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sábado, 16 de abril de 2016

El parque del Olvido de Las Pedroñeras (antes, El Parquecillo)

Fotografías de Eva del Lugar.

por Fabián Castillo Molina 




¿Cuánto tiempo llevas tú aquí, lata?

 Yo, ya he perdido la cuenta, en vidas anteriores nunca me había pasado. Y tú, cajetilla, ¿cuánto hace que te arrojaron al suelo? Porque yo no te he visto hasta ahora.

 Pues a mí tampoco me había ocurrido esto, y a mí me arrastra el aire de un lado a otro,  así pasa, que como soy de cartoncillo ya estoy casi deshecha, gracias al plástico que me recubre, si no, ya habría desaparecido sin poder volver a vivir otra vida. A ti, además de lata ¿cómo te llamaban antes de estar aquí olvidada?

 Lata o bote de Cocacola me decían en esta vida, sobre todo aquí, en este lugar. Antes en otros botes tenía nombres diferentes, Mahou, Fanta y otros. ¿Y tú?

 Yo, Ducados, ahora y de otras vidas no me acuerdo, porque al ser de cartón, si llueve, pronto me disuelvo en el agua y me voy por los desagües o termino en el campo arrastrada y disuelta entre la tierra.

 Oye, Ducados, ¿tú sabes cómo llaman a este parque? Llevo tanto tiempo aquí tirada (o arrojao) como oigo que dicen cuando se han bebido todo mi jugo y me tiran al suelo sin importarles nada.

  Yo no llevo tanto como tú, pero sí he oído hace poco decir que este es El parque del olvido, pero no sé por qué.

Pues sí, ese es el nombre que dan a este parque desde hace tiempo, porque parece que lo tienen olvidado. Pero parece que no es este parque el único. Quienes deberían ocuparse de tener limpios todos los parques, y recoger los restos de envoltorios o envases que contienen cosas que les gustan a jóvenes y niños, y no solo a ellos. Creo que también deberían educar a la gente desde que andan a no tirar cosas al suelo sin pensar en el mal que hacen. No sé por qué, cuando acaban de beber o comer lo que contienen nos arrojan como despreciándonos. Como si desconocieran los cuidados con los que fuimos fabricados y lo bien que nos trataron hasta llegar aquí. Voy a contarte lo que escuché hace unos días a dos mujeres que estuvieron sentadas en este banco que tenemos al lado.




Cada una tenía su móvil como casi toda la gente, si te fijas lo puedes ver, ya estén sentadas en un parquecillo como este o vayan por la calle andando, mujeres, hombres y jóvenes de toda condición. Hablaban de una conversación de grupo a través de feisbu como lo llaman ellas. Dijeron que  Eva fue la primera en iniciar el diálogo escrito.  Escribió que en los muchos años que tiene el parque ha tenido muchos nombres: Caseta de la luz, El Parquecillo, Parque Cerrillo Mirabueno, Parque Nuestra Señora Inmaculada Concepción y  también Parque del Olvido, y añadió:

Pero de todos todos el que más le va, en mi opinión claro, es el nombre que me comentó un componente del taller de empleo que lo hizo, hará ya más de cuarenta años, PARQUE DEL OLVIDO.

 Después Encarna dijo:

Parque de Ceci de toda la vida lo he escuchado yo.

Y otra del grupo, Felicidad, dijeron que escribió esto:

Cuando yo me iba allí con el noviete estaba precioso, pero fue muy poco tiempo, después de hacerlo. Por entonces no en todos los pueblos había macetas en las puertas y aquí las rompían los machotes ridículos.

Siguieron comentando y leyéndose lo escrito. Hablaban de un teatro de carpa, de esos ambulantes que hubo aquí en los años 60 del siglo pasado, con el que parte de la gente del pueblo lo pasó bien, no solo con las obras que representaron, como Don Juan Tenorio, sino también por la participación de la gente del pueblo haciendo lo que artísticamente mejor sabía hacer, que era cantar. Dijeron que cantó La Santos, Antonio Rubén, quizás Samuel, el de Pecherre y Chascas, creo que también cantó”, escribió un tal Jose. Y Felicidad dijeron que escribió otra vez:

Y menudo teatro, sí, que me llevaron mis padres, yo era muy pequeña y la obra era Genoveba de Brabante. Además creo que entonces venían más circos y se ponían en la era de Mendizábal.

Asun escribió:

Yo también me acuerdo del teatro circo de aquel año y sería por esa época.

Mucha gente guarda buenos recuerdos de este islote, por ejemplo, las mujeres que hablaban en el banco, leyeron también lo que Ángel escribió:

Para mí y para los del barrio de los Viveros siempre será El Parquecillo, pues es así como lo llamábamos todos. Ahí pasé yo parte de mi infancia y primera juventud, jugando al gua, echando partidillos de fútbul, jugando a los hoyetes, al apedreo, al pelotazo Allí quedó nuestra infancia, en ese pequeño parque que a mí me resulta de los más entrañable.

Parece que este nombre, Parque del Olvido, ya le viene casi desde el principio como escribió Eva, porque el pobre ha tenido tendencia a ser olvidado. Por eso, los buenos recuerdos tienen comentarios de sorpresa. Eva, escribía luego:

Me sorprende que guardéis de este parque tan buenos recuerdos. Es una pena, creo que  yo lo recordaré por la peregrinación que tenemos que hacer por todos los bancos para que el olor a orín sea soportable o por tener que guardar nuestra basura en bolsas para tirarla después ya que las papeleras han desaparecido o…”

A lo que a continuación dijeron que escribió Ana:

Yo también me sorprendo que guardéis buenos recuerdos mis hijos no los tendrán el estado del parquecillo es penoso es insoportable estar allí… años atrás eran los propios vecinos los que lo mantenían limpio y cuidado citar con cariño y recuerdo al hermano Luciano Valero que Agustina que limpia alrededor de los contenedores y todo eso, desinteresadamente para mí  contundente es el PARQUE DE MIERDA…”



La verdad, cuando leyeron eso a mí me dio pena de este parque, y también de otros y zonas de recreo,  al parecer, son más las quejas que los buenos recuerdos.

Pues sí que dijeron cosas, sí, esas mujeres del parquecillo, CocaCola. A mí también me hubiera gustado escucharlas leerse los comentarios, y ese repaso que hicieron sentadas en el banco.

Pero no te he contado todo, Ducados, ni mucho menos. Lo que al final pude sacar de esa conversación fue el descontento que hay del mantenimiento que se hace de estos lugares de encuentro y descanso de la gente. Te voy a decir solamente unas cuantas más que leyeron. La primera  una que se nombra como La Pal Mepa, escribió lo siguiente:

Pero que el parque grande, en la zona de niños, también sería la zona del olvido. Pipas, vidrios, pilas de reloj, etc Esta un poco que da vergüenza.

Tenemos muchas cosas con ese nombre en el pueblo, es una pena

Si veo la parada de autobús que también está sin limpiar, y creo que solo la limpio yo algo cuando voy por allí”. Esto escribió Dolores.

Lo de olvido queda muy bien según se ve!!! Qué pena. Añadió Carmen

Y añade Luciano: Ahí me crié”

Pero ¿cuanto duró esa conversación? Ya me cansa, Coca.

¡Huff!, Ducados, el hablar no tiene fin, dicen por aquí. Todavía siguieron diciendo o escribiendo recuerdos y opiniones, pero ya te voy a decir la última de Eva, que era la que había abierto el melón, como también dicen:


Ya veo que si ese parque o plaza hablara tendría mucho pa contar, me alegra mucho saberlo.


Libros de Fabián Castillo Molina

Al pueblo (poesía) y La Culpa (novela)



 

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