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domingo, 19 de octubre de 2014

Más Microrrelatos: El globo y Memoria de lo efímero


Os decía en la entrada anterior de esta serie que un día publiqué en una web una puñado de microrrelatos que venían precedidos de una presentación. Aprovecharé tales textos, que ya desaparecieron del hiperespacio cibernético, para introducir algunos de estos pequeños cuentos con la idea de dar a conocer esa última publicación mía titulada Basura Espacial que de seguro va a hacer las delicias de los lectores más exigentes (ejem). Allá voy.


Han pasado muy pocos días -lo sé- desde que publiqué la primera entrega de microrrelatos, con una breve introducción (que no dejaba de ser una declaración de intenciones) junto con el micro que daba título a ese libro que he dado en llamar Basura espacial, pero es que soy así de impaciente. ¿No os pasa algo parecido con lo que amáis de verdad? ¿No os impone ese amor el desorden de su urgencia?

La principal virtud que tienen estos libros de cuentos mínimos es que, si a uno no le gusta el primero, pasa al segundo sin más, y así sucesivamente… con la esperanza siempre de encontrarse con la horma de su zapato, ese relato en el que te sientas reflejado o en el que recibas un zarpazo inesperado (aunque buscado), ese breve texto que se revela como un auténtico tesoro a nuestros ojos, como esos descubrimientos que iban construyendo la infancia y que, poco a poco, van formando parte del pasado. Eso mismo ocurre cuando leemos las greguerías de Gómez de la Serna o cualquier colección de haikus o de citas, y entonces, cuando nuestro pico ha dado con una buena veta, uno piensa: “Ha valido la pena esperar”. 

Leemos solo con la esperanza de encontrar un tesoro. Vivimos solo en busca de algo que está oculto. Y solo eso nos empuja a seguir respirando cada mañana. Creo que lo llaman ilusión.

Siempre con el permiso y el respeto que merecéis, apreciados y piadosos lectores, hoy os ofrezco dos nuevos micros. No os adelantaré nada, por supuesto, de modo que solo quiero presentároslos. El primero, “El globo”, trata de los deseos infantiles, siempre tan frescos y reveladores de la condición humana. Y el segundo, “Memoria de lo efímero”, responde a un tipo muy común de micros, donde la voz se pone en boca de…, pero eso únicamente lo sabremos al final. Espero que os gusten. Ya me diréis.



El globo 

EL niño volvió a tirar del pantalón del padre. “Quiero un globo, papá -le decía-, quiero un globo”. El padre se mostraba indiferente y seguía hablando con esa desconocida de las gafas azules. Pero el niño insistía: “quiero un globo; papá, cómprame un globo”. El padre, sin pensárselo, ya molesto, dejó caer por fin su manaza, con fuerza, sobre la cabeza del niño. Entonces sí que deseó un globo más que nunca. 


Memoria de lo efímero 

ESTOY tuerto desde hace unos minutos y quizá quede ciego del todo en poco tiempo. El sombrero, con el primer viento, voló lejos de mi cuerpo, ya algo truncado. Viviré ya tan sólo en esa foto que todos se hicieron conmigo, muy sonrientes, antes de huir para dejarme solo. Pronto la zanahoria yacerá a los pies de mis ruinas.




©Ángel Carrasco Sotos

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