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viernes, 11 de noviembre de 2016

La confesión del gitano - Versión pedroñera de Pedro Salamanca Ramírez



Mirad el regalo que os traigo hoy por este blog. Se trata de una poesía que tenía por ahí apuntada y que recogí posteriormente a la publicación del Cancionero popular de la Mancha conquense allá por 2009. Se trata de la versión pedroñera de "La confesión del gitano", que conocía de memoria (en 2004 quedó registrada cuando contaba 84 años) Pedro Salamanca Ramírez. El romance se divulgó por la Mancha y Andalucía y es curioso por su construcción a base de quintillas mayormente. Disfrutadlo.




La confesión del gitano

-Pare, vengo a confesarme
-¿A confesarte? –A eso vengo,
a ver si pue usté escucharme
y de gratis perdonarme
los pecaíllos que tengo.

-¿Eso es cierto? –Se lo juro.
-Al confesionario iremos.
-No, que allí está muy oscuro;
este sitio es más seguro,
que aquí la cara nos vemos.

-Arrodíllate. –Tampoco,
que esa es muy mala postura;
[aunque estuviera yo loco,]
aquí de pie, señor cura,
si no ca sí me las toco.

-Algún ángel te ha inspirado
a que busques confesión.
Ven, acércate a mi lado,
cuéntame lo que has pecado,
que Dios te dará el perdón.

No vaciles. –¡Jay, qué tío,
y qué buen cachorro está!
-Venga, cuéntame, hijo mío.
-Pare,es que no me fío
isirle a usté la verdá.

-¿Temes que yo te delate?
El confesor no hace eso.
-[Mire usté, pare,] Si usté
hiciera un disparate,
echara mano al gaznate
y lo ejara patitieso.

-No tengas miedo, hijo mío;
tus secretos guardaré.
-Válgame Dios dónde me he metío,
pero, en fin, se los contaré;
su pellejo guarda el mío.

Tengo yo unos pecaíllos
revueltos con pecaotes,
unos como borriquillos
y otros son más grandesillos
como mulas de grandotes.

Tengo algunas cosillas
que no las puedo aguantar,
[que a mí me hacen cosquillas,]
que si es en lo de robar
Pernales se queó en mantillas.

-Dime todos los pecados
sin ocultarme ninguno,
perfectamente explicados,
y no tengas miedo alguno,
que ellos serán perdonados.

-Pues prepárese a escuchar,
pero después, ¡mucho ojo!,
no vaya a desembuchar;
mire usté que si lo cojo
ni Cristo lo va a salvar.

-Empieza tu confesión
sin miedo a que yo te ofenda.
Con humilde condición
y propósito de enmienda
no hay pecado sin perdón.

Dime, ¿tú sabes rezar?
-¡Huy, pare, naica!
-¡Válgame Dios!; para confesar
por el rezo hay que empezar.
-Pues rece usté por los dos.

-Bien, empecemos el rezo;
ve tú diciendo conmigo:
“Yo pecador me confieso.”
-Pare, si yo no entiendo de eso.
-Repite lo que yo digo.

-Mi usté, pare, ya le he dicho
que yo rezar no rezo
porque en mi vida he rezao.
Si hay que rezar, no confieso,
y me llevo mis pecaos,
que me fasen poco peso.

-Hombre, no seas así,
no te impacientes, ten calma,
que yo rezaré por ti
para conseguir así
la salvación de tu alma.

Empieza ya, ve diciendo.
-Mire usté, pare, una mañana
cuando estaba el día rompiendo
me encontré yo a mi gitana,
que se estaba divirtiendo.

Era un gachó que vestía
lo mesmo que viste usté
con el que se divertía.
Al verme entrar, ¡mare mía!
me jiño encima chipé.

Yo iba un poquillo mojao,
pero no me arrebaté,
cogí al hermano disfrazao
y por lo alto del tejao
a la calle lo largué.

Ella comenzó a gritar
y yo, por que no gritara,
le largué una bofetada
que algo más de la mitá
se le perdió de la cara.

A los gritos infernales
que soltaba el amor mío
acudieron los curiales
a recoger los quijales
que todavía no han paecío.

Se echaron encima mí,
lo mesmico que chusqueles.
Pero yo no me escondí,
le di aire a mis pinreles
y como un rayo salí.

Tomé viento y me largué,
y en la calle, al primer paso,
con un chute me topé,
y de un solo puñetazo
sin narices lo dejé.

Aquello fue más sonao
que en Toledo la campana,
y quedó recomendao
pa bailar la sevillana
en lo alto de un tablao.

Ende aquel maldito día
no me dejaban parar,
y como me perseguían,
y por ganar la comía
yo me dediqué a robar.

Robé un jaquillo en Lucena,
una jaquilla en Carmona,
una muleta en Purchena,
dos mulas en Estepona
y un caballo en Trebujena.

Usando las mañas mías,
y sin pecar de ignorancia,
me hice en pocos días
hombre de gran importancia,
tratante en caballerías.

Cuando menos lo pensé,
me hizo traición un judas.
Me escurrí y lo escabeché,
y entonces me dediqué
a vender cosas menúas.

A un fraile muy gordinflón,
de estos que cantan en coro,
al darme su bendición
le quité una cruz de oro,
tres duros y un medallón.

A un perro el collar quité,
que parecía de plata.
Cuando a venderlo llegué
vi que era de hojalata.
Busqué al perro y lo maté.

Una noche de aguaceros
me recogió un ermitaño.
No queriendo hacerle daño,
le quité tres candeleros
y una bandeja de estaño.

A la Virgen le pedí
los pendientes y el anillo;
ella me dijo que sí,
y los cuartos del cepillo
yo también los recogí.

Entré a una iglesia a rezar
y en un rincón me escondí.
Cuando me quise marchar,
to lo que había en el altar
se vino detrás de mí.

Pare, he sío mu aprovechao,
y he tenío mucha maña,
no ha habío feria ni mercao
en toíta la España
donde no me haya empleao.

Me encontré un cura en un prao
y se empeñó en confesarme.
Después de verme asustao
no quiso perdonarme
y lo enterré en un sembrao.

¿Qué tal le paice mi confesión?
-Hijo, flaquezas de ser humano.
-Y usté puede darme la absolución.
-Sí; Hijo y Dios soberano,
yo te concedo el perdón.

-Entonces voy a seguir.
-¿Te queda más todavía?
-Claro está, pare, que sí.
-Déjalo para otro día.
-Ca, ya no vuelvo a venir.

-Entonces sigue abreviando.
-Está bien, abreviaré.
Ya sabe usté que afanando
la manduca me gané,
cuando no pude engañando.

Que po ande quiera que fui
lo que pude me apropié,
yo a nadie un chavo le di,
ni al que se arrimó a mí.

Yo nunca miedo he tenío,
que donde yo me he metío,
lo que mis ojos han visto
mis manos han recogío.
-Pero, hijo, ¿te queda más todavía?

-Sí, pare, una aventura
de una vez que fui a emplearme
a un pueblo de Extremadura,
y al no tener qué llevarme
me llevé al ama del cura.

-¡Oh!, desdichado, esas mujeres
sagradas del todo son;
poder salvarte no esperes.
-Pare, pues si le ha entrao
a usté quemasón.]

-Pues no sabía yo eso;
pero, en fin, ni se figura.
-A usté también se le ha olvidao
que fue también otro cura
el que a mí me la ha quitao.

¿Va usté a perdonarme o no?
Porque si quedo condenao
con usté voy a hacer yo
lo que con aquel del prao.

-Sí, sí, sí, te absolveré,
aunque esto es muy grave.
Ya estás listo, márchate.
  
-Pare, ¿y la penitensia?
-Yo por ti la cumpliré;
yo tengo muchos apuros.
-¡Qué buenísimo es usté!
Ya me alimpió la consensia.

Pare, me voy a marchar
y por si acaso me pierdo
y no lo vuelvo a ver más,
quiero que me dé usté un recuerdo.
-¿Un recuerdo? –Claro está,
ni hoy ni ayer gané na.

Quiero que me dé dos duros
para poderme najar.
-Tómalos y vete ya.
-(Válgame Dios, qué tonto he sío,
he hecho una barbaridá;
si más le hubiese pedío
lo mismico me lo da,
pero, en fin, ya estoy arreglao).

Pare, me voy a marchar;
que se conserve usté bueno.
Si otra vez vuelvo a pecar,
cuando tenga el saco lleno
volveré aquí a confesar.

-Adiós, hijo, y buena suerte,
y que te conserves bien,
que Dios quiera protegerte
y que yo no vuelva a verte
por nunca jamás; amén.
  




Y no te olvides de estos, hermosón/ona

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Tfno.: 617 567 183 - 967 161 475 

Mail: acasotos@gmail.com

Dirección personal: Avda. Sebastián Molina, 9, 2º B - Las Pedroñeras - Cuenca (16660). Frente a la báscula municipal. Llámame antes o envíame un whatsapp o mail.

Y si me dais una dirección, os lo puedo acercar a casa.
Ángel Carrasco Sotos



ÁCS

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