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sábado, 8 de diciembre de 2012

Quinta del 51 de Las Pedroñeras - Discurso leído por Fabián Castillo Molina

Los que nacimos en el 51 

                 


por Fabián Castillo Molina

Hoy, 14 de agosto de 2011, celebramos algo nuevo; algo que nunca hemos hecho en los sesenta años de nuestras vidas: La cena de los que nacimos en el 51. Gran parte de los aquí presentes fuimos concebidos en 1950. Todos nacimos un año después de mediados el siglo XX, pero nuestro embrión (de los que nacimos antes del 30 de septiembre) inició su andadura justo a mediados del siglo pasado; así que podemos decir: hemos vivido medio siglo pasado y una década del siglo XXI. El resto de nuestros quintos, pertenecen por entero al año 51 y gran parte de los nacidos en el 52 también empezaron a vivir en el 51.

Vaya por delante en primer lugar, el homenaje y el recuerdo a nuestras madres, esas mujeres que nos llevaron en su seno y nos trajeron al mundo en Las Pedroñeras con tanta ilusión, esperanza y amor, como aquellas del núcleo más rico de la sociedad, que no sabían nada de privaciones ni miserias. También queremos recordar a nuestros padres, que participaron en nuestra creación con su semilla, y con su amor; ellos fueron sin duda la otra parte imprescindible para hacer realidad nuestra vida. Por lo demás, también ellos estaban ilusionados con nuestro nacimiento, aunque supusiera sin duda un motivo nuevo de preocupación, una boca más que alimentar, en aquel año en el que todavía estaba en vigor la cartilla de racionamiento. Nuestros padres tenían bien reciente en el recuerdo los tres años de guerra civil por haberla padecido, y todavía estaban inmersos en lo que dicen que fue peor, la posguerra. Quiero recordar también a todos los que nacieron el mismo año que nosotros, pero dejaron este mundo siendo todavía jóvenes (siete adultos), y doce más, que fueron al cementerio en lo que se conocía como enterrillos.


Quiero dedicar también una mención especial, a los que no habiendo nacido en Pedroñeras, se incorporaron al censo y a la vida activa de nuestro querido pueblo y comparten con nosotros la quinta del 51. 

Hemos sido una generación que ha tenido la suerte de vivir uno de los periodos de paz más largos de la historia de España, y por tanto, hemos asistido a cambios impensables en aquel tiempo. Tampoco fue, ni es fácil nuestra vida. Somos la generación bisagra que vivió la infancia a las órdenes de los padres, bajo una dictadura, y después participamos en el cambio hacia la libertad y la democracia con ilusión y con ansia de que nuestros hijos tuvieran una educación y una vida mejor. Además, muchos tuvimos que convertirnos en inmigrantes o emigrantes, buscando un mejor medio de vida. No sabíamos y nadie sabe hasta que lo vive, lo duro que es alejarse de sus raíces, dejar de ver lo que más se quiere, para ir poco a poco intentando enraizarse en otra tierra y con otras gentes, y lo que es arrastrar el resto de la vida el viaje continuo de la ciudad al pueblo y del pueblo a la ciudad, y de vez en cuando sentirse forastero en todas partes.



Pero aquí estamos para celebrar nuestros sesenta años de vida y recordar buenos momentos. Todos recordamos la infancia con la escuela de párvulos (o los culones) en la plaza, con su famoso camarón, las de la carretera y las de Paquillo; con sus maestros y maestras: Doña Alicia Gómez Jareño, natural de Pedroñeras y actualmente en proceso de beatificación; Doña Pepita; Don Aurelio con sus gafas y su chocolate siempre en el cajón; Don Pablo (el de la Antona), fino, pálido y serio; Don Jesús, con su bigote, (practicante, alcalde y maestro, no era de los peores); Don Ajérico, que tiraba de las patillas y usaba la palmeta para golpear más de la cuenta; Don Mariano, que como maestro tampoco era malo, pero dejó mal rastro por la cooperativa; D. Francisco que tampoco dejó muy buen rastrojo; D. Andrés, el único maestro de chicos que, al ausentarse algunas maestras, él las sustituía y enseñaba canciones de misa a las chicas, porque según decían, había "estudiao pa cura", y se había salido antes de profesar. Las maestras "de las chiquetas", como Doña Elena; Doña Carmen; Doña Choni Mialdea, que era de Cuenca y repartía estampas con frecuencia; Doña Asunción que solía madrugar tarde y llegaba a las once y media a la escuela; Doña Aurora, que se comía provocadoramente en plena hora de clase, unos bocadillos impresionantes de chorizo. Y otros muchos maestros que conocimos no solo de la escuela. Los maestros nocturnos, los que se decía que daban lección. A estos se les quitaba el don: Julito, Víctor, Julio Dimas, Palote, Acotá, Román el legionario, Andrés Dominguillo... A ellos nos enviaban nuestros padres para aprender las cuatro reglas y suplir nuestra salida tan temprana de la escuela por ir a ganar el jornal o ayudar en la casa. 

Alicia Gómez Jareño

Un apartado que recuerdo con agrado es el de los músicos y los tipos de música de entonces. La banda municipal y sus numerosos viajes a las fallas de Valencia, y a muchos pueblos donde eran recibidos como la alegría de la fiesta. De la banda El Iris, recordamos las intervenciones en el quiosco de la plaza del ayuntamiento. Sus dianas floreadas y pasacalles en tiempo de funciones, su entrada y vuelta al ruedo en la plaza de toros tocando el pasodoble que más nos gustaba, o sus marchas fúnebres en las procesiones de Semana Santa, siempre detrás de nuestra patrona, la Reina de los Ángeles. La banda de música había tenido a lo largo del tiempo muchas vicisitudes y cambios, desde sus inicios con el Maestro Ortega, había sido escuela de músicos, madre de las charangas y de tambores y cornetas. Y en cierto modo, también de Raíces Manchegas y de la Coral. Sin duda, del tronco de la banda, se crearon los grupos musicales y orquestas como Los Tiburones, los Últimos Reyes, Los Príncipes Azules, Los Lirios... varios de sus componentes son quintos nuestros, como Angel Iniesta (desgraciadamente fallecido), Lázaro, Olmo, Juanjo, Lalo, Teodosio, Ramón... ellos pueden hablar mucho mejor que yo de este apartado.



Y después de la escuela, ¡Cuántos trabajos con los ajos! y con los acarreos de la mies, y la era; la vendimia, las medias noches en la bodega; los azafranales; la siembra... y esos remolques llenos de gente harta de trabajar, y sin embargo alegres, cantando al volver al lugar. Pero son los ajos el motor de este pueblo. Desde las noches de esgorolle, hasta ponerlos con la rebaba que deja el hielo al deshacerse y las manos helás hasta no poder hacer el huevecillo. Luego escardando, rascándoles la panza, espalotando, y la recolección: Los tajones, recogiendo a destajo antes de que volviera la yunta, y haciendo los manojos, sacudiendo la tierra pegada a las barbas por estar cargada de los últimos aguceros. Atando haces y echándolos al remolque o a la caja del camión del hermano Flores después de hartos de trabajar, con el calorazo, entre la polvisca, sudando a chorros. Después, a veces, tapando las cinas con lonas para que no se mojen porque la tormenta amenaza y si les llueve, luego hay que darles muchas vueltas para que no se enciendan, y se les pudra la ricia y ya no se puedan ya hacer horcas. Luego cortar cabezas y las barbas con la tijeras puntiagudas a toda velocidad, a pleno sol; tantas cajas cortes, tanto ganas. Finalmente a la cooperativa a ver a cuanto los pagan luego. 



La distracciones mayores en aquellos años cincuenta y sesenta, aparte del fútbol, los toros y el boxeo, era el paseo de la báscula hasta el Pepito y pretender acompañar a las chiquetas, o “arrancarse” con ellas y recibir por el atrevimiento algún bolsazo o tortazo. Todavía oigo los acordes de prueba de la orquesta de turno, y veo en la pista de baile el ambiente junto a la piscina del Pepito. Y El cine, la ilusión de "ir a ver qué película echan" y ver las carteleras, y luego, tantas veces largas colas para sacar las entradas y los policías, para poner orden en la fila, estacazos en la aglomeración, tratando a las personas sin miramiento, como si fuéramos borregos. Para nosotros era el cine la única ventana abierta al mundo, a pesar de la censura. Era la forma de evasión más extendida entre los jóvenes. ¡Los buenos ratos que pasaríamos! o pasarían las parejas en la parte de abajo, en las llamadas filas de los mancos, y arriba, en el gallinero, la chiquillería y el pataleo y silbidos con los cortes o con la llegada del bueno o el valiente en el último instante. 



Los de nuestra generación pasamos mucho tiempo hasta que pudimos disfrutar de la televisión. Poca gente tenía un tocadiscos. La radio era lo más extendido y luego el transistor. Recordad el primer disco que pusimos y escuchamos nerviosos, y la primera televisión que vimos funcionar en un escaparate o en nuestras casas, en blanco y negro, con numerosas rayas y puntos y nieblas atravesando la pantalla. Con dos únicas emisoras emitiendo solo por la tarde y hasta las doce de la noche como mucho: La primera cadena y el UHF, que así era como se conocían. 



Y ahora, para terminar, como curiosidad citaré al más viejo de la quinta, Julián López Pacheco, que nació el uno de enero; al más joven, Marcos Cabeza Moreno que entró en esta vida el 31 de diciembre y felicitar a Inés Redondo Llanos que hoy cumple los 60. Y ya con vuestro permiso haré un rápido repaso de casi todos los que nacimos en el 51, a través de la forma más popular por la que se conoce a la gente en el pueblo, por su apodo. No los diré por orden alfabético ni cronológico, lo haré siguiendo el criterio de grupos relacionados, o próximos por distintos motivos, como ya hice en otras ocasiones. Los he sacado de las relaciones facilitadas por Concha y Agustín Calvo, que a su vez los consiguieron del Registro Civil, y la lista que me envió manuscrita, Antonio Castillo, perteneciente al registro parroquial. 

Si alguno al sentirse nombrado quiere levantar la mano o decir algo, que lo haga: 

* Nombres únicos o singulares en el pueblo 

Lázaro, David, José Manuel, Sansona, Teodosio, Paciano, Wenceslao, Fabio, Simón y Darío. * Apellidos convertidos en sobrenombre Pérez, Dimas, Azaña, Gabaldón y Moya. 

* El cuerpo humano: De cintura y de cabeza 

Cabezón, La pel y Cofia . El Mire, El Tuerto Sotos, Narpias y Dientes. Pancilla, y Caquito, 

* Oficios y profesiones 

Huevero, Herrero, Carambelero, Zapatero,Garbancero, Peluquero, Valero, Peón caminero, Garrotero, Cabrera, Pilas, Policia, Zapaterilla y Molineta. 

* Del campo, para el campo, o para la siembra: 

Campos, Palote, Basura, Botitos, Miravillas, Arauz, Guarda, Botija, Virgola, Chaperra, Parra, Parranda, Casca, Cobolleja, Guardeja, Corrate, Roque y Hachazo. 

* Comida, postre y utensilios relacionados 

Talega, Cucharona, Sopas, Sopito, Chusquina, Gachón, Hueva, Sardina, Melares, Cuatro onzas y Colilla. 

* De procedencia 

Villalta, Mota, Salamanca, Carolina, China, Marciana, Solera y El Bonillero. 

* Colores y favorecidos 

Magín, Magina, Moreno y Rosauro. 

* Diminutivos 

Juanillo, Santanillo, La Nena y Mone. 

* Armas y munición 

Pistolo y Balas. 

* Del reino animal o zoología 

El Oso, Liebre, Rata, Ratón, Topeta, Grulla, Pollo, Pio, Pájara, Pájaro, Lardilla, Morceguil y Mosquito. 

* De difícil clasificación o significado dudoso 

Sanantona, Viudeta, Faquiñas, Cachucha, Caloras, Gandúa, Patiña, Rebaila, Mingota, Parroquia, Pinela, Malena, Pelegrina, Malteja,Tisnaja. Pique y Peneque. Puchí y Mongay. Perulo, Rufo, Voltrios, Hueco, Pesillo y Blasico. 

Y eso es todo, que me perdone alguno si no le gusta estar ahí. Si quiere apartarse de la lista no tiene más que avisar. Muchas gracias por vuestra atención, y también se las doy al apoyo y colaboración de Antonio Castillo Castillo, Ramón Izquierdo Gómez y María Rosa Ramírez por sus comentarios y recomendaciones.


Las Pedroñeras, 14 de agosto de 2011 
©Fabián Castillo Molina

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