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viernes, 22 de septiembre de 2017

Memorias de una mujer pedroñera en el exilio interior (1): Isidora Pérez Araque



por Fabián Castillo Molina




Breve introducción

Hay personas que, a pesar de los muchos trabajos y sufrimientos vividos a la largo de su extensa vida, tienen el privilegio de mantener una memoria excepcional y una capacidad para contarlo fuera de lo común, hasta muy avanzada edad. Este es el caso de Isidora Pérez Araque. Las circunstancias de los primeros años vividos hicieron especialmente difícil su andadura en el pueblo donde había nacido y de donde era toda su familia. Allí vivió durante sus primeros 25 años, hasta que tuvieron que marcharse en busca de una vida mejor, porque en su pueblo, para ellos, ya era casi imposible resistir. Sesenta y tantos años después, Isidora continúa teniendo grabado a fuego en su memoria las experiencias de aquella etapa, a base de seguir recordando casi a diario, en muchos casos antes de conciliar el sueño, algún pasaje de su infancia y juventud especialmente duros. 


Estos recuerdos de Isidora servirán para contar fragmentos de su vida, que son piezas del puzzle de la historia no contada de Las Pedroñeras y sus gentes. Buena parte del texto, está sacada literalmente de las grabaciones llevadas a cabo desde la primavera de 2014, en diversas entrevistas, siendo ella consciente de estar dejando de viva voz, sus experiencias directas, tan lejanas para tantas generaciones que vinieron después. Se trata de hechos significativos que nuestra protagonista vivió y que poca gente conoce ya que nunca se han publicado. 


Fragmento primero

Venían de coger bellota y veréis lo que pasó. 

 “…Y es que fue una injusticia. Porque mira, venían de por bellota… mi madre, la primera que voy a mentar pobrecita mía, se llamaba Wenceslá. Venía mi madre, de la Vaqueriza, que ojo donde está, más allá del río, de por bellota de maraña que se la quedaba para el ganau Marcelo “Mariote” y Mauricio. Esa bellota la compraban los dueños de ganau para que comieran sus ovejas. Las mujeres iban y volvían andando, con un costal para traésela a las costillas. Y venía la Álvara la “Sopita” que no sé si te acordarás tú que estaba casá con uno que se llamaba Francisco que era… hijo de la hermana Gila, si… hermano de FernandoSegovia. Güeno, esa, la Álvara la “Sopita”, mi madre, mi tía Josefa…, cada una con su costal pa la bellota. Y al llegar un poquito antes de la cuesta la Arena, el camión de la guardia civil; y ellas venían, pues así por la orilla así de la carretera la Alberca, y dice mi madre a mi tía Josefa: “apártate que nos llevan estos cabrones por delante”, y la voz se la llevó el viento hasta el camión. Poco más alante la guardia civil ve que venían del campo dos guardas, Fabricio y el hermano Moreno el guarda. Paran y le dice uno de los guardias: “tomarle el nombre a estas que vienen por ahí y cuando lleguen al pueblo que se presenten al cuartel.” 

Y así fue, no se podía desobedecer; entonces era peor. Así que en llegando al pueblo, se fueron al cuartel, con la bellota a cuestas. Y la que habló fue mi madre. Pero mi tía Josefa se echó la culpa ella. Dice “no, si he sío yo la que ha'blao". No, porque sabía… lo que pasaba. Claro, mi madre tenía la pobre… éramos cinco hermanos y ella seis, y tenía mi agüela además, los cuatro de mi tía Guadalupe que se los iban a llevar al auxilio social, al asilo de Cuenca y entonces dijo mi agüela que… que mientras a ella le relumbraran los ojos, que sus hijos al asilo no los llevaban, que si tenía que ir a pedir, o tenía que ir a lo que fuera, que a sus hijos no se los llevaban. Y se echó la culpa mi tía, librando así a mi madre. Y no hacía falta juicio. Del cuartel salía directamente la sentencia. Quince días de arresto en el calabozo. La metieron en la cárcel… sí, en el calabozo del ayuntamiento, abajo del ayuntamiento, ande está ahora el ayuntamiento, en un sótano así, y así al volver con un poyo de piedra, sí… Y pa que no durmiera mi tía sola en la cárcel me iba yo a dormir con ella hasta que… Sí, por decir aquellas palabras mi madre, mi tía cumplió condena, desde el día Jesús hasta el día el Cristo, en plenas fiestas. Catorce días… 

¿Que si nos daban de comer? ¡Huy, darnos de comer! Tenía que ir mi agüela con el pucherete a llevarnos tos los días la comida a las dos. Yo me tiré allí con ella, los quince días. Aquello fue por el año 41 o el 42, aquellos años que siempre se recordaban como los años del hambre. Si no llega a ser por la bellota, aquel año, muchas familias como la nuestra habríamos pasao mucha. Entonces tendría yo… doce o trece años. 

[Continuará....]


2 comentarios:

  1. yo Encarna Pacheco hija de isidora perez araque doy fe de la gran memoria de madre.gracias FABIAN por tu interes
    miles de historias en tiempos de penurias y fatigas
    grabadas en la menoria de familia marcada por la ideas politicas de su padre

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  2. Que nunca se olvide,lo dura y difícil que fue la vida en la posguerra y mas aun para las familias humildes y del bando perdedor.

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