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lunes, 23 de septiembre de 2013

El banquillo - Llegó el día de dejarla: poema anónimo recitado en Pedroñeras



por Fabián Castillo Molina

Paso aquí esta curiosidad porque según acabo de ver le interesa a varias personas de diversas zonas de la geografía española y de edades dispares.


En mis notas y apuntes de fecha 25 de octubre de 1966, encuentro una poesía que recitaba Julián Buedo Lopezosa (Julian "Poda"), trabajaba entonces como albañil, con su tío y al mismo tiempo primo segundo, Jesús Ramírez Buedo, y yo era su ayudante. Un día, mientras gastaba el yeso echando un cielo raso, se puso a recitar la poesía "El reo en el banquillo". A mí me impresionó lo bien que se la sabía de memoria y la emoción que le echaba. Me gustó al extremo de pedírsela si la tenía escrita para copiarla y me la dejó y, como entonces no había fotocopiadoras ni ordenadores ni yo tenía máquina de escribir, la copié a mano.



Casi medio siglo después, los medios que hay a nuestra disposición permiten hacer búsquedas para ver si algo tiene interés para gentes de otras zonas. Cuando la busqué hace unos días puse el título en Google y encontré que esta composición parece que sigue viva. He comprobado el contenido de tres versiones distintas a la nuestra, pero hay varias más por si alguien quiera verlas. Dos escritas y una recitada y publicada como vídeo. Nuestra versión, la que tenía Julián y yo copié a mano, ahora escrita en el ordenador la ponemos a continuación de estas dos (abajo del todo nuestra versión):

Mirad esta versión recitada:




Escuchándola atentamente y con nuestra versión escrita a la vista descubro varias diferencias en el texto, en varios versos cambia palabras, a veces hay líneas añadidas y en otras faltan. Es interesante contrastar las diferencias, resultado sin duda, del hecho de ser una poesía que ha pasado forma oral, por varias generaciones.

En el siguiente enlace (pincha aquí) podemos ver otras diferencias y después los interesantes comentarios de quienes leyeron la poesía:

El anónimo que se disponía a subirla parece que con cierto resquemor escribió:

“Hola, solo quería compartir con vosotros esta poesía que recitaba mi abuelo en vida y que me encanta decid lo que os parece..."

Como podemos observar el anónimo que la sube escribe otro título:


EN EL BANQUILLO DE LOS ACUSADOS

Llegó el día de dejarla
Porque así lo quiso Dios
La di un beso y un adiós
Y me marché sin mirarla,
porque si otra vez la miro
No me marcho de su lado
Antes de que hubiese dado
Junto a mí el postre suspiro,

Salí, la puerta cerré
Y con la mirada incierta
Falto de valor lloré,

Allí dentro me dejaba
Mis ilusiones, mi vida,
Mi felicidad querida,
La mujer que yo adoraba,

Que mi existencia endulzó
Diez años con su presencia
Y al marcharme mi existencia
Allí dentro se quedó.

¿Viví? No, existí no más.
Un año estuve sin verla
Pero dejar de quererla
Eso no lo hice jamás,

Mi amor estaba dormido
Mas no muerto, señor juez.
Un día la vi otra vez
Y ese día me ha perdido

Iban muy juntos, los vi,
Y sentí en el corazón…
Rabia…locura… pasión…
Algo que nunca sentí,

Mi cerebro hecho un volcán
Vete detrás me decía
Esa mujer me atraía
Como el acero al imán

Y caminado gran trecho
Yo detrás y ellos delante

Sintiendo mi alma bullir
Tristes deseos de muerte
Y maldiciendo mi suerte
Que me decía morir

¿Cómo ocurrió? No lo sé
En vano he de recordar
Solo sé que vi brillar
Un cuchillo que saqué

El hombre al punto a mis pies caía,
su suerte así lo quería,
más lo maté pecho a pecho,

A ella quise perdonarla
Ya me iba señor juez
Lo mismo que la otra vez
De su lado sin mirarla

Pero ahí un grito maldito
De su garganta escaparse,
Grito que vino a clavarse
En mi alma, maldito grito

Con aquel grito inspiraba
La mujer tal sentimiento
Que lanzando un juramento
La miré y vi que lloraba

¿Llorar? Llorar por el que moría
Maldiciéndome quizás
Nadie ha sufrido jamás
Lo que yo sufrí aquel día

Mirándola enloquecía
y maldije mi existencia,
y dije...ya no hay clemencia
ni para él, ni para ti.

Y extraído por el mal
Perdida ya la razón
Supe hallarla el corazón
Con la punta de el puñal

Y esta es la historia de todo
No quito nada ni aumento
A mi suerte me acomodo,

La maté porque una ingrata
no puede inspirar clemencia
firme usía sentencia,
¡justo es que muera el que mata!.


Prestad atención ahora a los comentarios que siguen en ese blog:

Escrito el 21 Mar 2011 10:31 am

¿Qué qué me parece? Me parece que estoy flipando... ¡¡¡Esa poesía la decía también mi abuelo en vida!!! Esa y tantas otras... Se llamaba Gregorio Molina, nacido en Jaén, muerto en Madrid en el 2.009. ¿Quién era tu abuelo?

Escrito el 22 Mar 2012 07:38 pm

Hola chicos. No sé si lo estoy haciendo está bien, puesto que para enviar un mensaje he tenido que borrar el texto escrito aquí. Pero quería decir que mi padre me recitaba esta poesía. Él hizo la guerra en el frente de Teruel, fue carabinero, y decia que lo recitaba un madrileño. No sé nada más

Escrito el 23 Mar 2012 02:03 pm

¿Podríamos decir entonces que es una canción popular de la guerra civil, conocida entre la generación de esa época?

Jorge
Escrito el 23 Mar 2012 10:03 pm

solisarg escribió:
¿Podríamos decir entonces que es una canción popular de la guerra civil, conocida entre la generación de esa época?

Jorge
francamente no lo sé. Ni tengo criterio para saber si es buena. Ha de serlo puesto que gusta. Supongo que como divertimento se realizaban actos culturales. Mi padre decía que lo recitaba un compañero de su misma compañía, que era madrileño y se quedó con las ganas de volver a saber de él

Escrito el 06 Nov 2012 06:21 pm

Siento no haber contestado antes a la cuestión del poema llamado "El Banquillo". Vereis, esta poesía se hizo muy famosa tras la guerra, y el que la compuso murio fusilado por haber matado a su esposa. Está basada en un caso real, este hombre la compuso estando en la cárcel, y de ahí se paso a la calle. En los años cuarenta y cinco fue cuando se escribió, y desde entonces está.
la vida es así de curiosa, esta poesía hizo famosa su historia aunque quedó en el anónimo y creo que debemos respetar dicha situación.
Algunos pueden decir que un amor así es muy bonito, otros podrán decir que no deja de ser nada más que violencia doméstica, etc. Depende del punto de vista que lo mires. Esto es optativo de cada uno.

Un saludo


Pues visto lo visto, creo que puede resultar curioso contrastar las distintas versiones para que lleguen a los escasos curiosos a los que gustan estas cosas.

En Las Pedroñeras, Cuenca, Julián Buedo la recitaba con entusiasmo y contagiado por él, una vez copiada manualmente, también yo llegué a aprendérmela de memoria.

La siguiente versión es la copiada por mí el 25 de octubre de 1966 con el título: "Llegó el día de dejarla", aunque seguidamente en letra más pequeña escribí:

El reo en el banquillo

Llegó el día de dejarla,
porque así lo quiso Dios,
le dí un beso y un adiós
y me marché sin mirarla
porque si otra vez la miro,
no me marcho de su lado
antes de que hubiese dado
junto mí el postrer suspiro.

¡Salí!, ¡la puerta cerré!,
y con la mirada incierta
volviendo a mirar la puerta...
falto de valor lloré.
Dentro quedaba mi vida,
mi felicidad querida,
la que mi vida endulzó
diez años con su presencia,
y al marcharme, mi existencia,
allí dentro se quedó.

¿Vivir? No existe ya más.
Un año entero sin verla,
pero dejar de quererla,
¡eso no lo hice jamás!

Mi amor estaba dormido,
más, no muerto señor Juez,
que un día los vi otra vez,
y ese día me ha perdido.

Iban muy juntos, los ví,
y en mi corazón sentí,
rabia, locura, pasión,
algo que nunca sentí.
Mi cerebro hecho un volcán,
vete detrás me decía y
la mujer me atraía
como al acero el imán.
Y, caminando un buen trecho,
yo detrás y ellos delante,
ella iba con su amante,
yo solo con mi despecho.
Y, reaccionando por fin,
sentí frente a mí bullir,
tristes deseos de muerte,
y maldiciendo mi suerte
que me decían morir.

Como ocurrió no lo sé,
en vano es de recordar,
solo sé que vi brillar
un puñal entre mis manos
y que aquel hombre desecho,
junto a mis pies se caía,
la suerte así lo quería,
mas lo maté pecho a pecho.

A ella quise perdonarla,
lo mismo que la otra vez,
cuando sentí un fuerte grito,
que vino a clavarse en mi alma

¡Maldito seas! Gritó
Con aquel grito expresaba
la mujer tal sentimiento
que lanzaba un juramento.
La miré, vi que lloraba.
¿Llorar por el que moría
y maldiciéndome quizás?
Lo que yo sufrí aquel día
nadie ha sufrido jamás.

Mirándola enloquecí,
maldije de mi existencia
y le dije: no hay clemencia
para mi ni para tí.

Y atraído por el mal
y perdida la razón
con la punta del puñal
supe hallar su corazón.

Esta es la historia de todo,
ni quito ni aumento nada.
La maté porque esa ingrata,
no debió esperar clemencia.
Firme usía su sentencia,
justo es que muera el que mata.


Una tercera versión que citaba al principio puede verse en el siguiente enlace.


Hay otra curiosidad en mis papeles. El mismo día, a continuación copié otra con el título "El banquillo", es una composición más corta que también va de cárcel, amores, desamores. La incoporo también por si alguien puede aclarar algo.


El banquillo

Dí qué te pasa, mujer,
di qué falta he cometido,
para olvidar el querer,
has olvidado el placer
que me diste y que te he dado.
¿De veras lo has olvidado?
No me lo puedo creer
a pesar que lo has jurado.

¿O es que porque estoy preso
te da vergüenza de mí?
Pues mira, saldré de aquí,
porque soy bueno y honrado.
Si los jueces me han juzgado,
y me han puesto esta condena,
debería darte pena,
y en cambio te has alegrado.

¡Qué mujercita tan buena!
con el corazón de hiena,
aborrece al hombre amado,
el que estaba enamorado
de esa carita morena.

Pero si tienes el pago
y el castigo que mereces,
llorarás más de mil veces,
por este pobre penado
al que hoy dices que aborreces.

Pero esto es cuestión de días,
y después la libertad,
y veré con seriedad
lo que sufres y padeces.

Mujer, te hablo con lealtad,
que no es hora de mentir.
¿Crees que no voy a salir?
Pues mira me haces reír.

Yo que no encontraba sitio,
pedestal donde ponerte
he caído en este suplicio,
mucho peor que la muerte.

Tu eres joven y fuerte,
lo mismo me pasa a mí,
si me olvidaste por fin,
yo tampoco quiero verte,
ni perdiste ni perdí.

Y si quisiste dinero,
¿por qué engañar a un obrero?
Haber pensado primero.

Y hoy que estoy en este encierro,
solo quiero que me digas
lo que te dije primero
Di, ¿qué te pasa, mujer?

Ahí ponía fin, y Pedroñeras, a 25 de octubre de 1966 y añadía mi nombre de entonces, Antonio Castillo Molina

©Fabián Castillo Molina

2 comentarios:

  1. La versión que yo conozco es:

    A las órdenes de Usía
    me presento ante su audiencia
    para que firme sentencia
    del crimen que cometí.
    LLegó el día de dejarla
    porque así lo quiso Dios
    la di un beso y un adiós
    y me marché sin mirarla
    porque si otra vez la miro
    no me marcho de su lado
    hasta que hubiera dado
    junto a mi el postrer suspiro.
    Salí, la puerta cerré
    y con la mirada incierta
    volviendo a mirar la puerta
    falto de valor lloré.
    Allí dentro me dejaba
    mis ilusiones, mi vida
    mi felicidad perdida
    la mujer que yo adoraba.
    Viví? No sé
    Existí? no más
    un año estuve sin verla
    pero dejar de quererla
    eso no lo hice jamás.
    Mi amor estaba dormido
    mas no muerto señor Juez
    un dia la vi otra vez
    y ese dia me ha perdido.
    Iban muy juntos los vi
    y sentí en el corazón
    rabia, locura, pasión
    algo que nunca senti.
    Mi cerebro hecho un volcán
    vete detrás me decía
    aquella mujer me atraía
    como el acero al imán.
    Y caminando buen trecho
    yo detrás y ellos delante
    ella iba con su amante
    yo solo, con mi despecho.
    Sintiendo en el corazón
    tristes deseos de muerte
    y maldiciendo mi suerte
    que me decia morir.
    ¿Como ocurrió? No lo sé
    en vano he de recordar
    solo se que vi brillar
    un cuchillo que saqué.
    Aque hombre maltrecho
    al punto a mis pies caia
    mi suerte asi lo queria
    mas lo mate pecho a pecho.
    A ella iba a perdonarla
    ya me iba señor Juez
    lo mismo que la otra vez
    de su lado sin mirarla.
    Pero oí un grito maldito
    de su garganta escaparse
    grito que vino a clavarse
    en mi alma ¡maldito grito!
    Con aquel grito expresaba
    la mujer tal sentimiento
    que, lanzando un juramento
    la miré y vi que lloraba.
    ¿Llorar porque el moría?
    ¿maldiciendome quizás?
    Nadie ha sufrido jamás
    lo que sufrí yo aquel dia.
    Mirándola enloquecí
    y maldije su existencia
    y dije ya no hay clemencia
    ni para el ni para ti.
    Y perdida la razón
    y atraido por el mal
    supe hallarla el corazón
    con la punta del puñal.
    Esta es la razón de todo
    digo la verdad no miento
    ni quito nada ni aumento
    y a mi suerte me acomodo.
    La maté por ser ingrata
    no puedo insiprar clemencia
    firme Vd. Juez La sentencia
    justo es que muera quien mata.

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  2. Muchas gracias por incluir la versión que conoces. Es curioso que casi 4 años después de publicar ese trabajo, lo hayas leído y añadido lo que comentamos. También me parece curioso que tras varios años sin abrir este enlace, justo un mes después de tu aportación lo haya visto. Gracias de nuevo.

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