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martes, 23 de septiembre de 2014

Pregón de las Fiestas de Pedroñeras del año 2009, por Maricarmen Izquierdo Pulido



Nuestra paisana y periodista, Maricarmen Izquierdo Pulido, se ha dejado caer por este blog del Lugar para dejar registrado en él el famoso pregón (digo famoso por lo popular: aún siguen los lugareños acordándose de sus palabras) que diera para presentar las fiestas del año 2009. Maricarmen también fue reina de nuestras fiestas cuando se celebraron el año de 1982 (por aquí podéis echarle un ojo a las fotos). Conocida periodista provincial, ha trabajado en la cadena SER, en el periódico conquense El Día de Cuenca y ahora lleva las riendas, como sabréis, de Las Noticias de Cuenca, un periódico que en la actualidad se publica semanalmente y que también puede consultarse en la Red. Sirvan estas pocas palabras como presentación de este memorable pregón que hizo que, al menos en ese día, en esas fiestas, su autora fuese profeta en su tierra. Y mira que es difícil conseguir esto. Bueno, no me alargo más, y por aquí abajo le paso la palabra a Maricarmen Izquierdo Pulido. Este fue su pregón.




Pregón de las fiestas pedroñeras de 2009 
(por Maricarmen Izquierdo Pulido)



Gracias, Aitziber, buenas noches, amigos, paisanos, Corte de honor y autoridades .

En otro escenario, pero desde esta misma tribuna he tenido el honor de presentar en varias ocasiones el acto de apertura de nuestras fiestas patronales, he subido a esta tarima a recoger un premio periodístico del ajo y también a recibir la corona que en el 82 me proclamó reina de las fiestas en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno y al Santísimo Cristo de la Humildad… pero nunca, nunca, habría imaginado que un día tendría la responsabilidad de pronunciar el pregón de fiestas.

Cuando la alcaldesa me hizo la invitación mi primera reacción fue de negativa: el pregonero es alguien importante, fueron mis palabras, y yo no lo soy; pero soy pedroñera, ese es mi mérito  y aquí estoy, ante mi pueblo, al que con orgullo saludo y me presento agradecida como una más de sus hijas… la que en este 28 de agosto de 2009 tiene el privilegio de ser su pregonera, noble oficio que aún resuena en los ecos de mi familia y que me enorgullece revivir gracias a esta oportunidad que me brida el Ayuntamiento, a quien públicamente desde aquí doy las gracias por el honor con el que me distingue al haberme encomendado la tarea de hacer saber que dan comienzo nuestras fiestas patronales; que Las Pedroñeras se pone sus mejores galas para revivir el rito ancestral de la fiesta; que abre puertas y ventanas para dejar entrar la música, la alegría y el jolgorio de unos días en los que la fe en nuestros queridos  patrones se refuerza, se renueva y se mezcla con el populismo alegre y desenfadado que dan unas jornadas repletas de actividades festivas, que espero y deseo que todos podamos disfrutar intensamente.


Como nieta de pregonero que soy, quisiera recorrer las calles de punta a punta, desde El Sepulcro hasta los Viveros, desde el Pepito hasta Legazpi, de la Casa la Era al Pico del Chato; subir al Cerro Ratón y anunciar a los cuatro vientos que Las Pedroñeras está de fiesta… que hace un alto en el camino para honrar a sus queridos patrones y que abre las manos al vecino y al foráneo para  disfrutar de un merecido descanso.

¡Llegan las fiestas!, y otra vez el paseo de la feria se llenará de sabores agridulces, otra vez las atracciones despertarán los sueños infantiles y todo un mundo se abrirá ante la esperanza de los jóvenes que por primera vez disfrutarán de una libertad sin horarios. Volverán las interminables jornadas de camaradería en los locales de ocio, los juegos, los espectáculos, las verbenas,  las cañas mañaneras, las partidas, las abundantes mesas y…durante estos días... otra vez surgirá la añoranza por los que ya no tienen la oportunidad de perderse entre la amalgama de voces que despiertan el apetito del reencuentro. Para todos ellos, para los que nos han dejado este año y a lo largo de todos los años de nuestras vidas, para los que han escrito nuestra historia dejando su impronta en nuestros corazones, vaya nuestro homenaje de pedroñeros.

Mis primeros recuerdos de las fiestas patronales están en esta misma plaza. Recuerdo el kiosco de la música, justo ahí enfrente, y a mi padre con su flamante uniforme de músico y un reluciente bombardino al que días antes toda la familia había sacado lustre con Sidol. 



Recuerdo el olor a pólvora y el miedo que me daban las carretillas, sobre todo desde que uno de aquellos toros de fuego pilló a tío Emilio en la calle Mayor y le quemó el pantalón;  él gruñía indignado, la gente le pasaba corriendo por encima, mi tía Isabel reía y yo lloraba…  nunca más estuve cerca de una carretilla. 


Corría la década de los sesenta y por aquel entonces se celebraban dos fiestas patronales: las de Jesús el primer domingo de septiembre y las del Cristo, el 14 del mismo mes.  En aquella época Las Pedroñeras estaba viviendo las primeras mieles del progreso que la mecanización trajo al campo.

El cultivo del ajo se extendió de forma masiva y avalada por la calidad que distingue a su excelencia el Morado, la fama del ajo pedroñero conquistó las fronteras. El impulso económico que produjeron estos hechos fue toda una revolución, la forma de vida cambió. Las Pedroñeras inició su carrera de ascenso.


Atrás quedaba la humilde etapa en la que la promoción del ajo morado era poco más que el  fruto de los viajes a lugares como Requena en Valencia, que tantos y tantos pedroñeros  hicieron con sus carros tirados por mulas para vender o la sazón cambiar sus ristras de ajos por otros productos y enseres. Así consiguió mi abuelo Salvio sus primeras carretillas para transportar el agua.


En los setenta la calidad de vida mejoró, el ajo cambió la economía y la fisonomía del pueblo. Las tradicionales casas de tapia con vivienda, corral y cámara, fueron dando paso a construcciones de dos alturas, la primera: para el porche, para almacenar y cortar los ajos a la sombra.


Las comodidades se fueron instalando poco a poco en los hogares y el esperanzador futuro que se abría en el horizonte frenó el éxodo a las grandes ciudades y fue reclamo de vuelta para los emigrantes.


En esta situación de bonanza Las Pedroñeras quiso engrandecer sus festejos y así nuestros dos patrones, cuyas hermandades siempre habían mantenido una sana y festiva rivalidad, unieron sus celebraciones. Jesús, Jesusillo, El Cristo y el Cristillo más el día de vísperas, cinco días seguidos de fiesta que despertaron el interés de los feriantes.


Esta plaza dejó de ser el escenario de fiesta, la feria se fue al paseo de la antigua carretera nacional. Llegaron los caballitos, las voladoras, los coches de choque, los conciertos con grandes figuras de la canción de la época. 


El cultivo del ajo seguía creciendo, adentrándose en la forma de vida y cultura de este pueblo hasta que formó parte misma de sus entrañas y por supuesto de sus fiestas. En 1973 nació la 1ª Fiesta Internacional del Ajo, y ese bendito pan de nuestros campos arañó dos días más de merecido descanso en las fiestas patronales, que desde entonces se han venido celebrando del 31 de agosto al 7 de septiembre.

Hoy, comenzamos una nueva etapa, las fiestas han cambiado de fecha, no es la primera vez, y probablemente no será la última… si hay algo en la vida que no cambia son los cambios, es lo que nos hace avanzar, lo importante es que no cambie la esencia de nuestras tradiciones, y esa… esa, es nuestra tarea de pedroñeros: contribuir al mantenimiento de nuestras costumbres, de nuestras raíces, porque sin ellas un pueblo no tiene identidad pero Las Pedroñeras sabe muy bien quién es.


El ajo, nuestro Ajo Morado, nos ha forjado el carácter, nos ha dado fuerza, valentía y tesón para ser lo que somos, para avanzar y crecer como pueblo. El camino no ha sido fácil, recorriéndolo hemos padecido ese dolor de ajo que abre las carnes en canal cuando un mal día de pedrisco o una lluvia a destiempo echa por tierra el trabajo de todo un año.

Vosotros lo sabéis bien, todos hemos visto el mismo gesto de preocupación en nuestros abuelos, padres  y vecinos. Lo hemos visto en sus ojos, resecos de tanto mirar al cielo; en las manos curtidas de sol, escarcha y arado. 


Pero el trabajo no nos asusta, si hay algo que distingue a Las Pedroñeras es la gran capacidad de trabajo de sus gentes… y las primeras en ponerlo de manifiesto han sido sus mujeres, verdaderas heroínas de la expansión económica, cuya labor al frente del proceso productivo del ajo ha sido ejemplo a seguir en toda la comarca.

Ahora tenemos máquinas sembradoras y recogedoras, desgranadoras e incluso cortadoras de ajo, pero quién no recuerda las interminables cuadrillas de mujeres sobre el hilo con el morral en el halda en las gélidas mañanas de invierno; mañanas en las que el hielo congelaba las entrañas… y ellas, sin poder hacer apenas el huevecete con sus dedos, con increíble destreza sembraban milimétricamente de jeme en jeme los ajos que por la noche, en armoniosa tertulia con familiares y amigos, desgranaban uno a uno con sus propias manos. Eran las trasnochás de esgorolle, que por la cercanía con la Navidad concluían con sabor a mantecado y polvorón, mientras la noche envolvía el pueblo con una densa niebla mezclada con el humo de la cascarilla quemada que salía de las casas.


La mujer,  también en la escarda; en el palote, en las madrugadas estivales preparando meriendas y aviando la casa antes de plantarse en el hilo a recoger la cosecha; en las mañanas y tardes veraniegas en porches, corrales y almacenes cortando ajos -o pelando en las zarandas-… La mujer, siempre la mujer pedroñera tirando del carro de un pueblo que a fuerza de trabajo ha conseguido ser la envidia de la comarca.




Hay quien dice que somos orgullosos, y yo digo que si así lo parecemos es por que lo somos, y los somos porque estamos orgullosos de ser lo que somos: de ser pedroñeros... herederos de los hombres y mujeres de San Blas, El Robledillo y Santiaguillo, hombres y mujeres coraje que en busca de un futuro mejor emprendieron un éxodo en busca de agua , y en abundancia la encontraron aquí –en Las Pedroñeras– en el Lugar, y sobre sus piedras fundaron un pueblo que pronto fue villa y que hoy es una de las primeras poblaciones de nuestra provincia gracias al tesón y al trabajo infatigable de sus gentes, herencia de los próceres primigenios que supieron ver en la unión la fuerza de su vida.

De Las Pedroñeras y de sus fiestas os han hablado grandes plumas de España, políticos, artistas, científicos, historiadores y otros muchos personajes que con gran brillantez han pasado por esta tribuna como pregoneros. Yo no pretendo, puedo ni quiero ponerme a la altura de mis predecesores, personajes de todos los ámbitos que han cantado con verbo fluido las bondades y excelencias de Las Pedroñeras, desgranando su origen, historia y patrimonio con diligente intelecto.


Esta noche, lo que quisiera es poder tocar la trompetilla de pregonero de mi abuelo Pulido y que su eco llegara a todos los rincones del mundo para hacer saber que en el corazón de La Mancha hay un pueblo que se ha ganado a pulso el sobrenombre de capital internacional del ajo, y que sus gentes reclaman la atención que merece el esfuerzo no de una vida, sino de toda su existencia.


Hemos pasado años buenos y malos, y siempre hemos salido airosos; con más o menos penurias hemos aceptado malas cosechas y bajos precios, pero la competencia desleal es un monstruo al que no podemos combatir solos.


Necesitamos que se vigilen las fronteras; que en las importaciones de terceros países se exijan las mismas garantías de trazabilidad y calidad alimentaria que se exigen a nuestros ajos; pero también, que se ponga freno al abuso de una intermediación que arruina al sector y estafa a los consumidores.


Las autoridades lo saben, porque el sector se lo ha dicho, y hoy, desde esta tribuna, con la legitimidad que me da ser de Las Pedroñeras –en nombre de todos sus vecinos– pido al presidente de Castilla-La Mancha –hoy representado por el delegado de la Junta, Ángel Valiente–  que luche con todas sus fuerzas y utilice todos los medios a su alcance para conseguir que las autoridades competentes pongan su mano sobre este sector que, como bien sabe,  es el responsable de que esta comarca  registre el mayor índice de población joven de la provincia.


El ajo es la vida de este pueblo, por eso no es de extrañar que los que nos visitan siempre digan aquello de ¡Las Pedroñeras huele a ajo!

Y es cierto, huele a ajo y ¡ojalá que siga oliendo durante muchos años!, porque eso significará que tendrá la suficiente protección como para no estar amenazado por el invasor. ¡Ojalá que siga oliendo durante muchos años! porque eso significará que se nos permitirá la utilización del agua necesaria para que nuestras cosechas sigan adelante sin tener que abandonar la provincia; porque eso significará que el uso de los recursos de nuestras cuencas excedentarias como Rus-Valdelobos y Altomira no habrán arruinado a los agricultores con injustas sanciones.

Sí, ojalá, delegado, que Las Pedroñeras siga oliendo a ajo durante muchos años, dígaselo al presidente.

Ajos hay … y muchos, por todo el mundo; pero el nuestro, su excelencia el Ajo Morado de Las Pedroñeras es excepcional, no sólo viene avalado por el marchamo de calidad que le da tener nombre y apellidos, sino que no tiene igual.

De cabeza pequeña, redonda y blanca, sus delicadas  camisas protegen unos dientes morados que concentran el más alto índice de principios activos de todas las variedades de ajo del mundo.

Nuestro ajo -casi panacea- posee grandes cualidades curativas y medicinales, de las que ya se hablaba en los tiempos antiguos y que hoy vienen avaladas por estudios científicos que todos conocéis  porque, como no podía ser de otra manera, fue un pedroñero, Luis Antonio Gómez Fernández, quien con su proyecto fin de carrera despertó el interés de la universidad regional… y desde entonces, al amparo de la Diputación de Cuenca,  la Universidad de C-LM lleva las riendas de un proyecto que se gestó en el seno del equipo que dirige el Doctor García Plaza, un provenciano que es jefe de Gastroenterología del Hospital Ramón y Cajal.


La cocina también sabe de las inigualables cualidades gastronómicas. Un solo diente de Ajo Morado de Las Pedroñeras da a los platos mucho más aroma y sabor, y por supuesto más sutil y menos repetitivo, que tres dientes de ajo chino. Es como comparar un vino de mesa peleón con un buen crianza manchego.


¿Pero, si todo son bondades, qué pasa; por qué tenemos tantos problemas en la comercialización de nuestro ajo...?

Hace unos días, cuando en el marco de la FIDA se celebró el Primer Concurso Nacional de Cocina  “Ajo Morado de Las Pedroñeras”, Erlantz Gorostiza - jefe de cocina del restaurante de Manolín- me decía que es sorprendente que un ajo tan diferente y único como el nuestro, no esté ocupando en el mercado el lugar que se merece.


El problema, decía,  es que no sabemos vender, y como ejemplo citaba que cuando alguien va a comprar espárragos de Navarra no se sorprende por el precio, ni busca otros más baratos… sabe que está pagando calidad y no le interesa otra cosa que no sean espárragos de Navarra. Y eso, me decía, es lo que hay que lograr con el Ajo Morado de Las Pedroñeras.


Estaréis conmigo que parte de razón no le falta; pero somos nosotros los primeros que tenemos que creer en las posibilidades de nuestro producto, apostar por él, por su calidad diferenciada, y no buscar mayores rendimientos con variedades de mayor calibre, por aquello de que lo que vende son los ajos gordos… No, con la globalización la oferta es cada vez más y más grande, el éxito no está en salir al mercado como uno más, sino como el único .


En su día el ajo nos dio nombre y fue uno con nuestras fiestas patronales, hasta en eso nos han favorecido sus bondadosas cualidades. Hoy es él, el Ajo Morado de Las Pedroñeras el que pide que todas las partes se impliquen en la medida de sus posibilidades y posiciones y prestigien su buen nombre por el mundo.


Hoy, el ajo lanza un grito para que el sector esté unido, para que sepa ver -como los hicieron nuestros primeros pobladores- que en su unión está la fuerza de su lucha y, por ende,  de su futuro.


La tarea no es fácil, y nos ayudaría mucho, delegado, que las administraciones nos echasen una mano para convencer a todos los consumidores del mundo de que nuestro ajo es el mejor, que no necesita más tamaño ni menos precio, y que no van a encontrar otro igual.


El mercado es cada vez más duro y competitivo, y desde luego sabemos que conquistarlo no es un camino fácil ni corto, pero si todos, desde la parte que nos atañe, ponemos todo el intento desde las tripas, seguro que lo vamos a conseguir.


Ese es el mensaje de esperanza que quiero pregonar hoy en esta tribuna y quisiera que desde aquí, como puntos suspensivos en la cuna del viento, el eco de la trompetilla de pregonero de mi abuelo lleve la buena nueva a todos los rincones del universo:


Las Pedroñeras… tiene sabor de futuro



Buenas noches, amigos. Felices fiestas.

©Maricarmen Izquierdo Pulido
Fotos cedidas también por la autora del texto




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