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sábado, 2 de septiembre de 2017

El habla pedroñera: una mina de palabras que no tiene fin


por Fabián Castillo Molina






Lo dije y lo sigo diciendo, en  El habla de las Pedroñeras hay una mina de vida a través de las palabras, por explorar. Quien tenga tiempo y ganas puede empezar a comprobarlo cuando quiera, no tiene fecha de caducidad. En el siguiente enlace

http://angelcarrascosotos.blogspot.com.es/2016/07/en-apoyo-de-el-habla-de-las-pedroneras.html 

puede leerse el texto publicado en apoyo de dicha obra, con unos ejemplos mínimos que solo eran eso, una muestra de las expresiones del lenguaje pedroñero, de las muchísimas que pueden hallarse dentro de sus más de 1.400 páginas. En dicha entrada pueden encontrarse fragmentos escogidos de entradas anteriores en el blog:

Ya ha pasado más de un año desde que publiqué dicha entrada y vuelvo a elegir otras expresiones que incluyen en este caso palabras con la P, y ejemplos que Ángel Carrasco introduce en el diccionario con acierto y que, mezclados en el texto que trabajo, pueden llevarnos a conversaciones y momentos de la vida de las gentes del pueblo de diferentes épocas, edad y condición, capaces de recrear relámpagos de vida.

¡ya puen venir!

–Hoy te toca d’ir al campo. –¿A mí? ¿Ir al campo yo a trabajar? ¿Pero qué dices? ¡Ya puen venir! En eso estaba pensando yo, cabalico. Sabes de sobra que a mí no hay quien me haga de hacer na en el campo, como no sea en San Isidro comeme una paella en su punto, o una caldereta así bien cociná, como saben hacela algunos. No me faltaba ya a mis años na más que eso, coger la mocha y poneme a quitar grama de las olivas del Cerro Ratón, o si no, ir a escardar ajos con las manos, sin guantes, como si no hubiera líquido de ese que echan pa que no salga hierba, sentaícos en su trastor. Si se piensan que lo vi a’cer yo… ¡ya puen venir!

polvisca.

¡Madre mía! ¡Qué polvisca cortando ajos! Aquello no se le veían las manos. Las tijeras se abrían y se cerraban como boca de león, pero a cien, como a cámara rápida, cortando las ricias que no daba tiempo a ver tanto trajín. Una mano abriendo y cerrando las tijeras, mientras la otra, no sé como le daba tiempo a coger la cabeza y colocala a tiempo del tijeretazo, después dale la vuelta boca abajo la cabeza con tos sus dientes, para que le afeitara las barbas, y al final a la caja; pero to eso sin pensar, automáticamente. Eso si no lo ves no lo puedes creer. Ahí si puedes decir que llevaba ¡la polvisca padre! cortando ajos.

Polvisco.

Después bajando los haces de la cina, llevándolos al tajo, desatándolos con brío y dejándolos a pie de obra, uno tras otro sin parar, ¡que no les faltara material! ¡Allí se li’un polvisco!, no había visto cosa igual, ¡ qué polvisco! Ya lo había advertío la mujer, ¡mia tú! si lo sabía de sobra de tos los años, y volvía a repetilo ¡Vais a’rmar un polvisco!, pero y qué ibas a hacer, los ajos había que cortalos, y no despacio. Luego se volcó el botijo y sin danos cuenta ninguno, ¡qué polvisco entre el barro!

Hacer to polvo

 Ya han abierto las bodegas, hogaño más temprano que otros años.
—Dicen que vamos doce a vendimiar.
—Hoy lo hacís to polvo.
—Aique, pos haremos lo que se pueda, ¿qué vamos a hacer?
—De toas maneras luego han dicho que "¿Pa to la noche los vais de fiesta? Hoy lo hacís to polvo".

Arder igual que la pólvora.

Algunas veces se dicen cosas sin pensar que duelen. Hasta maldiciones hay que quien las dice desearía le pasaran a quien van dirigidas:
—“¡ Mia si ardieras igual que la pólvora!”.
Más tarde, ya en frío quien las dijo piensa:
¡Tepaique lo que le he dicho al chiquete, señor mío, con lo que yo lo quiero!

Ponese (algo a alguien) por delante. 

Hay cosas que cuesta mucho asumirlas, afrontarlas, vamos que no quieren hacerse, que parece que es imposible llevarlas adelante:
—Es que me se pone por delante comeme eso.
Otras veces ocurre sin saber por qué razón, no se traga a personas que sin embargo tienen quien la quiera de verdad:
A esa persona no hay quien l’aguante; es que me se pone por delante del to.
También hay tareas sencillas para unos e imposibles para otros, y se manifiestan esas dificultades
—Ea, que me se pone por delante tener que sollar el conejo.
Y como decíamos al empezar esto, hay trabajos inasumibles para unos y deseados por otros:
—Se le pone por delante’l ir al campo y que no va.
 En otras ocasiones, se intenta superar la dificultad pero no se puede:
—Se le puso por delante y, ea, que lo tuvo que dejar.


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