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miércoles, 15 de abril de 2015

Publicar libros sobre Pedroñeras: un negocio redondo (no te lo pienses y haz el tuyo)


Dedicado a los enemigos que a uno le crecen sin pretenderlo

Dado al alto índice de suspicacia que anida en el corazón de algunos paisanos, me veo en la imperiosa necesidad de publicar unas palabras al respecto de este asunto que es el publicar libros en o sobre Las Pedroñeras, eso que algunos entienden como un negocio de la leche, una inversión segura, de un lucro que ni te cuento. Me explicaré por extenso para dar entera noticia de cómo va esto. Escuchad.

Hace tan solo unos años no había nada publicado sobre nuestro pueblo. Cuando uno dice nada quiere decir muy poco. Era algo incomprensible: un pueblo con 800 años de historia y sobre el cual nadie se había dignado por estudiar alguna faceta relacionada con su cultura, con su historia, con su gente, con su geografía... Nada había, o casi nada, ya digo, ni siquiera sobre sus ajos. Nada al menos reciente, moderno; nada en formato libro. 



Existían obras (literarias o no) escritas por paisanos nuestros, la mayoría olvidadas, y de algunas he hablado yo y tengo incluso en casa porque he procurado hacerme con ellas a través de librerías de viejo. Me refiero a obras de Julián Escudero Picazo, de Francisco Marcos Pelayo, de Asunción de Cea Bermúdez, de Juliana Izquierdo Moya... en fin, poco más. Por supuesto, también pueden espigarse (más aún ahora con las posibilidades que ofrece Internet) un buen puñado de artículos salidos también de la pluma de pedroñeros o que hacen referencia a nuestro pueblo centrándose en determinados aspectos que tienen que ver con sus tradiciones o el ajo, por ejemplo. Mucho ha hecho por la divulgación de nuestro pueblo, y desde hace muchos años, Mª Carmen Izquierdo Pulido. Y, en fin, otros nombres podrían añadirse.



Pero libros no había. No los había que estudiasen en profundidad determinados temas o aspectos relacionados con nuestro querido Lugar. Miguel Ángel Díaz, nuestro médico, abrió de alguna manera el melón de tales estudios con ese libro del año 88 titulado Nivel de salud de Las Pedroñeras. De alguna manera fue pionero. Y luego llegaron otros de Felipe Malina o los míos que ya conocéis de sobra. Hubo también los que se afanaron en publicar sus producciones literarias, y me vienen ahora a la cabeza los libros de poemas de Marcelina López (Aromas de la Mancha), Fabián Castillo (Al pueblo) o Fernando Buedo (Poemas inspirados...). Recientemente hemos tenido otras publicaciones de esta naturaleza de la mano de Daniel Salamanca (ya con una larga trayectoria), Teresa Pacheco, Shiva CastellanosJavier Buedo. Seguro que me dejo algunos nombres en el tintero. Perdonadme.



Esto, amigos, es riqueza. Riqueza cultural me refiero, y en el buen sentido de la palabra, que ya sabéis la de patadas que ha recibido y sigue recibiendo esta palabra, cultura, que nació inocente la pobre y poco a poco, maltratada por determinada política, ha acabado en el estercolero lingüístico en que se amontonan esas palabras socavadas, vilipendiadas y violadas por los que las tienen a menudo en su boca sin entender de qué hablan y de vez en cuando las escupen para sonrojo de muchos ciudadanos de a pie (no digo ya de aquellos que la sienten, la cultura, de verdad y encima la practican de manera entusiasta).




Son muy pocos los que manifiestan abiertamente lo que sienten ante esta "avalancha" (piensan los pobres) de publicaciones en nuestro pueblo. Porque sí, podríamos pensar que son demasiados libros, pues hemos pasado de la nada al mucho (decir "al todo" sería muy pretencioso). Y esto a algunos los abruma. Alguno de estos del morro torcido podría tildarlo de publicacionitis por decirlo en términos médicos dado que los hay que entienden esto como una especie de úlcera del sistema, de almorrana de la sociedad. Suelen ser los que practican un conocido deporte nacional que fortalece los músculos de la idiocia.

De todas formas, ya sabéis que la mayoría (silenciosa) esto ni se lo plantea. Porque, no nos engañemos, el mundo de los libros en nuestro pueblo es algo totalmente marginal. La mayoría no lee y desde luego prefiere gastarse sus ahorros en el bar o en otras cosas de mayor enjundia que un libro. No lo critico, que conste, que cada uno es libre de dilapidar sus haberes monetarios en lo que se le antoje. Esto no impide que al mismo tiempo aconseje, como afición enriquecedora y gustosa, el leer, sobre nuestro pueblo o sobre lo que sea; pero que la ventana de la lectura se muestre siempre cerrada a la vida de una persona creo que es perderse mucho en esta nuestra corta existencia. Allá cada cual, no obstante, que siempre se le suponen prebendas a uno cuando estas cosas defiende.



Lo que quiero decir es que esto de hacer libros (entiéndase de escribirlos y luego publicarlos) no (repito: NO) es ningún tipo de negocio. El que se plantee esto como una manera de ganarse el pan ya puede darse por jodido. Lo siento. Y lo siento sobre todo por los que piensan que sí lo es. Están en su derecho de pensarlo. Pero me temo que la razón no los asiste. O, más bien, la realidad. O al menos la realidad que yo he vivido. Y mirad que sería legítimo, entiendo yo, plantearse este trabajo como un oficio con que uno pudiese mantener a su familia. 

Desde luego estos trabajos de investigación -y hablo ahora por mí- llevan un trabajo ingente, impensable para alguien ajeno a este mundo. Desde luego más de lo que se figuran los suspicaces. Suspicaces por otro lado que seguro que no serían capaces, en la mayoría de los casos, de escribir ni una docena de folios con solvencia o soltura. Pero esto es harina de otro costal. La suspicacia nace casi siempre de la ignorancia. Nadie suspicaz, receloso, desconfiado, mal pensado (me resisto a emplear la palabra "envidioso")... por naturaleza puede ser feliz ni a ratos. Y lo peor es que esa tiesa personalidad solo provoca el malestar de los que los rodean. Huid de los siesos, "morrocotudos" y estirados, nunca aportan nada y recelan de la felicidad de los demás (sobre todo de esas felicidad que nace de las películas que ellos solos se montan).



Os podría contar algunas películas, discrepantes lectores. Mirad, el primer libro que yo publiqué fue, ya lo sabéis, El habla de Las Pedroñeras. Bien, me llevó unos 10 años completarlo (recoger la información, contrastarla, estudiarla, redactar, maquetar y publicar). ¿Horas? Yo qué sé. Ya llevo mucho tiempo en que esto no me preocupa, más allá de que el resultado sea al menos aceptable dentro de las posibilidades y capacidad que uno pueda desarrollar. El libro lo dejé en el Ayuntamiento y este lo publicó (esto daría para otra peli). Se hicieron 1.000 ejemplares. La edición se agotó. Y uno recibió parabienes y 13 libros GRATIS que uno repartió entre sus familiares. ¿Es esto un negocio? Pues quien quiera ya puede ir arreándole. Pero fijaos que era tanta la alegría que creció en mí al ver un libro mío publicado que recibía palabras amables de mis paisanos que esto me empujó a redactar otros. El dinero proporciona siempre felicidad (o algo muy parecido). Yo esa felicidad la recibí por otra vía. Quiero decir que el resultado era el mismo. ¿Para qué el dinero si uno ya tenía lo que buscaba, si uno era feliz con ese libro entre las manos?



Del resto de mis libros podría contar historias semejantes. Es más, de algunos la mitad de la edición aún la tengo en cajas metida y ya sabéis que siempre os hago el regalo de alguno de ellos cuando me visitáis en casa para hacer alguna adquisición. Como los hijos, los libros unas veces te dan satisfacciones y otras pequeños disgustos. Los que se venden bien y uno saca al menos para los gastos de impresión, pues miel sobre hojuelas; los que se quedan en las cajas y tardan más en salir pues qué le vamos a hacer, se les perdona y se les quiere "igual". Supongo que este "secreto" (a voces) de que uno no solo no se haga millonario con los libros sino que apenas saque para pagar los gastos será para los siesos el súmum de su felicidad. Hay quien disfruta con las desgracias ajenas. Siento deciros que para mí no lo son, porque la ilusión que uno pone en estos trabajos vale más que todo el oro del mundo, y por supuesto mucho más que las risotadas melladas que nacen de la incultura o la mala fe.



Si con algún libro he sacado algún beneficio, pido perdón, pero sabed que el mayor beneficio para mí es que una publicación mía guste y que, si se trata de un estudio, este quede para el pueblo, para que a nuestros estudiantes interesados en nuestro pueblo les sirvan como base para sus trabajos, para que nuestros nietos y los nietos de estos tengan una imagen de cómo fue nuestro pueblo en un tiempo, para que una parte de nuestra memoria colectiva no se pierda y quede recogida en esos libros. Y cuando termine los proyectos abiertos que llevo en rueda, lo dejaré. Sobre todo porque ya habré acumulado no dinero con el que retirarme a pasar mi vejez en Honolulu, pero sí amigos con los mismos intereses que yo; y habré dejado -y lo digo con humildad- un legado, ni más ni menos que lo que a uno le gustaría que ya hubiese estado escrito cuando nació en este pueblo y nadie se molestó en realizar. 

Ese es el lucro, el beneficio que uno saca. Un pago con el que uno se siente satisfecho. Y ese sí que puedo entender que cause envidia. Pero lo otro, olvidadlo. Escribir libros no es un negocio. Escribir libros es un bendito sacrificio.

[P. D. Espero que nadie en particular se dé por aludido con este artículo]. 

Ángel Carrasco Sotos

3 comentarios:

  1. Ángel, lo que tú haces no sólo es necesario para conservar y poner en valor el patrimonio cultural de Las Pedroñeras y La Mancha conquense, es que además está bien hecho: tiene rigor, profundidad y vocación de perdurar. Que no te desanime la indiferencia de alguna gente, y recuerda lo que le dijo Varys a Tyrion Lannister tras la batalla del Aguasnegras, en "Juego de Tronos":

    "There are many who know that without you this city faced certain defeat. The king won´t give you any honors, the histories won´t mention you... but we will not forget".

    Salud!
    D.M.

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  2. Hasta hace bien poco no tuve la honorable y envidiosa posibilidad de conocerte, y de que me abrieras las puertas de tu casa. Un poco más y me llevas al corral ; menos mal que tenía prisa, sino....
    Pues mire usted por donde soy de los que la relación con los escritores no la llevo muy bien. Hasta que, como digo en el artículo que he colgado en Facebook, y que tú ya has leído (por cierto, gracias por tu comentario), "me he quitado el velo..." (que es como "salir del armario...", pero en el terreno intelectual y artístico. Expresión de la cual me enorgullece aunque no se use (no soy pretencioso, pero si creativo, y como bien dices entre líneas, el creador con lo que más a gusto se siente y se alimenta espiritualmente no es con los euros que gana, sino con los amigos que le salen (porque esos no son interesados, sino motivados, bien nacidos y agradecidos por la buena práctica socio-sanitaria-intelectual de la investigación y la escritura).
    Como digo : "Me he quitado el velo", y he comenzado a descubrir mi faceta oral, a la que por desgracia muchos tenemos miedo porque vemos a otros que nos superan y nos achantamos. No. Podría decir que esto me llega un poco tarde. Pero....no amigos. "Nunca es tarde si la picha es buena" (perdón : quise decir "dicha". Últimamente, tanta lectura me hace desvariar).
    Agradezco haber conocido a Angel. Como en su día agradecí (a escondidas) haber conocido a Felipe Molina (un "clásico" en mi casa, puesto que mi hermano y él son amigos intimísimos, desde pequeños, conservando aún la amistad, gracias a la cual he podido conocer al otro Felipe Molina). El conocer a estos dos personajes, más haber descubierto a Mª Teresa Pacheco, otra clásica en mi vida por la relación de amistad que nos unía, como amiga de mi hermana y vecina de mi abuelo, y todos de edades en la franja en la que me muevo yo,...pues como digo, para no perderme, he comenzado a dar ese pequeño paso hacia el mundo de la escritura. Y como bien dices, y que se entere to quisque, no por lo que vaya a ganar en cuartos, sino en quintos y quintas, y menos quintos y quintas, y quizá más en desarrollo personal, que a la final es lo que cuenta. Y no saben ustedes lo que se pierden cuando tiran los libros a la basura. O cuando deciden poner apellidos raros a quien desarrolla su creatividad ("pos qué se habrá creído el somarro este", por ejemplo).
    Angel, espero seguir en contacto contigo e incluso poder desarrollar nuestra creatividad juntos, incluso con Tere, por la parte musical que "me toca". Porque, por si no lo saben, yo también tengo dos publicaciones de la Diputación de Cuenca, sobre transcripciones musicales de canciones populares. ¡¡Aahhhh....; sorpresa!!!

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    1. Pues nada, Fernando, otro escritor pedroñero más en la sombra. Otro nombre que sumar a ese suma y sigue que, de seguro, aumentará con los años. Desde luego hay buena parva de historiadores pedroñeros en la universidad y todos esperamos que dediquen parte de su vida al estudio de la historia de su pueblo. ¡Hay tantas facetas en las que clavar el pico! ¡Tanto tesoro por descubrir! Solo falta, quizá, un número mayor de gente con interés por esos tesoros que encierra nuestra historia, nuestro patrimonio artístico y arqueológico, nuestra cultura popular... en fin. Feliz también yo de haberte conocido, Fernando. Para cualquier cosa, ya sabes dónde encontrarme. Un saludo.

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