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jueves, 17 de octubre de 2013

Fernando Grande Lillo y su casa museo - El niño de la armónica (I)


por Fabián Castillo Molina

Desde hace tiempo, Fernando reclamaba mi visita para ver su casa, que a él le gusta llamar museo y llegó el día y allí me presenté con mi cámara de fotos y de vídeo dispuesto a ver el museo de Fernando y dejar constancia de ello. Pero la visita llevaba unida una conversación inevitable, porque el anfitrión habla cuando se le pregunta e incluso sin hacerlo. Hay que tener en cuenta que vive solo, y quien vive solo, por regla general, necesita comunicar sus vivencias a alguien y contarle sus cosas. 

Fernando Grande Lillo, que es su nombre completo, es conocido en el pueblo por un sobrenombre que no citaré porque a él a estas alturas de su vida, ya con 70 años, tal sobrenombre dice que era cosa de chiquetes y ahora, si no le llaman Fernando le gusta que se le conozca por El niño de la armónica.

Fernando es buena gente, sin malicia ni dobles intenciones. Sincero y dispuesto a colaborar con todo el mundo. Su formación de infancia fue la aldea, vivió en la Casa los Frailes durante varios años y desde muy pequeño fue a trabajar al campo y a ganarse el jornal cogiendo lentejas y lo que hiciera falta. Después, durante un tiempo, trabajó con los albañiles de Pedroñeras, luego emigró como tantos y estuvo hasta en Irún, dice, trabajó en varios hoteles de ayudante de cocina y en otros menesteres. Volvió a su pueblo, y en los últimos años hasta su jubilación fue empleado municipal. Se quedó en cierto modo, un poco como Peter Pan, pero sin pretenderlo, solo que él no volaba físicamente. En sus muchos ratos libres le gusta acompañarse con música propia que él practica con su armónica y saca notas de vez en cuando agradables y melodiosas. También tiene como mascota de compañía un loro electrónico, al que habla como a un compañero de vivienda, de menor edad, con la mayor naturalidad, y el loro le responde, como es habitual en los loros.

El siguiente vídeo, hecho como recuerdo de esta visita y en confianza, es una mínima muestra de cómo es Fernando a sus setenta años, y lo subimos a la nube porque a él le hace ilusión salir en la tele y no es la primera vez que lo hace, y por lo demás, tiene larga tradición de colaborar con las cofradías formando parte de todas las fiestas del pueblo.

Téngase en cuenta cómo es Fernando y respétese como persona humilde y sencilla y sin malicia. Podemos recordar aquello de “si no os hacéis pequeños como estos niños, no entraréis en el reino de los cielos”.



©Fabián Castillo Molina

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