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martes, 17 de mayo de 2016

Noticias de Belmonte en "La vuelta por España" (Sociedad de literatos): 1872


Miguel Ángel Vellisco Bueno



VIAJE HISTÓRICO, GEOGRÁFICO, CIENTÍFICO, RECREATIVO Y PINTORESCO...POR UNA SOCIEDAD DE LITERATOS, 1872.



Los protagonistas de La vuelta a España, son cuatro jóvenes amigos: Santiago Azahara, hijo de un rico propietario de Aragón; Pablo Sacanell, catalán; Sebastián Castro, hijo de un agricultor de Jerez; y Pedro Pavía, Gallego. Reunidos en un café de Madrid preparan y  emprenden un viaje, con el fin de  conocer España. Por él camino en la provincia de Cuenca, se une a ellos el Sr. D. Cleto, que les sirve de guía; en su viaje llegan hasta Belmonte:

Belmonte:

He aquí una población que vive de recuerdos, que más pertenece al pasado que al presente.
Así exclamó D. Cleto al dar vista á la población de Belmonte.
Pues parece grande y con condiciones de vida propia.
Tiénelas efectivamente, pero la riqueza no está bien repartida, hay  pobreza y  después el clima es muy duro también, y como consecuencia, lógica menos á propósito para permitir ciertas faenas agrícolas.
Enemigos grandes son todos esos que Vs. enumera. ¿Y la instrucción como está?
Más descuidada que  en otros puntos donde hemos estado.
Otro mal de gran consideración.
Así es que la estadística criminal es mayor en este partido. Hay mas indolencia, menos trabajo, y como consecuencia inmediatamente mas afición á la taberna y al juego, de donde se  originan disputas que á veces producen malos resultados.
Es verdad.
Belmonte es Partido Judicial de entrada, Administración de Rentas subalterna y de Correos, y esta pequeña parte oficial, por decirlo así, contribuye á prestarle alguna animación.
¿Pues  tan corto es su vecindario, que no basta el mismo á animarlo?
Cuenta unas dos mil seiscientas almas.
¡Caramba! pues es bastante.
Pues a  pasar de eso, hay mucho retraimiento, y  Vds. notaran la  diferencia.
Parece por su posición, por su aspecto mismo, que Belmonte participa de  la asistencia del pasado, que tiene todavía  los hábitos de otros tiempos.
Y tal vez de todos sus vicios -añadió D. Cleto-.
Consecuencia lógica también de esa situación no hay adelanto sin inconvenientes; si la existencia moderna  no tuviese más que ventajas, sería la vida de hoy un paraíso y los ángeles; mas como así no puede ser, natural es que con la dulce gustemos también  algo de lo amargo
Tiene V. Razón Azahara, no crean Vds. Que yo trate de defender sistemáticamente  el pasado como muchas personas que solo encuentran bueno aquello, y digno de vituperio lo presente.
Seria simplemente absurdo.
Como que he leído mucho, amigos míos, y tanto he visto, juzgo desapasionadamente los tiempos que no he alcanzado y los en que vivo. Vicios había en aquellos hijos de la falta de instrucción, vicios hay en estos á pesar de estar mas adelantados.
Lo cual  es de deplorar tanto en uno como en otro tiempo.
Hablando de este modo fueron acercándose á la villa en la que penetraron por fin.
Belmonte, situada en el declive de dos colinas que forman una especie de valle, esta  combatida por todos vientos, posee un cielo despejado y goza de un clima saludable.
Unas quinientas casas aproximadamente constituyen la población,  sin que tenga nada notable.
Más espaciosas unas, y reducidas otras, según las fortunas de sus propietarios, ni las primeras admiran por sus condiciones arquitectónicas, ni las otras inspiran re­pugnancia y aseo por su miseria.
Adviértase en estas la pobreza, el abandono, la indolencia de sus habitantes; pero esto no es tanto como en los pueblos del interior pertenecientes al mismo partido y que se hallan en terrenos mas quebrados.
Las calles son por lo regular desiguales y mal empedradas.
Dos  plazas rodeadas de soportales, tituladas Mayor y del Pilar, forman otros tantos centros de población, teniendo además la villa varias plazuelas de menor importancia. En la primera de aquellas está la casa de Ayuntamiento, edificio que nada tiene de particular.
Parroquia antigua de la villa era San Bartolomé, pero en 1459 el poderoso mar­qués de Villena, á cuyo señorío pertenecía aquella, erigióla en colegiala por ser ya el lugar insigne y populoso a la sazón.
Magnificas son las obras hechas en aquel templo por el opulento magnate, obras que fueron encomendadas la los arquitectos vizcaínos Maquina y Bonifacio Martín.
Adviértese desde luego que la obra debió prolongarse por mucho tiempo, pues en su arquitectura se ven las huellas de dos épocas.
El ábside muestra todavía sus agudas ojivas y contrafuertes tan característicos. Mientras que en las dos portadas se ve desde luego la decadencia del arte gótico.
Sobre la principal está la estatua del titular, y tanto en la severidad que resplandece en ella, cuanto por la claraboya en forma de estrella recortada, que se abre en el muro, parecen ser de más antigüedad.
Lisa y cuadrada la torre, a excepción de unos pequeños Agimeces cuadrados, nada mas hay que la revista de ese carácter monumental que se busca en determinadas construcciones.
Tres espaciosa naves constituyen el interior, las cuales están sostenidas por grue­sos pilares bocelados ceñidos á trechos por robustas anillas.
La Capilla Mayor ostenta su gallardía y gentileza dominándola de las naves y atrayendo con justo motivo  la atención  del viajero observador.
Altas y esbeltas ventanas primorosamente cubiertas de calados arabescos dan paso a la luz; Las estatuas de D. Pedro  Téllez Girón y D. Juan Fernández Pacheco, padre  y abuelo del Marqués que costeó aquellas obras, juntamente con sus esposas, enciérranse en nichos  de  bellísimo gusto gótico esmaltados de follaje.
La perfección con que están trabajando y el buen gusto  que campea  en ellas, demuestra bien claro que son hechas en el siglo XV.
En la nave central  que es algo más elevada que las laterales,  hallase situado el coro cuya sillería de nogal es la primitiva que hubo en la catedral de Cuenca, contemplándose su trabajo  al trasladarla al lugar en que se halla.
Primorosas entalladuras representando pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, llaman la atención, deleitándose la vista con aquellas escenas  algo toscas es verdad, pero representadas con encantadora sencillez.
Háyanse  rodeadas las naves  de multitud de capillas  de fundaciones particulares cerradas con verjas de hierro, construidas en su mayoría en al época del renacimiento de las artes, campeando en ellas el buen gusto y la delicadeza del trabajo.
Entre estas, la que se haya la pila bautismal merece detener el paso la mirada del artista y del literato.
En ella existen dos preciosos retablos, el uno gótico y el otro de la época del renacimiento, ambos en toda la pureza de sus respectivas épocas y con pinturas en completa armonía de ellos.
La pila bautismal también es digna de observación, leyéndose al rededor de ella con carácter góticos: Aqua lavit nos et redem...quoe in sanguine suo aqua benedicta sit.
Sobre el sepulcro del canónigo D. Francisca Dávila, autor de varias obras ascéticas  y teológicas, hay un bellísimo dístico latino que dice así:
Hic infans fuerat vitali fonte renatus Hic situs, hic surget quo redivivus ovet.
También en la capilla de San Pedro y San Pablo, fundación de los Hinestrosa, vénse dentro de nichos de muy delicado trabajo, ataúdes negros de madera con escudos pintados en ellos.
El pontífice Pío II erigió en Colegiata esta iglesia, según Bula de Diciembre de 1459, y por otra de Alejandro VI se concedió el patronato de ella a D. Diego López Pacheco (Iv Señor de Belmonte y II Marqués de Villena).
Compónese el Cabildo de un Prior, el Tesorero, tres Canónigos, un Racionero, un Medio Racionero, y para el coro un Sochantre, Organista Pertiguero, cuatro acólitos Salmistas, Sacristán, Campanero y Monaguillos.
En su primitiva creación era mayor el número de Dignidades y Canónigos, pero quedó posteriormente reducido a los que indicamos.
Creación también del mismo Marqués, según su disposición testamentaria, fue un convento de Franciscanos, en el cual había cátedras de Filosofía, Teología y Moral, aumentándose posteriormente con dos de monjas y uno de Jesuitas.
Del mismo modo que el orgulloso magnate había aspirado á dotar á su villa natal de un templo, tanto desde el punto de vista artístico  cuanto por su dignidad, quiso también fortalecer aquella población y edificar un alcázar que participara tanto de fortaleza como de opulenta mansión feudal.



Para eso entró en tratos con la villa haciendo que ella costease dos partes de la muralla y la tercera con el castillo correría de su cuenta.
Conservase todavía  la muralla que apoyando, en el castillo y partiendo de él desciende rodeando la población y cobijándola en su seno.
Robusto el  muro, fuertes los cubos que á trechos resaltan de los lienzos, abiertos estos  por los sitios donde existen las puertas, sostienense todavía desafiando al tiempo y mostrando á la generación presente las defensa- de las plazas en las edades antiguas.
El castillo de Belmonte ni tan bravío, ni tan altanero como otros que hemos visitado, mas bien revela cierto buen gusto, cierta poesía, que no la aspereza ruda de la morada de las gentes de guerra.
Su belicoso objetivo está suavizado, por decirlo así, por la parte artística, de modo que le curioso se deleita contemplando aquellos robustos torreones con modillones y arquitos esculpidos y los restos de aquellas almenas que asemejan á un festón con primorosas puntas caladas.
Hasta seis llegan las colosales torres que constituyen los extremos de su hexágona planta.
De los lienzos que las unen, tres son rectos y tres forman una especie de ángulo dibujando una estrella.
Todavía puede contemplarse los restos de sus almenas alrededor de la barbacana, festonando los torreones exteriores y sobre la puerta de entrada.
Accesible por todos los lados la eminencia sobre que está edificado el castillo, no participa del carácter agreste de otros que sobre enriscados cerros no tienen acceso  más que por un punto determinado.
Tres puertas  facilitan la entrada á su recinto, de la cuales hay dos tapiadas, quedando útil únicamente la que mira hacia la parte de la villa.
Por una de ellas dícese que salió una noche la hija del rey D. Enrique IV, llamada La Beltraneja, juguete algún tiempo de las ambiciones de los Pachecos, pero no podemos atinar en que se  apoya esta opinión, pues históricamente solo conocemos que estuviera en Buitrago, Madrid, Escalona y Trujillo.
Al nivel de los Adarves hallábanse las escaleras, de las que todavía subsisten algunas,  pudiendo jugar por la forma de las Aspilleras, las que estaban destinadas par las Ballestas ó Arcabuces.
El viajero puede todavía admirar la parte verdaderamente fortaleza mucho mejor que lo que constituye la morada señorial.
Dos torreones, de los que uno estaba destinado para prisión, flaquean la segunda portada. Compónenla un arco rebajado dentro de otro tricurvo, á cuyos lados hay dos genios con la leyenda: Una sin par.
Esta puerta facilita la entrada á un patio obstruido por los escombros, quedando todavía en pié dos alas del pórtico de achatados arcos con algunos follajes, los cuales se apoyan en los mismos pilares.
El pozo se halla entre dos gruesas columnas perfectamente labradas, conservándose restos de su gótico brocal.
Tristeza y dolor causa contemplar las habitaciones bajas destruidas ó trocadas en establos, pudiéndose apenas comprender lo que serían por los pequeños trozos de pintura de sus techos y por las mutiladas labores de sus ventanas.
Airosa galería debía levantarse sobre el pórtico, más hoy yace arruinada. Aquellas cámaras donde tantas intrigas se tramaron, donde tan ambiciosos planes se concibieron, están destruidas por completo, apenas si queda una chimenea, obra de gran trabajo y de tamaño  colosal ornada arabescos.
El suelo está embaldosado de pequeños azulejos blancos y oscuros, rica la artesonada cúpula, encanta por lo primoroso de su trabajo aun cuando están deteriorados sus colores y dorados, pero sobre todo lo que llama poderosamente la atención son las dos ventanas que se abren en la estancia y cuyos tesoros apenas pueden  percibirse por la parte  exterior.
Su ancho alféizar y sus costados están cubiertos por una enramada espesa de pámpanos  y cardos, formando algunos nichos en la parte inferior, asomando entre el confuso follaje, delicados caprichos e fieras, aves, frailes y cazadores.
Toda su belleza, toda su originalidad queda concentrada en el interior, pues por la parte de afuera solo se percibe la reja de hierro que cubre el cuadro de las artísticas ventanas.
Tras el monumental castillo de Belmonte donde los escombros están hacinados, donde los pocos techos que quedan amenazan con desplomarse y donde las aguas penetrando a través de las grietas que por doquier se abren, van lentamente destruyendo una obra tan digna de ser admirada.
Háyanse establecidas las cárceles del partido en el antiguo colegio de padres Jesuitas, cuyo edificio data del siglo XVII, y fue construido á expensas de D. Francisca Ponce  de León. En él se enseñaba Gramática, Retórica y primeras letras.
La iglesia bastante notable á la verdad, ha podido conservarse mejor que el resto del edificio, merced al cuidado con que á ella ha atendido el cabildo, del cual es anejo.
Varias ermitas existen, siendo la más importante le dé Nuestra Señora de Gracia, á la cual se le celebra una gran fiesta el día 8 de Septiembre.
En la extensa plaza del pilar hay dos fuentes que sirven para el consumo del vecindario.
Las sobrantes de estas, se recogen en un depósito que existe en las afueras de la población, y que sirve de lavadero y para riego de varias huertas.
El terreno en general le constituye una especie de arcilla roja veteada en algunos puntos de manchas ferrugosas producidas tal vez por la disolución del peróxido de Manganeso.
La producción es regular en cereales, y escasa en caldos, sosteniendo algunos miles de cabezas de ganado lanar, y el indispensable para las faenas agrícolas.
Agrícola es la principal industria de los habitantes, existiendo, aun cuando en número reducido los Cardadores, Tejedores y algunos otros oficios mecánicos.
El comercio se reduce á la exportación de los cereales sobrantes para distintos puntos, y á la importación de los caldos necesarios, Legumbres, Jabón y ropas.
En la villa hay algunas tiendas tanto de comestibles como de tejidos, que sirven par atender á las exigencias del vecindario.
En los días 30 y 31 de Septiembre celébranse una feria en la cual hay bastante concurrencia; De igual, manera hay también mercado todos los lunes, el cual es de muy escasa importancia.
La fiesta de Nuestra Señora de Gracia, de que ya nos hemos ocupado, atrae gran número de gentes de las inmediaciones, celebrándose con músicas, fuegos artificiales y corridas de novillos.
La riqueza del país ha pasado por distintos periodos, siendo también distintos los elementos que han constituido en diversas épocas.
La cría de gusanos de seda fue en un tiempo de gran importancia en el país, par lo cual cultivabanse las moreras en grande escala, y se fomentaban mucho los cultivos de higueras. Posteriormente descuidose aquel ramo, haciéndose grandes plantaciones de viñedo que no dejaron de producir utilidades, pero esto decayó también sustituyéndolo el  cultivo de cereales que es el que existe.
Este fomentaría mucho más y se obtendrían más beneficiosos resultados, si las vías de comunicación no se hallaran tan descuidadas y fueran más fáciles y cómodas; pero en el estado en que se encuentran, difícil es que presten el servicio tan  necesario para aquel desarrollo.
Detenidamente D. Cleto demostrando a sus compañeros tanto las bellezas arquitectónicas de los monumentos de Belmonte, cuanto las condiciones de su suelo y demás particularidades y generosidades de que nos hemos ocupado.
Había ya terminado la visita, nada les restaba que hacer en la villa y se disponían para abandonarla al día siguiente. Cuando dijo Castro:
Pero hasta ahora conocemos todo lo que acredita la grandeza de esta población, mas desconocernos su historia.
Es muy cierto, aun cuando poco puedo decirles sobre el particular, —repuso D. Cleto.
Imposible parece que con este alcázar, con esa fortísima muralla y en una época en que tan á la orden del día estaban las rebeldías y los desafueros, nada ocurriese aquí que notable sea.
Pues así es la verdad. Aldea de Alarcón de los tiempos de la grandeza y poderío  de aquella villa.
¡Caramba! ¡Pues bien ha adelantado! ¿Quién la hizo villa?
El rey D. Pedro I.
Yo estaría crecida su población ó algún servicio prestaría á aquel Monarca, para que tal hiciera.
Es posible, pero nada puedo asegurarles. Su verdadero engrandecimiento data de la época en que pasó á ser señorío de la poderosa casa de los Pacheco.
Esto es cuanto, puedo decirles respecto a la pasada historia de esta villa. Presumiblemente es que tomase parte activa en las rebeldías de aquellos magnates su señora y que sufriera las consecuencias de ellas, pero ningún hecho verdaderamente de importancia puede aplicarse a esta villa. En nuestros días, como otras muchas en España y especialmente de esta provincia, tocola sufrir bastante con motivo de la guerra civil.
¿Y no ha tenido algún hijo qué se haya distinguido   en las ciencias, en las letras ó en las armas?—peguntó Azahra,
Según la opinión del erudito D. Nicolás Antonio, el poeta lírico Fr. Luis de León, era de esta villa.
¡hombre! pues yo creía que era de mi país—repuso el Andaluz,—no porque yo sea muy fuerte en eso de conocimientos históricos, pero lo he oído tanto á compañeros míos, que se me quedó impreso ese nombre como nacida la persona que le llevaba en mi tierra.
Si, señor; se  ha creído que era de Granada.
Eso fácilmente podía comprobarse —añadió Asara.
Ya lo creo, con revisar los libros bautismales pronto se saldrá de dudas—dijo Sacanell.
Ahí está el caso, he procurado hacerlo así, pero me he encontrado con que no existen aquellos. Suponiéndose que todos los anteriores á la  primera mitad del si­glo XVI, fueron trasladadas al archivo de Simancas.
¿Pues en qué época nació Fr. Luis de León?
En 1527.
Lástima es que no baya podido deducirse la cuestión.
¿Y no hay otra persona notable?
Se dice que D. Miguel Lucas de lranzo, y el célebre teólogo Jesuita Fr. Gabriel Vázquez
¿Y fuera de esos, nadie mas se ha distinguido?
Ninguno, que yo sepa al menos.
Perfectamente D. Cleto, ya nos ha  hecho V. conocer otra villa donde poder es­tudiar, y antecedentes y noticias de que carecíamos y que ni remotamente podíamos sospechar adquirir.
Entonces como iban Vds. a componerse durante su viaje. ¿Cómo sabrían lo que habrían de visitar y lo que visitaban?
Preguntando.
Sí. Y encontrando muchas veces guías, verdaderos papagayos que les relatarían una relación estudiada y repetida muchas veces, sin que pudieran adelantar más.
Deplorable es que no exista un libro de viajes, verdadero y seguro guía para los que como nosotros se lancen á esta clase d e expediciones.
Son tan pocos en nuestro país los amantes de esa clase de obras, que un libro así, tal vez obtuviera por único destino pudrirse en los estantes de las librerías.
¡Quién sabe¡
Y así hablando y lamentándose de semejante falta, permanecieron los cinco compañeros durante un buen espacio, recogiéndose poco después  y preparándose par partir al inmediato día”.


Miguel Ángel Vellisco Bueno

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