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sábado, 20 de julio de 2013

Labores en el cultivo del ajo en Pedroñeras - Preparación de la tierra



Quisiera hablar aquí de las formas tradicional y actual de llevar a cabo el cultivo y transformación del ajo en Las Pedroñeras. Cuando hablo de la “forma tradicional”, me baso en la información que poseo sobre el cultivo en los años de posguerra, en los que no se hace otra cosa sino repetir sin cambios los trabajos que en tiempos anteriores se realizaban. Pongamos atención, porque –como es sabido– las diferencias son muchas con respecto al modo actual de cultivo y tratamiento.

[Este texto está extraído de mi Jardín de curiosidades sobre el ajo (aún a la venta), en donde se añaden numerosas notas a pie de página en explicación del vocabulario dialectal y jergal aquí empleado].


Empezaremos diciendo que los ajos siempre se sembraban de secano y, eso sí, siempre en tierras buenas y no alejadas del pueblo. Era habitual ver sembradas de ajos aquellas tierras cercanas al río, como también los parajes de El Andrés, Las Hoyuelas, El Vadillo, el Monte Raso, el Nacimiento, en fin, la tierra llamada de vega. Tampoco se sembraban tantos ajos como hoy en día, aunque ya tuviese fama el pueblo de ello desde principios del siglo XIX al menos, pues las familias apenas ponían un almud o fanega, es decir, entre cien y doscientas horcas. Hay que decir que antes se medía "por horcas", entendiéndose por horca la cantidad de cuatro manojos de veintiuna cabezas (veinte más el ajo con el que se quedaba atado). Ya llegaremos a ello. 


Rafael Ramírez (foto cedida por Agustina Ramírez)


Preparación de la tierra

Lo primero que se hacía era preparar la tierra para la siembra, normalmente con arao común . Pero podía emplearse también el de vertedera si se labraba de otoño o en tierra arenosa de invierno, para evitar que la tierra se pegase a la cuchilla y, en consecuencia, no quedase buena labor. Detrás del padre, que era quien iba tras las mulas agarrado al puño de la esteva del arado, era corriente ver al hijo, cogiendo el rastrojo y la grama para hacer luego con todo ello un montón y pegarle fuego. La tierra así quedaba esponjosa, limpia y arada. 

Antes de poner los ajos, es decir, de sembrarlos, se abonaba la tierra con abono llamado Súper (abreviatura de superfosfato, de color cenizoso), que se compraba en Villarrobledo, donde se acudía con los carros y galeras a la estación de tren a recogerlo y cargarlo a granel. El abono se lanzaba sobre la tierra a puño (a puñados), de la misma manera que se sembraba el cereal, de modo que el que lo iba tirando trataba de distribuirlo de la manera más regular posible, sobre una franja de 10 o 12 metros de ancha en cada vuelta. Huelga decir que en fechas anteriores este abonado se realizaría con basura

Hoy en día la tierra se suele arar varias veces antes de la siembra, con un intervalo de unos veinte días entre arada y arada (todo esto es variable según condiciones), siendo que, antes de dar la última, se abona la tierra (con abonadora, naturalmente) para que ésta reciba el primer alimento que los dientes necesitarán para ese primer empujón en su desarrollo.

©Ángel Carrasco Sotos

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