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lunes, 16 de junio de 2014

Rollos y picotas (Belmonte)

Rollo de Belmonte
por Miguel Ángel Vellisco Bueno





Los rollos o picotas y las horcas eran símbolos del poder de jurisdicción de las villas “con jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio en primera instancia” y servían para castigar a los delincuentes. Eran concedidos por el rey cuando la población se convertía en villa.

La picota era un instrumento para aplicación de la justicia, en el caso de los delitos menores. Estaba dentro de las poblaciones y consistía en una columna anclada al suelo, donde se ataba y se aplicaban las penas menores a los ajusticiados, solían ser de madera; normalmente se construía en los mercados, donde las gentes les podía tirar fruta podrida, inmundicias y piedras a los reos. 


En un principio el rollo era solamente un símbolo jurisdicción señorial de las villas, formado de un pilar cilíndrico de piedra. 

A partir del siglo XVI, las palabra rollo y picota pasaron a designar lo mismo.

La aplicación de la justicia menor comenzaba por avergonzar al reo paseándolo por la población, precedido del pregonero de la villa acompañado de ruido de trompetas, con la intención de atraer al mayor número de vecinos posibles, realizando un recorrido establecido desde la cárcel hasta la picota donde se le ataba hasta cumplir la pena impuesta. Por norma general allí se azotaba a los reos dependiendo de la sentencia impuesta por los jueces correspondientes, podía oscilar entre 100 ó 400 golpes, administrados por los alguaciles. En ocasiones se llegaba a la mutilación del condenado. 


La horca era un instrumento de aplicación de la justicia mayor. Estaba formada por tres palos, dos largueros y crucero y situada fuera de las poblaciones, en el camino de acceso principal de las mismas ó en un alto para que fuese perfectamente visible. 

Morir en la horca era la mayor afrenta que se le podía infringir no solo al reo sino también para la familia del mismo, que quedaba marcada. A los nobles sin embargo se les imponía la pena por decapitación. 

Por Decreto de 26 de mayo de 1813, los rollos y las horcas fueron abolidos, y se ordenó su destrucción, por considerarlos símbolos de vasallaje. Algunas rollos fueron cristianizados colocándoles una cruz de hierro encima. 

María Cristina, reina regente, por Decreto de 25 de enero de 1835, volvió a confirmar el Decreto anterior, en 1868 y en 1931 con la II República, también fueron demolidos gran cantidad de ellos. Otros muchos fueron trasladados de lugar. 

El 14 de marzo de 1963, por Decreto 51/1963, los rollos son declarados monumentos de interés artístico. 

En Belmonte la calle del Rollo cruzaba la plaza del Almudí, aunque más bien habría que decir que era la calle de la “Picota”, ya que la columna que se encuentra en la barbacana del atrio de la Colegiata, por sus características, es muy posible que pudiera haber sido el antiguo “Rollo” de la villa.

Rollo de Villaescusa de Haro

©Miguel Ángel Vellisco Bueno

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