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lunes, 28 de abril de 2014

La Mancha (alta) de Montearagón y el señorío de Villena



por Miguel Ángel Vellisco Bueno



Durante el siglo XIII, el reino de Castilla en reñida competencia con la expansión aragonesa ocupa una zona manchega destrozada por un siglo de escaramuzas cristianas y musulmanas, salpicada solo de algunas poblaciones fortificadas que las acciones militares de la orden de Santiago, los concejos de la Trastierra o de los caballeros del príncipe don Alfonso (el futuro rey Alfonso X), han conquistado ya en su mayor parte.


Como consecuencia, nace la Mancha de Montearagón, con identidad propia, un territorio de límites imprecisos, y bastante homogéneo de tierras muy abandonadas y muy débilmente pobladas, que por su posición geográfica la convierte en centro de intercambios y comarca caminera por excelencia.

A ello hay que añadir la creación de un gran señorío por el rey de Castilla Alfonso X, el señorío de Villena, que se extendía por las provincias actuales de Cuenca, Albacete y Alicante, a cuyo frente puso a su hermano don Manuel, que vino a englobar en poco tiempo las localidades sometidas.

Por iniciativa del infante don Manuel, ayudado por su vasallo Sancho Ximénez de Lanclares, el rey Alfonso X concedió la mayor parte de sus mercedes, dirigidas fundamentalmente a repoblar (de colonos procedentes del norte de la Península, de la Extremadura castellana, de Aragón y de diversos países europeos) estas tierras, y delimitar los términos agrícola, ganadero y comercial. Más tarde, su viuda doña Beatriz de Saboya y su hijo don Juan Manuel se encargarían de proseguir con esta tarea. 



Durante el gobierno de don Juan Manuel, se consiguió una relativa efectividad en la repoblación, a costa muchas veces de la renuncia de sus derechos señoriales, y tratando a sus vasallos con una consideración poco usual. 

Sus frecuentes lazos de amistad y parentesco con los reyes de Aragón, las querellas con los castellanos y su enorme poder (que le llevó a pretender el derecho de acuñar moneda en su señorío), unida por los intereses, unas realidades sociales y unos modos de vida muy similares, al carácter semiaragonés y semicastellano que caracterizaba al estado de Villena, ayudarían a hacer nacer en sus villas la conciencia, antes inexistente, de formar parte de una comunidad claramente diferenciada.

Pero el alto grado de compenetración que se iba logrando entre las villas de la Mancha de Montearagón sufrió un fuerte revés después de la muerte de don Juan Manuel, durante los gobiernos de su hijo, el 3º señor de Villena, don Fernando Manuel, y la 4ª señora doña Blanca Manuel, hasta la entrega del señorío, constituido esta vez en marquesado, a don Alfonso de Aragón, nieto del rey Juan II de Aragón (por el rey de Castilla Enrique II y su esposa Juana Manuel, hija de don Juan Manuel, señora de estas tierras tras la muerte de su sobrina doña Blanca), con el título de marqués de Villena, como compensación a la ayuda que le prestó en la guerra contra el rey Pedro I el Cruel.




En un principio, las villas del naciente marquesado no se sintieron muy entusiasmadas con el nuevo señor, pero se conformarían pensando en los antiguos privilegios restaurados y en la protección que les daba.

En la frontera con Murcia abundaban los caballeros petristas (antiguos seguidores del rey Pedro I) convertidos en salteadores, que junto con los bandoleros, las partidas moras y el aumento de la violencia de la nobleza, indujo a la creación de una organización de carácter supralocal y de defensa mutua, beneficiosa tanto para el marqués como para sus vasallos.

El 23 de octubre de 1386 se crea una Hermandad entre sus villas y lugares, fruto de una clara conciencia de integración para la defensa de intereses mutuos con el siguiente fin:

 Se harían y cumplirían todas las cosas al servicio del rey, el marqués y de la defensa de los lugares de la hermandad.
 Se cumplirían todas las cartas dadas por el rey y el marqués
 Acuerdo de ayuda mutua entre los diferentes lugares de la hermandad.
 En caso de robo o agresión en los caminos de la hermandad, que el lugar que primero se enterara de tales hechos, se pusiera sobre la pista del agresor, dentro de su término y, cuando éste se hubiera introducido en otro, se les comunique para seguir el rastro.
 Si los ladrones son capturados con lo robado, que se les juzgue y ejecute inmediatamente.
 En caso de guerra o bullicio que afectase a algunos de los lugares de la hermandad, que estos puedan refugiar sus ganados en otros lugares, respetando su trigo y vides, pero sin pagar derechos ni por hierba ni agua.
 Que se notificase a todos los lugares, sobre asuntos adversos a los señores o a la hermandad.
 Los jueces de la hermandad serían dos alcaldes del obispado de Cuenca y dos del de Cartagena.
 Entrada en la hermandad de judíos y moros.
 Los alcaldes de Villena, Chinchilla, Castillo de Garcimuñoz y Belmonte se encargarán del cumplimiento de los capítulos.
 Para jurar la formación de la hermandad, figuran también los procuradores de Almodóvar, Yecla, Hellín, Albacete, Almansa, Jorquera, Alcalá, Ves, Iniesta, la Roda, Alarcón, Comín y Montalvo. 

Desposeído del marquesado de Villena al infante don Alfonso de Aragón, este pasa a la dependencia directa del rey Enrique III de Castilla. [En el año 1398 se crea el Señorío de Belmonte, constituido por la villa de Belmonte y sus aldeas de Monreal, Osa de la vega y los Hinojosos del Marquesado, a las que se unieron más tarde Hontanaya, Tresjuncos, Villarejo y Fuentes, siendo su primer señor don Juan Fernández Pacheco].

Tras la muerte de Enrique III y el desinterés de su hijo Juan II, la Hermandad se pierde y el bandolerismo y los malhechores traen de nuevo la intranquilidad, lo que unido a la guerra contra Aragón, habían hecho crítica la situación. Se imponía una reactivación de la Hermandad, lo que sucede el 26 de marzo de 1414 donde se confirmaba el antiguo convenio de defensa de la comarca.




A mediados del siglo XV, con la recuperación del marquesado, primero bajo el Señorío del Príncipe Enrique (Enrique IV) y luego bajo el del belmonteño Juan Pacheco, nombrado nuevo marqués de Villena, se consiguió reconstruir los antiguos límites del territorio e incluso ampliados con algunas poblaciones y nuevas tierras (en esta época pasan a depender del señorío de Belmonte, Las Pedroñeras, Las Mesas, El Pedernoso y Villarrobledo, y a formar parte de su término los territorios de los despoblados de Martín Ovieco y el Robledillo). Unión esta que mantuvo su hijo don Diego López Pacheco, hasta la guerra civil en la que este participó apoyando a Juana la Beltraneja y al rey de Portugal, contra los Reyes Católicos, en la que la junta tuvo un importante papel promoviendo en la mayor parte de las villas una rebelión generalizada contra el marqués a favor de los Reyes Católicos.

Al final de la contienda todas las poblaciones que habían luchado por su causa pasan a depender directamente de la corona, permaneciendo las que se habían mantenido al lado de don Diego en su poder (entre ellos, el señorío de Belmonte), que pierde la mayor parte de las poblaciones del marquesado, incluida la villa de Villena, aunque se le permite mantener el título de Marqués (por esta causa Belmonte en 1480 pierde las aldeas de Las Pedroñeras, Las Mesas, El Pedernoso y Villarrobledo, así como Martín Ovieco y el Robledillo, que pasan a formar parte de Las Pedroñeras).

Posteriormente los sucesivos reyes irían recortando sus atribuciones y sometiendo a los Concejos de la Hermandad a su autoridad, a la que controlaban a través de procuradores, aunque los representantes de las poblaciones pertenecientes a la Hermandad del obispado de Cuenca y el obispado de Cartagena siguieron reuniéndose, durante los siglos XVI y XVII, en este último siglo la Hermandad que choca con los intereses de los diferentes reyes de la casa de Austria entra en decadencia llegando a desaparecer por completo.


BIBLIOGRAFÍA:

1.-CONVENIOS Y HERMANDADES Y JUNTAS MEDIEVALES EN LA MANCHA ALTA DE MONTEARAGÓN. DE AURELIO PRETEL MARIN

2.-LA CONQUISTA DEL MARQUESADO DE VILLENA DE JUAN TORRES FONTES.

3.-LA RELACIÓN DE VILLENA DE 1575 DE JOSÉ MARÍA SOLER GARCÍA

©Miguel Ángel Vellisco Bueno

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