadamente presentados en el interior de una malla. Ajos y literatura, de calidad en ambos casos, ofrece la escritora a quienes quieran adquirir el libro. Sé que les será de provecho a los estómagos conquenses, como de igual modo lo serán sus cuentos a los ávidos y sibaritas lectores de nuestra capital provincial.

Cuando fui informado de que este libro se había publicado, pronto acudí a hacerme con él. La portada, con ese bello retrato coloreado de la madre de Teresa era llamativo, hermoso, y con un amoroso y acertado criterio había sido seleccionado por la autora para esta portada. El interior no desentona con la cubierta desde luego. Amor hay a raudales en gran parte de los 30 cuentos que conforman el libro. El amor y sus más diversas caras. El amor y otros temas aledaños que vienen a acompañarlo para formar un florido jardín de sentimientos. El amor tierno, el otro más salvaje y baudelaireano, el amor maternal, el filial, el amor como enfermedad, pero como una bella enfermedad que salta las bardas de los años juveniles para instalarse definitivamente en el individuo, muchas veces transformado en cariño. El amor como contrapunto al odio que a veces reina dictatorialmente en el corazón de algunas peersonas. El amor como salvación. Y el triste amor.

Pero no es el tema, claro está, lo que define o colma de calidad a la mayoría de estos relatos, sino el tratamiento que de él se hace. Y más que otra cosa, lo bien trabadas que andan las historias por estas páginas, que, añado, se leen con una fluidez milagrosa. Los argumentos, que muchas veces sorprenden en su final (una sorpresa buscada con fina intención por Teresa Pacheco), atrapan desde el primer momento con un atinado planteamiento que nos sumerge de inmediato en la vida de los personajes y el "problema" que los envuelve. Para que la lectura corra como un río, la escritora se basa atinadamente en la frase breve, evitando la retórica y la florida o barroca sintaxis. Esto desde luego no quiere decir que la estructura y el lenguaje empleado sean demasiado fáciles, demasiado llanos. No, no, precisamente la dificultad que solventa con gracia nuestra escritora es esa de hacerse sencilla al lector, cercana, revelando la profundidad con palabras que uno reconoce amables y familiares (y es tarea harto dificultosa para ciertos escritores, el lograr esto que con mano maestra maneja ella). Sí, también el tema familiar es otro de los tocados, por otro lado, por nuestra Teresa. Los textos andan sembrados de rosas, y cada poco una chispa reveladora asalta nuestros ojos en acendrados y sutiles golpes de ingenio y de gracia. Hay que tenerla para acertar en determinados blancos. Hay mucha reflexión tras cada frase. Hay mucho de limpieza, también, de lo innecesario, de lo supletorio. Es cosa que se agradece.

Fresco, sencillo, a la par que hondo, reflexivo e intenso es el conjunto de relatos de Como si fuera la última vez. Un libro que no os va a dejar indiferentes, que toca la fibra sensible del lector, que lo lleva de la mano por una intrincada selva de sentimientos y emociones vivísimas. Un viaje al pasado, un viaje al interior, una ventana abierta a descubrir nuevas vidas, que muchas veces son las nuestras, las de la autora, la de su pueblo, que también es el nuestro, y todo ello lleno de destellos de buena y sutil literatura. Por todo ello, y porque cuentos como "Veinte días y tantas horas" (quizá mi favorito), "La vida en el espejo", "Orinar es un placer", "Invisible", "Noches de infancia", "El día de la Virgen de Agosto" o "Reyes Magos" me parecen logradísimos, creo que este libro debería estar en la estantería de todo pedroñero y conquense que se precie y ame la lectura aunque sea a ratos. Quizá sea la mejor manera de agradecerle a Teresa Pacheco Iniesta que nos haya regalado lo mejor de su literatura con Como si fuera la última vez.

©Ángel Carrasco Sotos

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