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sábado, 10 de marzo de 2012

La puntilla al patrimonio (carta de urgencia): agosto 2003 (el pozo Morillo de Las Pedroñeras)

Actual pozo Morillo

[Quince años han pasado ya cuando escribo estas líneas introductorias desde que yo denunciase en un artículo el robo de una pieza histórica para nuestro pueblo, el brocal viejo del Pozo Morillo, pozo que sirve de límite (como algunos otros) entre nuestro pueblo y, en este caso, el término de Belmonte. El brocal, alguien entendió que quedaría muy bien adornando su finca particular y antes de que otro se lo llevase (así calculan estos impresentables), lo mejor sería llevárselo él para disfrute de su familia. Quizá fuera que alguien lo robó para venderlo, que también pudo ser. En fin, el caso es que lleva ya esos 15 años sin aparecer. Se puso en su lugar este redondo (el original era cuadrado y más grande) proveniente del pozo de Doña Camila. En fin, todos los datos sobre estos pozos los podéis ver en ese libro que se titula Toponimia histórica de Las Pedroñeras, con imágenes para el recuerdo].


El libro Mapa de Las Pedroñeras (Toponimia histórica comentada), en 2 tomos


El artículo de 2003:


Es sabido que Las Pedroñeras no es un pueblo con gran patrimonio artístico o monumental, pese a que los folletos informativos o guías turísticas al uso se esfuercen por hablar de su casco antiguo o sus posadas, que, en realidad, forman parte de una realidad pasada. Es por tanto, un pueblo austero en este sentido, lo que significa que lo poco que contiene hay que preservarlo; un esfuerzo que tiene que proceder tanto del ámbito privado como del consistorial.


Pero quisiera ceñirme a una cuestión que también nos atañe a todos, como es la conservación del patrimonio disperso por nuestros campos. Vengo realizando desde hace cinco o seis años una investigación sobre todo lo que el campo pedroñero, dentro de sus límites municipales, posee de histórico o artístico, y tengo comprobado cómo a medida que yo voy haciendo mis anotaciones y fotografías van desapareciendo objetos de mobiliario rural que son parte de nuestra historia como pueblo. Hablo de pilas de piedra que desaparecen de las huertas, rodillos de allanar las eras, norias o –y es a lo que voy principalmente- brocales de piedra de pozos centenarios.

La mayoría de la gente no sabe ni dónde están, pero hay otros que en busca de la peseta se dedican a ir por las noches a cargar con una grúa estos brocales de piedra y venderlos a tiendas de antigüedades para conseguir unos cientos de miles. Estos robos nocturnos pasan casi desapercibidos pues suele tratarse de pozos algo escondidos, que sólo conocen los que tienen una viña o tierra cercana. Son pozos someros que sirvieron desde hace cientos de años para dar agua a las caballerías y ganaderías de antaño y que hoy, unos con agua y otros secos, simplemente son memoria pétrea de ese pasado no muy lejano. Uno va haciendo ese catálogo para intentar crear una guía que sirva para crear itinerarios rurales con la intención de que la gente de nuestra localidad pueda emplear el tiempo libre en algo culturalmente provechoso y se encuentra con que poco a poco, y sin miramientos, va desapareciendo nuestro patrimonio. (Por no hablar ya de casas de huerta que se hunden y chozos que se han dejado al amparo de la intemperie y la erosión para que hagan con ellos lo que mejor saben ¡y justo ahora que, por ejemplo, Tomelloso quiere que se declaren los suyos nada menos que Patrimonio de la Humanidad!).


Mi amigo e informante José María junto al pozo Morillo actual


Hace no sé si un par de años descubrí con desilusión cómo el brocal del Pozo Viejo, en El Robledillo, ya no estaba en su sitio. Se me cayó el alma al suelo. Un brocal al que quizá se habían asomado los habitantes de aquel pueblo ya desaparecido, al que debemos tanto históricamente, había volado sin dejar rastro. Creo que fue denunciado el robo pero ¡busca plumas! (por decirlo castizamente). Ayer mismo fui a enseñarle el Pozo Morillo a un amigo y al llegar allí me encuentro con que ha pasado lo mismo. En su lugar el dueño ha puesto otro traído de otro sitio (que tendrá igual suerte, y, si no, tiempo al tiempo), pero el que siempre abrazó la boca del Pozo Morillo ya no estaba. Es para llorar. Nuestros hijos ya no podrán acercarse hasta él para descubrir uno de los objetos más valiosos artísticamente que poseía el pueblo. Y hoy mismo, para más inri, voy al pozo llamado de Doña Camila y compruebo que su brocal, también de piedra labrada, lo han robado.

Alguien tiene que tener información de quién o quiénes son los responsables de estos actos de rapiña, quiénes son los maleantes que intentan dar la puntilla a nuestro patrimonio cultural. Insisto en que hay que denunciar cada caso e investigar hasta donde sea necesario sobre el paradero de esas piezas de arte rural que nos pertenecen, tratar de averiguar cuál es la grúa o el camión que utilizan para llevarse objetos de tal peso, con quién comercian para venderlos. Pido a todos que colaboren en esta labor que nos implica a todos. Yo denuncio públicamente estos actos de vandalismo, frente a los cuales el abandono y la desidia por parte nuestra pueden convertirse en el mejor homenaje a la incultura. No hemos de rendirnos a este latrocinio impune hasta que estos objetos culturales, artísticos, históricos... vuelvan a su lugar de origen.

[Fue publicado en Pedroñeras 30 Días, número 17, de agosto de 2003]

©Ángel Carrasco Sotos.

2 comentarios:

  1. Está bien recordarlo, sobre todo para que los responsables del patriminio histórico, cultural, etnográfico de cada pueblo, debe velar por su conservación, aún en los casos en los que pertenezca a propiedades privadas y lo tengan abandonado. Muchas gracias por tus trabajos.

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    1. Pues sí, con eso de que esta zona no es turística, se descuidan mucho estas cosas. Lo pero de todo es el poco valor institucional que se le da a ese patrimonio de todos, como es el caso de determinadas construcciones típicas y otros elementos que existen en nuestros campos. Gracias a ti también por tu continuo trabajo en dar valor a nuestros bienes patrimoniales e intrahistoria pedroñera.

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